Antártida

Antártida Argentina
 

Flora

La flora que crecen en la Antártida presentan una adaptación al medio tras un largo periodo de tiempo. Las especies antárticas se limitan a algunas plantas con flores- dos especies-, hongos, líquenes, musgos y algas. De todas ellas, los líquenes son el grupo que mejor se ha adaptado al rigor del clima. La vegetación se distribuye desde zonas cercanas al propio Polo hasta las Islas Subantárticas. En los lugares mas inhóspitos, como son las proximidades del Polo Sur, consiguen emerger en los picos sin hielo llamados "nunatak" . Muchos de estos organismos son tan simples como las algas; otros más complejos como los líquenes, musgos, hongos y hepáticas; pero existen otros muchos muy primitivos como las bacterias.
En el mar que circunda el Antártico existe una gran diversidad de algas marinas, algunas de enormes foliolos de 30 metros de largo y algo más de medio metro de ancho, así como algas microscópicas.

Como ya se dijo la flora antártica está liderada por el grupo de los líquenes, muy adaptados al clima antártico, que los hizo sumamente resistentes y capaces de sobrevivir en condiciones extremas. Sus organismos están constituidos por un hongo y un alga- que suele ser unicelular- unidas simbióticamente. El hongo le permite mantener la hidratación y protegerse de las condiciones desfavorables, mientras que el alga le dota de un hidrato de carbono sintetizado que utiliza como alimento.

En la Antártida las únicas plantas fanerógamas que se conocen son el pasto antártico (Deschampsia antartica), y la hierva (Colobanthus quitensis) y se suelen encontrar entre los musgos y en zonas muy protegidas .El pasto antártico crece solamente en lugares protegido de los vientos, por esa razón forman pequeñas áreas diseminadas o aisladas. En los lugares donde el viento le permite crecer libremente crean verdes y llamativos prados. El clavelito antártico, en cambiosi bien busca guarecerse del viento tiene una gran necesidad de humedad, por ello los deshielos primaverales y son los adecuados para su crecimiento y floración. Ambas especies fanerógamas se distribuyen casi exclusivamente por la Península Antártica e islas adyacentes.

Holdgate (1967) ha hecho una división fitogeográfica antártica distinguiendo dos áreas : una la denomina Antártica Marítima y la otra Antártica Continental. La primera abarca las costa occidental de la Península Antártica e islas próximas, las islas Orcadas del Sur y las Shetland del Sur y la otra fitorregión es la que ocupa el resto del Continente Antártico. La primera de las regiones, según el mencionado autor, posee vegetación predominante de briófitas y de líquenes, en tanto que la segunda región se distingue por poseer formaciones dispersas de líquenes con mucha menor proporción de musgos.

Los musgos se desarrollan generalmente durante el verano antártico. De las especies que se han descrito una pequeña parte son microscópicas que se desarrollan entre los musgos. Algunos hongos conocidos son la Galerina antarctica y la Omphalina antarctica.
Además de los musgos hay otro grupo de Briófitas – plantas sin elementos vasculares- que son las llamadas hepáticas, que forman parte de esa extensa división de plantas que incluyen más de 20.000 especies en todo el mundo. En la Antártida se conocen unas 75 especies entre musgos gametófitos y hepáticas. Las hepáticas no son plantas tan abundantes como los musgos y en la Antártida se conocen unos 9 géneros; algunas de ellas son la Barbilophozia, Cephaloziella, Merchantia, Metzgeria o la Riccardia. No son tan llamativas como los musgos aunque muchas pueden desarrollarse entre ellos.
Existen tipos de algas que se han especializado en vivir fuera de los medios acuáticos, aunque siempre con condiciones ideales de humedad, como la Prasolia crispa, muy frecuente sobre las rocas donde anidan las aves por los nutrientes que encuentran en esas zonas. En la Antártida se conocen algunas especies terrestres de algas verdes y verde-azuladas o cianófitas. Estas algas pueden ser unicelulares (móviles o sésiles) o pluricelulares (sésiles), pasando por formas coloniales (sésiles). Las algas verdes se reproducen vegetativamente por división celular y fragmentación; por esporas y zoosporas (axesual), y por conjugación uniendo dos células sexuales llamadas gametos. Otro género de alga terrestre clorofita es por ejemplo el ulothrix.

Hay un grupo de algas terrestres que viven entre la nieve y el hielo, Durante la primavera y verano antártico pueden verse formando manchas verdosas, amarillentas o rojizas. Son organismos microscópicos llamados Crioseston, que tienen la capacidad de vivir entre los intersticios de los cristales de hielo o sobre la propia nieve, aprovechando la escasa radiación solar que se produce en esas estaciones. Tambien hay abundantes algas diatomeas, dinoflagelados, cianófitas, clorófitas, feófitas y rodófitas. Las algas de aguas continentales son organismos planctónicos como las diatomeas, y bentónicos o de los fondos como las cianófitas. Se conocen aproximadamente un centenar de especies de diatomeas localizadas en aguas antárticas y subantárticas. Durante el verano quedan sueltas en el océano por efecto del deshielo, y muchas permanecen unidas a los témpanos, que las van soltando lentamente mientras sus extremos inferiores son erosionados por el agua marina. Una vez libres en el agua llegan a ser un importante alimento de la cadena trófica, en particular para el krill, este crustáceo es la alimentación principal para muchas ballenas, focas y pingüinos .El ecosistema antártico depende en gran medida de esta alga microscópica.

Investigación y Textos: Gabriel O. Rodriguez


Vivir con clorofila
Antártida. Las Leyes entre las costas y el mar
Santiago G. de la Vega

En las tierras libres de hielo

Sin consideramos la escasa vegetación terrestre antártica, ¿qué grupo resta en mejores condiciones de hacer fotosíntesis, crecer, y reproducirse con las bajas temperaturas y reducidos niveles de luz y humedad, soportando además los grandes cambios entre estaciones?

Los líquenes, parece ser la respuesta. Más de 150 especies se han registrado, dominando en las costas libres de hielo del oeste de la Península Antártica y en los archipiélagos subantárticos. Sus tonos anaranjados, amarillos, verdes, negros y blancos y sus diversas formas de crecimiento los destacan en ambientes rocosos libres de hielo. Los líquenes resultan de los simbiosis (relación de mútuo beneficio) entre ciertas algas y hongos, una de las más ajustadas relaciones que se conocen. En la mayoría de los casos el hongo tiene más desarrollo y es más complejo en su estructura que el alga y produce los órganos reproductivos. No tienen capacidad de almacenar agua, dependiendo en la Antártida del derretimiento de la nieve, de las escasas lluvias -si las hay-, de las neblinas, la humedad ambiente o las salpicaduras del mar. Aunque llegan a resistir la desecación en estado latente durante largos períodos.

Se sabe que algunos fotosintetizan a temperaturas por debajo del punto de congelación, e incluso por debajo de un estrato de nieve de hasta 15 cm de espesor. Hay especies que han recuperado su capacidad fotosintética tras pasar dos años a temperatura de 15 C bajo cero. Su fotosíntesis neta es baja, y varía con el contenido de agua o la temperatura. La concentración de clorofila es entre cuatro y diez veces menor en un liquen de talo folioso (tipo hoja) que en una hoja de planta superior. La capacidad fotosintética también puede variar entre formas erectas o postradas, como se ha comprobado para Usnea sp.
Por su lento crecimiento y el dominio de su reproducción vegetativa, la evolución de los líquenes es lenta. Se estima que algunos talos superan los 4.500 años de vida. Los musgos, en tanto, sobreviven en condiciones casi tan extremas como los líquenes, aunque son menos aptos para adherirse a las rocas peladas, prefiriendo manchones de sustrato blando. Suman por lo menos 75 especies en la Antártida. Densas matas de ciertos líquenes pueden competir con ellos por la luz.

Los musgos crecen bien en sitios de nidificación de aves, por el aporte de nutrientes del guano. Los excrementos ricos en nitrógeno de las pingüineras favorecen también a ciertas algas y a matas de cianobacterias Nostoc, fijadoras de nitrógeno del aire.
Durante el invierno, hielo y nieve los cubren y quedarán latentes hasta rehidratarse en la siguiente estación. Las islas Orcadas y las Georgias del Sur cuentan con un historial libre de hielos más extensos en tiempo que las islas Shetland o áreas de la Península Antártica, y en consecuencia sus turbales comenzaron antes su formación. En las Georgia, se conocen turbales de más de un metro de espesor con casi 10.000 años de antigüedad. En la Isla 25 de Mayo (de la Shetland del Sur), en cambio, la capa de musgos alcanza poco más de 10 cm de grosor.

Creciendo sobre hielos glaciarios viven algas unicelulares, como algas verdes y diatomeas.

Entre las plantas con flor, hay sólo dos representantes y crecen durante el verano en hábitats libres de nieve del norte de la Península Antártica e islas cercanas. Se trata del paso Deschampsia antarctica y el menos frecuente clavel antártico (Colobanthus quietensis).
Sus flores son hermafroditas. El viento es el transportador de los granos de polen para el pasto y al menos habría autofecundación en Colobanthus. Se ha comprobado que desde hace más de dos décadas el área de distribución de ambas especies está en aumento.

¿De dónde proviene la vegetación terrestre de la Península e islas subantárticas de la región?
La respuesta es diferente según los grupos. Los líquenes del continente blanco evolucionaron en forma aislada por largos períodos y son menos diversos que en el Artico aunque hay bastante similitud a nivel de géneros. Algunos serían relictos de formas que sobrevivieron en los nunataks (cumbres emergentes) a los períodos glaciares. Sería el caso de ciertos musgos y líquenes como los del género Usnea (incluye especies en nuestros bosques del sur). Otros grupos podrían haber llegado de invasiones, posiblemente sudamericanas, durante los últimos 10.000 años. Las aves, o tal vez incluso el hombre (ya en tiempos más recientes) podrían haber sido quienes los transportaron.

Entre las plantas con flor, Deschampsia antarctica crece también en el sur de nuestro país hasta pocos más al norte del Río Colorado, y Colobanthus quietensis, con los cordones andinos como corredor biológico, se distribuye hasta México.

Lo cierto es que los sucesivos avances de los hielos durante el Pleistoceno, determinaron a nivel mundial el repliegue de la vegetación a regiones de climas más benignos. En el Artico, no hubo barreras importantes en esta dispersión hacia el sur. Pero en el extremo austral, ya existía la barrera de los mares, y a falta de "salida de escape", la vegetación se empobreció. Desde las últimas glaciaciones, muchas especies recolonizaron ambientes árticos, pero la desconexión Antártica con otras tierras prácticamente lo impidió.

En el agua dulce
La producción de microalgas en los cuerpos de agua dulce en general es baja, mostrando además marcada estacionalidad en su producción tras producirse el deshielo estival. En los fondos de lagos y torrentes del norte de la Península Antártica e islas vecinas, la penetración de la luz permite el crecimiento de algas verdes, musgos y cianobacterias. Hay lagos donde el hielo superficial llega a ser permanente, en especial hacia el centro y este de la Península. Pero incluso allí, si la cobertura de nieve es escasa, la radiación solar que incide en el verano será suficiente para el crecimiento del fitoplancton y consecuentes consumidores.

En los torrentes de agua dulce, cianobacterias formando matas o delgadas películas que cubren las rocas son una de las formas de vida dominantes. Como ejemplos, las matas rosadas, gris-verdosas o anaranjadas de las Oscillatoriacea, de hasta 3 mm de grosor y superficie irregular. O las capas negras mucilaginosas de hasta 30 mm de espesor de las Nostoc.

Estas matas y películas se congelan y deshidratan en el invierno, y aunque se inhiben diversos procesos, retienen su viabilidad aún a temperaturas de hasta 60C bajo cero. Al llegar la primavera se rehidratan, y la fotosíntesis y respiración se detectan una vez más.
La estación estival implica nuevos riesgos. Con el deshielo, la carga de sedimentos que baja con las aguas de torrente raspan sobre el fondo y pueden causar destrucción en las comunidades de matas. En general estas forman láminas fijadas a las rocas, estratégicas que parece poco adecuada para soportar los lavados continuos o periódicos de los sedimentos glaciarios.

La luz no es ilimitante en los arroyos poco profundos, aún cuando turbios. En todo caso, su exceso puede inhibir el crecimiento de las algas. Para evitarlo, hay algunas especies de algas verdes y también de cianobacterias, que crecen en lugares sombreados bajo las piedras. Otras tienen pigmentos carotenoides que darían protección ante luz intensa.
Considerando la fauna en los lagos y torrentes antárticos, hay pequeños crustáceos filtradores, dominando copepodos y anostracos.

En el mar

Microalgas de la columna de agua: el fitoplancton
Las diatomeas y los flagelados autótrofos son las microalgas dominantes en los mares de estas latitudes. Se conocen más de cien especies de diatomeas en las aguas antárticas, y entre las del plancton, la mayoría no superan los 50 µm (micras) de diámetro.

Las mediciones de clorofila permiten estimar en forma indirecta la abundancia de microalgas, y los valores indican que la producción del fitoplancton tiene una muy pronunciada ciclicidad.
En el verano austral las aguas costeras suelen presentar valores de clorofila más elevados que las aguas abiertas. Enriqueciendo su biomasa de algas, la columna de agua costera recibe las comunidades algales del hielo marino que se derrite y también microalgas del fondo que son resuspendidas con el movimiento de las aguas.

En las "floraciones" (crecimientos masivos) de fitoplancton dominan unas pocas especies de diatomeas. Las aguas pueden teñirse de tonos marrones por la presencia del pigmento fucoxantina de estas algas, el que hace más eficiente la captación de luz para la fotosíntesis.
Hasta la zona del borde del pack de hielo, la columna de agua queda más protegida de la influencia del viento, y por tanto, es más estable. Con altos niveles de nutrientes y suficiente luz, el crecimiento del fitoplancton puede verse allí favorecido.

En tanto en el océano abierto, sin la influencia del borde del pack, los movimientos en la columna de agua crean olas y corrientes adversas para el crecimiento. Claro que las cosas no son tan simples, y grandes cambios siempre están latentes.

Por otra parte, las concentraciones de fitoplancton no parecen ser limitadas por el pastoreo de herbívoros, tal vez por que las algas se reproducen en forma más veloz que consumidores como krill y copépodos y muchas células del fitoplancton son demasiado grandes para ser predadas por los pequeños protozoos, como ciliados y flagelados. Sin embargo, esto no es necesariamente la regla y en muchos casos el impacto de los predadores sobre el fitoplancton es muy significativo.

Las floraciones algales se interrumpirían más bien por falta de nutrientes (en ciertos casos las bacterias llegan a competir con las microalgas en su captación), por mezcla de aguas que los diluye, por hundimiento, o hasta pueden ser controlados por virus.

Lo cierto es que el concepto tradicional de trama alimentaria de los mares antárticos con una gran biomasa dominantes de diatomeas en la columna de agua, krill y copepodos entre los herbívoros y unas pocas especies de peces, aves y mamíferos entre predadores, es demasiado simplista. Los minúsculos organismos del plancton (menores a 20 um), entre los que se incluye bacterias y protozoos (flagelados y ciliados), pueden contribuir con más del 50% en biomasa y producción.

Microalgas en el hielo
En la superficie inferior del pack de hielo se generan vías de entrada para el agua de mar. Esta lleva consigo nutrientes así como cuerpos germinativos de microalgas. Con condiciones adecuadas de luz, podrán allí surgir floraciones algales.

Ya en el hielo más antiguo, que se extiende desde unos pocos centímetros del borde inferior del pack hasta niveles intermedios de la capa de hielo, se descubrió una intrincada red de poros comparables a los de una esponja. Como adaptación a este microcosmos, casi aislado del agua marina y con poco reemplazo del dióxido de carbono que las algas consumen, hay microalgas de hielo adaptadas a obtener carbono a partir de bicarbonato.

Ahora bien, ¿cómo llegan los nutrientes a estas comunidades? Resulta que con la captación de luz de las microalgas se genera calor, y en consecuencia algo de derritimiento, el cual permite la infiltración hacia arriba de agua de mar con nutrientes. Esto se da en todo el pack y en especial en zonas costeras.

En una escala Antártica global, y teniendo en cuenta la frecuente ocurrencia de las floraciones algales, los derretimientos afectarían el balance de calor del hielo marino.En el irregular borde inferior de hielo, otra comunidad de microalgas surge durante el otoño y la primavera. La intensidad de luz es mayor que en el invierno y además los fuertes vientos limpian la nieve de la superficie de hielo, "depejando el paso" a la penetración de los rayos solares.

Se estima que las comunidades algales de hielo llegan a cubrir hasta 10 millones de km2, ¡área que equivale a la mitad del pack de hielo antártico en el mes de septiembre! Las microalgas adquirieron diversas adaptaciones para crecer en el hielo.

¿Obtienen algún beneficio por desarrollarse en este ambiente?
Una gran ventaja es que quedan bastante a salvo de forrajeadores del zooplancton que las coman. Sin embargo hay quienes se alimentan de ellas; tal el caso de anfípodos e incluso krill y copépodos, aún al riesgo de quedar atrapados en el hielo. Ellos a su vez podrán ser fuente de alimento, al llegar el verano, de la Gaviota Cocinera, el Gaviotín Antártico y otras aves.

Microalgas del fondo
En zonas costeras antárticas, las microalgas de fondo tienen elevada producción y biomasa.
Dependen de factores como las corrientes, las floraciones de fitoplancton, la cobertura de hielos, la intensidad de luz, el sustrato, sea rocoso o blando, y la temperatura del agua.
La formación del pack de hielo establece nuevas reglas de juego. La luz que llega al fondo varía según cambie el grosor del hielo, de la capa de nieve que se acumule sobre su superficie, los sedimentos que pueda tener, o incluso de la concentración de algas del hielo. Por el contrario, cuando la intensidad de la luz visible es muy alta, los fotones (unidades de energía) que muchas algas llegan a absorber exceden a los que pueden emplear en la fotosíntesis. Se produce entonces una fotoinhibición, lo que implica menos eficiencia. Este fenómeno se comprobó con la intensa radiación del mediodía sobre distintos grupos de algas.

Pero se ha encontrado que microalgas del fondo están adaptadas a las bajas irradiaciones, y por otra parte no serían inhibidas con luz muy intensa. Se las arreglan no sólo con las bajas intensidades que reciben con la llegada del invierno al congelarse el mar y disminuir las horas de luz, sino que además resisten las altas radiaciones posibles durante los períodos libres de hielo del verano. Algunas especies de diatomeas del fondo permanecen viables (es decir, volverán a fotosintetizar y crecer al darse las condiciones) hasta después de más de un año en oscuridad, con casos extremos conocidos de viabilidad tras tres años sin luz.

Las macroalgas: creciendo en fondos costeros
Para las costas rocosas poco profundas de la Antártida se conocen más de 140 especies de macroalgas, algunas citadas hasta los 100 metros de profundidad. Considerando las zonas aún por explorar, seguramente nuevas aparecerán. Al vivir en aguas de temperatura y salinidad relativamente constante, y con niveles de nutrientes por lo común no limitantes, el cambio en la intensidad lumínica es el factor que más las afecta. Por ejemplo, para latitudes correspondientes al norte de la Península Antártica, deben adaptarse a la variación entre las más de 20 horas de radiación solar del verano a 4 o menos horas de luz invernales. Por caso, especies de Iridaea mantienen su aparato fotosíntetico intacto durante la etapa invernal, pudiendo aprovechar la luz que recibe.

La irradiación que llega al fondo depende además de la sombra que hacen tanto la cobertura de hielo, cuando la hay, como las floraciones de fitoplancton y también las propias macroalgas. Pero en aguas antárticas, muchas de ellas están adaptadas a bajas intensidades de luz. Por otra parte, el aumento de la radiación ultravioleta podría estar afectándolas.

Más del 60% de las especies de macroalgas antárticas son algas rojas, siguendo en abundancia las pardas y las verdes. Alrededor del 40% del total son exclusivas (endémicas), como Himantothallus, Ascoseira, y Cystosphaera.

Las grandes algas pardas en general son las principales contribuyentes de biomasa en zonas costeras rocosas de la Península Antártica y de islas subantárticas.

Aunque entre las algas pardas antárticas hay algunas ausencias notables. Faltan los densos "bosques" de cachiyuyos del orden laminariales (ej.: Macrocystis pyrifera de nuestras costas patagónicas y fueguinas) que crecen en diversas costas del mundo. El continente blanco es la única región de aguas frías del planeta donde las Laminarias brillan por su ausencia. Se ha sugerido que aún en el caso de que los cachiyuyos integrasen la flora alga antártica, no formarían grandes "bosques" (como aquellos que se dan por ejemplo en el Canal Beagle) por el desgaste de fondo que realizan los hielos.

La Antártida sería centro de distribución del Orden Desmarestiales (algas pardas), grupo bien representado en costas poco profundas de aguas templado-frías y muchas aguas templado-cálidas del mundo.

Las Desmarestiales antárticas presentan formaciones densas, aunque no tanto como las de cachiyuyos. Entre ellas, el género Desmarestia, de talo filamentoso, incluye una 40 especies descriptas en el mundo, con algunas exclusivas (endémicas) de la Antártida. En aguas poco profundas de todo el continente aparece Desmarestia menziesii. En sectores donde no se da la formación de hielo invernal, llega a crecer en el intermareal bajo condiciones de fuerte turbulencia. Junto con el alga parda Ascoseira mirabilis (de talo con láminas alargadas).
Desmarestia anceps en cambio, crece en el sublitoral central, en áreas de turbulencia moderada.

A profundidades de entre 20 y 40 metros, el alga parda Himantothallus grandifolius es una de las dominantes. Con su talo de hasta 10 m de largo y grandes láminas que alcanzan el metro de ancho, es la macroalga más grande del continente antártico.

Cystosphaera jacquinotii es un alga parda de talo frondoso que alcanza hasta 3 m de largo y 30 cm de ancho. Resulta la única macroalga de la región antártica con flotadores (eorcistes), "ayuda" para mantener una posición erecta y lograr así una mejor captación de luz. Es bastante vulnerable ante los fuertes movimientos de agua y al congelamiento. En parte por ello, no se encuentra a menos de unos 20 metros de profundidad.

Las macroalgas aportan sustento a comunidades de invertebrados (como fípodos, isópodos), a peces, y pueden ser importantes en las tramas alimentarias detritívoras dominadas por bacterias. Las algas verdes y las rojas en general son más asimilables para quien las come. Muchas pardas solamente lo son después de fermentación microbiana, adaptación adquirida, por ejemplo, por diversos moluscos y erizos (hay grupos de animales terrestres, como ser rumiantes, que también dependen de la fermentación microbiana en su sistema digestivo).
En muchas macroalgas hay una parte basal o pie de fijación de formas y tamaño muy variables. Aunque otras no tienen dicha diferenciación, como las algas rojas incrustantes.
Sobre su superficie, soportan intrusos que les convendría no tener, pero también tiene huéspedes bienvenidos.

Por ejemplo, muchos briozoos (organismos coloniales) las perjudican. Si cubren superficie que capta luz, reducen la eficiencia de fotosíntesis de las macroalgas. Además, disminuyen la flexibilidad de las frondes, aumentando el riesgo de que las algas sean desprendidas en las tormentas. En tanto, las benefician predadores como nudibranquios (Moluscos) que pueden remover briozoos, o el pastoreo que hacen pequeños herbívoros sobre las microalgas que crezcan sobre ellas.

Las macroalgas son más vulnerables en las primeras etapas de su vida, pero al crecer, muchas elaboran defensas químicas, como se terpenos, compuestos aromáticos y polifenoles. Estos últimos se detectaron, por ejemplo, en las antárticas Adenocystic sp. e Himanthallus sp. Los alcaloides, importantes sustancias de acción defensiva en plantas superiores, no se encontraron en macroalgas. Hay compuestos inorgánicos que también actuarían como defensa contra los herbívoros, como el ácido sulfúrico producido por especies de Desmarestia Aunque la dureza sería la más efectiva protección de la macroalgas para que no la coman.

Algunos de los predadores son especialistas y comen solo unas pocas especies. Es el caso de la lapa antártica, que se concentra en algas rojas crustosas, y en el alga parda Ascoseira mirabilis, Otros son más generalistas, como el pez Notothenia croriiceps, quien incluye por lo menos 18 especies de macroalgas en su dieta.

Una vida entre dos mundos: el intermareal
El intermareal es un mundo de cambios, magnificados aún más por las mareas, y en la Antártida, por la acción de los hielos. Puede haber grandes variaciones de factores como temperatura, humedad y precipitaciones. En el verano austral la intensidad de luz aumenta, y la diversidad de vida que allí se desarrolla es sorprendente.

Sin embargo "pertenecer", no siempre tiene sus privilegios. Las algas que quedan expuestas al aire en ciclos diarios durante la marea baja, cuentan con menos tiempo para captar nutrientes, anhídrido carbónico, y agua para fotosíntesis. Gran parte de la fauna marina, por otra parte, se la debe arreglar para comer y respirar sólo en los períodos en que quedan cubiertos por la marea. Además, la desecación es un riesgo para quienes quedan expuestos, aunque diversas adaptaciones les permiten a los organismos evitarla.

En la Antártida en particular, las bajas temperaturas son un problemita a enfrentar. Al congelarse los líquidos extracelulares, los restantes fluidos aumentan su concentración y se produce una diferencia osmótica (de "presiones") en la membrana celular que puede causar la muerte. Aparte del riesgo de congelarse.

En macroalgas, el congelamiento inicial de líquidos extracelulares tiene un efecto desecador y el golpe letal se produce con la formación de cristales de hielo dentro de las células. Hay algas verdes de la Antártida que tienen sustancias anticongelantes en sus células. Otras resisten un alto porcentaje de agua congelada en sus tejidos. Entre los invertebrados, se ha comprobado que algunos moluscos antárticos pueden sobrevivir hasta con el 60-70% de su líquido corporal congelado. Gran parte de las zonas del intermareal quedan cubiertas de hielo marino con la llegada del invierno. La diversidad de vida retornará con la siguiente primavera tardía y verano austral.

 


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