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Flora
La flora
que crecen
en la
Antártida
presentan
una adaptación
al medio
tras un
largo
periodo
de tiempo.
Las especies
antárticas
se limitan
a algunas
plantas
con flores-
dos especies-,
hongos,
líquenes,
musgos
y algas.
De todas
ellas,
los líquenes
son el
grupo
que mejor
se ha
adaptado
al rigor
del clima.
La vegetación
se distribuye
desde
zonas
cercanas
al propio
Polo hasta
las Islas
Subantárticas.
En los
lugares
mas inhóspitos,
como son
las proximidades
del Polo
Sur, consiguen
emerger
en los
picos
sin hielo
llamados
"nunatak"
. Muchos
de estos
organismos
son tan
simples
como las
algas;
otros
más
complejos
como los
líquenes,
musgos,
hongos
y hepáticas;
pero existen
otros
muchos
muy primitivos
como las
bacterias.
En el
mar que
circunda
el Antártico
existe
una gran
diversidad
de algas
marinas,
algunas
de enormes
foliolos
de 30
metros
de largo
y algo
más
de medio
metro
de ancho,
así
como algas
microscópicas.
Como
ya se
dijo la
flora
antártica
está
liderada
por el
grupo
de los
líquenes,
muy adaptados
al clima
antártico,
que los
hizo sumamente
resistentes
y capaces
de sobrevivir
en condiciones
extremas.
Sus organismos
están
constituidos
por un
hongo
y un alga-
que suele
ser unicelular-
unidas
simbióticamente.
El hongo
le permite
mantener
la hidratación
y protegerse
de las
condiciones
desfavorables,
mientras
que el
alga le
dota de
un hidrato
de carbono
sintetizado
que utiliza
como alimento.
En la
Antártida
las únicas
plantas
fanerógamas
que se
conocen
son el
pasto
antártico
(Deschampsia
antartica),
y la hierva
(Colobanthus
quitensis)
y se suelen
encontrar
entre
los musgos
y en zonas
muy protegidas
.El pasto
antártico
crece
solamente
en lugares
protegido
de los
vientos,
por esa
razón
forman
pequeñas
áreas
diseminadas
o aisladas.
En los
lugares
donde
el viento
le permite
crecer
libremente
crean
verdes
y llamativos
prados.
El clavelito
antártico,
en cambiosi
bien busca
guarecerse
del viento
tiene
una gran
necesidad
de humedad,
por ello
los deshielos
primaverales
y son
los adecuados
para su
crecimiento
y floración.
Ambas
especies
fanerógamas
se distribuyen
casi exclusivamente
por la
Península
Antártica
e islas
adyacentes.
Holdgate
(1967)
ha hecho
una división
fitogeográfica
antártica
distinguiendo
dos áreas
: una
la denomina
Antártica
Marítima
y la otra
Antártica
Continental.
La primera
abarca
las costa
occidental
de la
Península
Antártica
e islas
próximas,
las islas
Orcadas
del Sur
y las
Shetland
del Sur
y la otra
fitorregión
es la
que ocupa
el resto
del Continente
Antártico.
La primera
de las
regiones,
según
el mencionado
autor,
posee
vegetación
predominante
de briófitas
y de líquenes,
en tanto
que la
segunda
región
se distingue
por poseer
formaciones
dispersas
de líquenes
con mucha
menor
proporción
de musgos.
Los
musgos
se desarrollan
generalmente
durante
el verano
antártico.
De las
especies
que se
han descrito
una pequeña
parte
son microscópicas
que se
desarrollan
entre
los musgos.
Algunos
hongos
conocidos
son la
Galerina
antarctica
y la Omphalina
antarctica.
Además
de los
musgos
hay otro
grupo
de Briófitas
–
plantas
sin elementos
vasculares-
que son
las llamadas
hepáticas,
que forman
parte
de esa
extensa
división
de plantas
que incluyen
más
de 20.000
especies
en todo
el mundo.
En la
Antártida
se conocen
unas 75
especies
entre
musgos
gametófitos
y hepáticas.
Las hepáticas
no son
plantas
tan abundantes
como los
musgos
y en la
Antártida
se conocen
unos 9
géneros;
algunas
de ellas
son la
Barbilophozia,
Cephaloziella,
Merchantia,
Metzgeria
o la Riccardia.
No son
tan llamativas
como los
musgos
aunque
muchas
pueden
desarrollarse
entre
ellos.
Existen
tipos
de algas
que se
han especializado
en vivir
fuera
de los
medios
acuáticos,
aunque
siempre
con condiciones
ideales
de humedad,
como la
Prasolia
crispa,
muy frecuente
sobre
las rocas
donde
anidan
las aves
por los
nutrientes
que encuentran
en esas
zonas.
En la
Antártida
se conocen
algunas
especies
terrestres
de algas
verdes
y verde-azuladas
o cianófitas.
Estas
algas
pueden
ser unicelulares
(móviles
o sésiles)
o pluricelulares
(sésiles),
pasando
por formas
coloniales
(sésiles).
Las algas
verdes
se reproducen
vegetativamente
por división
celular
y fragmentación;
por esporas
y zoosporas
(axesual),
y por
conjugación
uniendo
dos células
sexuales
llamadas
gametos.
Otro género
de alga
terrestre
clorofita
es por
ejemplo
el ulothrix.
Hay un
grupo
de algas
terrestres
que viven
entre
la nieve
y el hielo,
Durante
la primavera
y verano
antártico
pueden
verse
formando
manchas
verdosas,
amarillentas
o rojizas.
Son organismos
microscópicos
llamados
Crioseston,
que tienen
la capacidad
de vivir
entre
los intersticios
de los
cristales
de hielo
o sobre
la propia
nieve,
aprovechando
la escasa
radiación
solar
que se
produce
en esas
estaciones.
Tambien
hay abundantes
algas
diatomeas,
dinoflagelados,
cianófitas,
clorófitas,
feófitas
y rodófitas.
Las algas
de aguas
continentales
son organismos
planctónicos
como las
diatomeas,
y bentónicos
o de los
fondos
como las
cianófitas.
Se conocen
aproximadamente
un centenar
de especies
de diatomeas
localizadas
en aguas
antárticas
y subantárticas.
Durante
el verano
quedan
sueltas
en el
océano
por efecto
del deshielo,
y muchas
permanecen
unidas
a los
témpanos,
que las
van soltando
lentamente
mientras
sus extremos
inferiores
son erosionados
por el
agua marina.
Una vez
libres
en el
agua llegan
a ser
un importante
alimento
de la
cadena
trófica,
en particular
para el
krill,
este crustáceo
es la
alimentación
principal
para muchas
ballenas,
focas
y pingüinos
.El ecosistema
antártico
depende
en gran
medida
de esta
alga microscópica.
Investigación
y Textos:
Gabriel
O. Rodriguez
Vivir
con clorofila
Antártida.
Las Leyes
entre
las costas
y el mar
Santiago
G. de
la Vega
En
las tierras
libres
de hielo
Sin
consideramos
la escasa
vegetación
terrestre
antártica,
¿qué
grupo
resta
en mejores
condiciones
de hacer
fotosíntesis,
crecer,
y reproducirse
con las
bajas
temperaturas
y reducidos
niveles
de luz
y humedad,
soportando
además
los grandes
cambios
entre
estaciones?
Los
líquenes,
parece
ser la
respuesta.
Más
de 150
especies
se han
registrado,
dominando
en las
costas
libres
de hielo
del oeste
de la
Península
Antártica
y en los
archipiélagos
subantárticos.
Sus tonos
anaranjados,
amarillos,
verdes,
negros
y blancos
y sus
diversas
formas
de crecimiento
los destacan
en ambientes
rocosos
libres
de hielo.
Los líquenes
resultan
de los
simbiosis
(relación
de mútuo
beneficio)
entre
ciertas
algas
y hongos,
una de
las más
ajustadas
relaciones
que se
conocen.
En la
mayoría
de los
casos
el hongo
tiene
más
desarrollo
y es más
complejo
en su
estructura
que el
alga y
produce
los órganos
reproductivos.
No tienen
capacidad
de almacenar
agua,
dependiendo
en la
Antártida
del derretimiento
de la
nieve,
de las
escasas
lluvias
-si las
hay-,
de las
neblinas,
la humedad
ambiente
o las
salpicaduras
del mar.
Aunque
llegan
a resistir
la desecación
en estado
latente
durante
largos
períodos.
Se
sabe que
algunos
fotosintetizan
a temperaturas
por debajo
del punto
de congelación,
e incluso
por debajo
de un
estrato
de nieve
de hasta
15 cm
de espesor.
Hay especies
que han
recuperado
su capacidad
fotosintética
tras pasar
dos años
a temperatura
de 15
†C bajo
cero.
Su fotosíntesis
neta es
baja,
y varía
con el
contenido
de agua
o la temperatura.
La concentración
de clorofila
es entre
cuatro
y diez
veces
menor
en un
liquen
de talo
folioso
(tipo
hoja)
que en
una hoja
de planta
superior.
La capacidad
fotosintética
también
puede
variar
entre
formas
erectas
o postradas,
como se
ha comprobado
para Usnea
sp.
Por su
lento
crecimiento
y el dominio
de su
reproducción
vegetativa,
la evolución
de los
líquenes
es lenta.
Se estima
que algunos
talos
superan
los 4.500
años
de vida.
Los musgos,
en tanto,
sobreviven
en condiciones
casi tan
extremas
como los
líquenes,
aunque
son menos
aptos
para adherirse
a las
rocas
peladas,
prefiriendo
manchones
de sustrato
blando.
Suman
por lo
menos
75 especies
en la
Antártida.
Densas
matas
de ciertos
líquenes
pueden
competir
con ellos
por la
luz.
Los
musgos
crecen
bien en
sitios
de nidificación
de aves,
por el
aporte
de nutrientes
del guano.
Los excrementos
ricos
en nitrógeno
de las
pingüineras
favorecen
también
a ciertas
algas
y a matas
de cianobacterias
Nostoc,
fijadoras
de nitrógeno
del aire.
Durante
el invierno,
hielo
y nieve
los cubren
y quedarán
latentes
hasta
rehidratarse
en la
siguiente
estación.
Las islas
Orcadas
y las
Georgias
del Sur
cuentan
con un
historial
libre
de hielos
más
extensos
en tiempo
que las
islas
Shetland
o áreas
de la
Península
Antártica,
y en consecuencia
sus turbales
comenzaron
antes
su formación.
En las
Georgia,
se conocen
turbales
de más
de un
metro
de espesor
con casi
10.000
años
de antigüedad.
En la
Isla 25
de Mayo
(de la
Shetland
del Sur),
en cambio,
la capa
de musgos
alcanza
poco más
de 10
cm de
grosor.
Creciendo
sobre
hielos
glaciarios
viven
algas
unicelulares,
como algas
verdes
y diatomeas.
Entre
las plantas
con flor,
hay sólo
dos representantes
y crecen
durante
el verano
en hábitats
libres
de nieve
del norte
de la
Península
Antártica
e islas
cercanas.
Se trata
del paso
Deschampsia
antarctica
y el menos
frecuente
clavel
antártico
(Colobanthus
quietensis).
Sus flores
son hermafroditas.
El viento
es el
transportador
de los
granos
de polen
para el
pasto
y al menos
habría
autofecundación
en Colobanthus.
Se ha
comprobado
que desde
hace más
de dos
décadas
el área
de distribución
de ambas
especies
está
en aumento.
¿De
dónde
proviene
la vegetación
terrestre
de la
Península
e islas
subantárticas
de la
región?
La respuesta
es diferente
según
los grupos.
Los líquenes
del continente
blanco
evolucionaron
en forma
aislada
por largos
períodos
y son
menos
diversos
que en
el Artico
aunque
hay bastante
similitud
a nivel
de géneros.
Algunos
serían
relictos
de formas
que sobrevivieron
en los
nunataks
(cumbres
emergentes)
a los
períodos
glaciares.
Sería
el caso
de ciertos
musgos
y líquenes
como los
del género
Usnea
(incluye
especies
en nuestros
bosques
del sur).
Otros
grupos
podrían
haber
llegado
de invasiones,
posiblemente
sudamericanas,
durante
los últimos
10.000
años.
Las aves,
o tal
vez incluso
el hombre
(ya en
tiempos
más
recientes)
podrían
haber
sido quienes
los transportaron.
Entre
las plantas
con flor,
Deschampsia
antarctica
crece
también
en el
sur de
nuestro
país
hasta
pocos
más
al norte
del Río
Colorado,
y Colobanthus
quietensis,
con los
cordones
andinos
como corredor
biológico,
se distribuye
hasta
México.
Lo
cierto
es que
los sucesivos
avances
de los
hielos
durante
el Pleistoceno,
determinaron
a nivel
mundial
el repliegue
de la
vegetación
a regiones
de climas
más
benignos.
En el
Artico,
no hubo
barreras
importantes
en esta
dispersión
hacia
el sur.
Pero en
el extremo
austral,
ya existía
la barrera
de los
mares,
y a falta
de "salida
de escape",
la vegetación
se empobreció.
Desde
las últimas
glaciaciones,
muchas
especies
recolonizaron
ambientes
árticos,
pero la
desconexión
Antártica
con otras
tierras
prácticamente
lo impidió.
En
el agua
dulce
La producción
de microalgas
en los
cuerpos
de agua
dulce
en general
es baja,
mostrando
además
marcada
estacionalidad
en su
producción
tras producirse
el deshielo
estival.
En los
fondos
de lagos
y torrentes
del norte
de la
Península
Antártica
e islas
vecinas,
la penetración
de la
luz permite
el crecimiento
de algas
verdes,
musgos
y cianobacterias.
Hay lagos
donde
el hielo
superficial
llega
a ser
permanente,
en especial
hacia
el centro
y este
de la
Península.
Pero incluso
allí,
si la
cobertura
de nieve
es escasa,
la radiación
solar
que incide
en el
verano
será
suficiente
para el
crecimiento
del fitoplancton
y consecuentes
consumidores.
En
los torrentes
de agua
dulce,
cianobacterias
formando
matas
o delgadas
películas
que cubren
las rocas
son una
de las
formas
de vida
dominantes.
Como ejemplos,
las matas
rosadas,
gris-verdosas
o anaranjadas
de las
Oscillatoriacea,
de hasta
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