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Lagunas de Guanacache

Sitio Ramsar - Mendoza
 

EDICION PROVISORIA - EN PROCESO DE DIAGRAMACION

Lagunas de Guanacache

Este complejo lagunar fue de gran magnitud hace mucho tiempo. En la actualidad, por razones naturales y por la intervención del hombre con la construcción de represas y canales, se redujo significativamente en su magnitud, sin perder por ello la valoración como humedal que le valió la nominación de Sitio Ramsar. El 14 de diciembre de 1999 pasó a formar parte de esa lista por cumplir los requisitos necesarios. Abarca unas 340.000 hectáreas en la provincia de Mendoza y 240.000 en la de San Juan y se extiende por más de 200 kilómetros. La finalidad de su protección es poner a salvaguarda el sistema lagunar, la biodiversidad que lo habita y rescatar a una cultura –llamados a si mismos “laguneros”- que vive armoniosamente de los recursos que le suministra este espacio natural.

Categoría

Sitio Ramsar o humedal de importancia internacional. También es considerada un área de importancia para la conservación de las aves –AICA-.

Ubicación

El  Sistema Lagunar de Guanacache y el Rosario se ubica en extremo noreste de la provincia de Mendoza y se extiende hacia el sudeste de la de San Juan. Afecta también en una muy reducida superficie a la provincia de San Luis, aunque este sector no se lo incluyó en el Sitio Ramsar.
En Mendoza ocupa la parte norte del Departamento Lavalle y en San Juan un sector meridional de los departamentos de Sarmiento y  25 de Mayo. Se sitúa aproximadamente entre las coordenadas de los  32º 00’  y  32º 35’ de Lat. S   y  los  68º 33’  a los  68º 42’  de Long. O. La ciudad de Mendoza dista a unos 80 kilómetros hacia el sudoeste del complejo lagunar.

Superficie

El Humedal de Importancia Internacional que se analiza ocupa unas 580.000 hectáreas. Cerca de 240.000 están en territorio sanjuanino y 340.000 en el de Mendoza.

Fecha e instrumento legal de creación

El 14 de diciembre de 1999 fue incorporado a la lista de Humedales de Importancia Internacional en los términos que estipula la Convención Ramsar. El sector que afecta a la provincia de San Luis por el momento está excluido.

Relieve

El territorio de la provincia de Mendoza comprende diversas zonas bien diferenciadas. Al oeste de eleva la Cordillera de los Andes, un cadena montañosa que se extiende a largo de todo la Argentina y continúa hacia el norte por gran parte del continente. La porción que ocupa suelo mendocino es bastante ancha, con cerros de gran altura, entre los cuales sobresale el Aconcagua, que con sus 6959 m es el más alto de América. Al este de las cumbres andinas se encuentra la Precordillera y más aún hacia el mismo punto cardinal se extiende una región llana árida, con serranías aislada, de baja altura, como las Sierras del Nevado o las Lomas del Chañar.
Por último encontramos en lo que sería, longitudinalmente, la mitad oriental, una zona de llanos cuya superficie está cubierta por depósitos terciarios y cuaternarios de gran espesor, que recubren, en buena parte, rocas precámbricas. Estas planicies y depresiones que dominan el oriente mendocino, desde el piedemonte hasta el río Desaguadero - que actúa como demarcador del límite con la provincia de San Luis- están interrumpidas por las denominadas huayquerías  y guayquerías, que son zonas áridas con suelo de sedimentos rocosos en las que se forman canaletas o surcos. En la parte norte de esta llanura hay una extensa zona conocida como La Travesía, muy árida en la que se forman médanos y no hay casi drenaje superficial, estando salpicado por las lagunas de Guanacache, hoy reducidas enormemente por el uso para riego del agua, muchas de las cuales se han convertido en salitrales.
En la zona sur, como transición al ambiente patagónico, se encuentra el dominio volcánico de la Payunia.

Hidrografía

Las dos más importantes cuencas del sistema andino, en este sector cordillerano, son las de los ríos San Juan, en la pendiente septentrional,  y la del   Mendoza, en la pendiente meridional.

El río San Juan tiene sus nacientes en la cordillera Principal, aproximadamente entre los paralelos de 30º 30’  y  32º 40’ de Lat. S.  Está formado por la confluencia de los ríos Castaño y de los Patos, que a su vez son colectores de una importante red de afluentes y subafluentes que tienen sus cabeceras en las cimas cordilleranas. El cauce de los Patos es el más importante de todos los afluentes del San Juan, que superan en número los  150 cursos de agua. El mismo se origina por medio del río Volcán, en los faldeos septentrionales del Aconcagua. El río Castaño desagua el sector norte, entre los cordones de Olivares y Manrique (GAEA, 1975).

Muy próximo al límite interprovincial  sanjuanino-mendocino con el la República de Chile, tiene las nacientes el río Las Cuevas que al unirse al Tupungato y luego con el río Las Vacas, dan origen al río Mendoza. Este discurre con direcciones variadas, primero hacia el norte hasta Uspallata, donde se le une el río de ese nombre que trae las aguas de la cordillera del Tigre, donde toma rumbo sureste, para conservar luego su rumbo hacia el este al dejar el ambiente precordillerano y transformarse en un río de llanura. Sigue luego la pendiente hacia el nor-noroeste en busca de la zona baja de las lagunas de Guanacache (Chiozza y Figueira, 1982).
Es característica común en las subcuencas de los confluentes del Mendoza, como también en el propio río Mendoza, observar numerosos torrentes de fanglomerados que facilitan el transporte de materiales angulosos de derrubio; ellos se originan por la infiltración de las aguas de deshielos en los poderosos mantos de rodados que constituyen los depósitos de faldeo (GAEA, 1975). En su recorrido el río Mendoza recibe el aporte de varios cursos entre los que se destacan por su caudal  el Horcones y   el Santa María.
El río Mendoza, principalmente en época de grandes nevadas al aumentar el caudal por su derretimiento, se une al San Juan que se presenta nuevamente abarrancado y formando meandros, que con rumbo hacia el oriente se une al Bermejo-Desaguadero, que  tiene sus nacientes en este lugar.  Acá se forma  una vasta red de zonas anegadizas y sistemas lagunares que reciben el nombre de Guanacache. El río Desaguadero tiene sus nacientes en el conjunto de Lagunas de Guanacache que le río ha ido capturando por erosión retrocederte. Estas lagunas hoy están en gran parte extinguidas por colmatación, uso de las aguas por medio de canalización y diques, merma del aporte de sus inmisarios – San Juan, Mendoza, Bermejo, Tulumaya- y por el drenaje del propio Desaguadero, que al salir de la laguna del Rosario tiene un cauce ya bien definido (Chiozza y Figueira, 1982).
Además de las Lagunas del Rosario está la laguna del Toro, la vieja laguna Guanacache, que antiguamente se llenaba a través del arroyo Tulumaya, que hoy pierde su curso a la mitad del recorrido formando los Bañados del Tulumaya, sin que el agua llegue a la a vieja laguna (Sosa y Vallvé, 1999). El río San Juan es el mayor aportante de agua del sistema, formando, a su vez, los  Bañados de San Miguel y Las Trancas. Contribuyen también con aporte hídrico, el ya mencionado río Mendoza, el arroyo Leyes, el Tulumaya, las precipitaciones y los aportes de aguas freáticas que provienen del borde occidental de la Precordillera.
Se señala que el llenado total o parcial de todo el sistema ocurre a través de pulsos de inundación (Malvárez, 1999).
Indicios como la presencia de sedimentos verdosos o turbosos, la aparición de restos fósiles y los relatos de jesuitas que recorrieron el lugar, muestran claramente que en épocas no muy remotas en el territorio había una gran superficie de agua.
Los suelos lagunares a los largo de años de sequía han ido cambiando su estructura por depósitos salino-arenosos arrastrados por los vientos y depositados año a año en fondos lagunares (Malvárez y Bó, 2004).

Clima

A pesar de la gran distancia que la separa del Atlántico, la parte cordillerana recibe de ese sector la escasa humedad que se precipita generalmente en forma de grandes nevadas en las partes más elevadas, durante los meses de mayo a agosto mayoritariamente. Su frecuencia y magnitud decrecen hacia el este.
Desde el Pacífico el clima recibe la mayor influencia por la acción del anticiclón del Pacífico que genera vientos del oeste. Estos vientos se elevan y al chocar con los cerros de la cordillera se enfrían y precipitan su humedad en forma de nieve. En la cordillera la ascensión del aire se hace marcadamente a través de los valles y los faldeos de los cerros y por la baja presión que hay en las cumbres este aire asciende durante las tardes generalmente y forma cúmulos pero no llegan a producirse. De noche ocurre el fenómeno contrario y el viento sopla desde la cima hacia los valles.
Como todas las regiones con marcadas variaciones altitudinales, la temperatura es un factor climático totalmente dependiente de las mismas.
En toda la cordillera cuyana ocurren en invierno fuertes vientos fríos provenientes del sector oeste y sudoeste, que cuando soplan conjuntamente con nevadas se forma el tan temido viento blanco. Estos mismos vientos, bajo condiciones atmosféricas particulares, cruzan los Antes sufriendo bruscos cambios que los transforman al llegar a las zonas bajas en cálidos y secos, como ocurre con el folklórico viento zonda.
Las precipitaciones varían con la altura pero en sentido inverso al de la temperatura, como ejemplo se menciona la localidad de San Martín a 650 m.s.n.m. que recibe lluvias cercanas a los 200 mm anuales y  en Puente del Inca a 3.700 m, cae en forma de lluvia o nieve más de 300 mm.
La parte noreste, donde se sitúa el Humedal de Importancia Internacional Lagunas de Guanacache y el Rosario, es árida, con precipitaciones que no superan los 150 mm anuales y las temperaturas son muy elevadas durante el verano, con medias máximas con oscilan entre 40 y 42 º C  y  en invierno se pueden registrar mínimas extremas de hasta -7º C y es muy marcada la ausencia de precipitaciones en esta estación. Son frecuentes los vientos “zonda” que se originan en el Pacífico, que luego de su paso por la cordillera precipitan el ella toda su humedad- mayormente en forma nívea- y llegan al Complejo de Guanacache desprovistos de toda humedad y con alta temperatura.

Flora

El Sistema Lagunas de Guanache está inserto en la biorregión del Monte (Cabrera, 1976). Para el desarrollo de la flora tomaremos como base la “caracterización de hábitat” que realizan Sosa & Vallvé (1999). Ellos señalan un área de monte inundado  donde se observan bosques de chañar (Geoffroea decorticans) y retamo (Bulnesia retama) como especies de porte arbóreo bajo, que permanecen en parte al descubierto cuando la zona se inunda. Luego, los mencionados autores, indican un ambiente que denominan pastizal inundado
donde son conspicuos los pastos salados (Distichlis spicata), las chilca (Baccharis salicifolia), el pichana (Psila spartioide), el chepita (Cynodon dactylon), el pasto tul (Mulhembergia asperifolia) y otros. La tercera sectorización que se realiza corresponde a las zonas costeras, que a veces pueden estar desprovistas de vegetación y en otros sectores se crecen chilcas (Baccharis salicifolia) o pichanas (Psila spartioide), entre otros arbustos. También señalan el bosque en galería, que son montes que crecen a la margen del río formando galerías con especies arbóreas como el quebracho blanco (Aspidosperma quebracho-blanco), casi extinguido en la zona, el algarrobo dulce (Prosopis flexuosa), el retamo (Bulnesia retama), el sauce (Salix humboldtiana), este último más sobre la margen del río Desaguadero. En última instancia la mencionada clasificación hace referencia a los pantanos, con vegetación hidrófila y suelos bajos de origen sedimentario. En este sector se ven abundantes juncos, totoras como (Typha dominguensis), carrizos (Phragmites australis), el hunco (Juncus balticus), el berrillo o hisopo de agua (Bacopa monnieri), y muchas otras especies.
Entre los pastos que se desarrollan en lugares más elevados y, por ende, no húmedos, se puede mencionar al tupe o también llamado ajo macho (Panicum urvilleanum), el plumerillo (Trichloris crinita), la gramilla (Cynodon dactylon), Sphaeralcea miniata, y otras especies. En las zonas medanosas hay varios vegetales típicos de ese ambiente, algunos de los cuales son endémicos.
Además son endémicas el parrón (Ephedra boelckei) y el algarrobo del guanaco (Prosopis argentina).

Fauna

El humedal Lagunas de Guanacache posee elementos faunísticos de tres biorregiones, a saber: la chaqueña, patagónica y pampeana en menor medida.
Comenzando por los mamíferos, están presentes marsupiales como la comadrejilla o marmosa (Thylamys elegans), la comadreja común u overa (Didelphys albiventris), hay un dasipodido endémico que habita la zona de médanos (Chlamyphorus truncatus), considerado Vulnerable hasta el 2000 por la SAREM e integra el Apéndice I de la CITES. Lo acompañan el peludo (Chaetophractus villosus), de amplia distribución en gran parte del territorio argentino; el piche llorón (Chaeotophractus vellerosus), cuyo nombre común refiere a su costumbre de emitir un sonido  similar a un llanto cuando se lo agarra y tiene un área de distribución bastante más restringida que su congénere precedente. Además están el mataco (Tolypeutes matacus), cuya distribución más austral se sitúa por esta región y el piche (Zaedyus pichiy), que ocupa hasta el extremo sur de la Patagonia.
Entre los felinos se cita al gato montés común (Oncifelis geoffroyi), el gato de pajonal (Linchailurus pajeros), Vulnerable (SAREM, 2000), el yaguarundí o gato eyra (Herpailurus yaguarondi), escaso y ocupa el Apéndice II de la CITES. Además entre los felinos es destacable la presencia del puma (Puma concolor), máximo predador de la cadena alimenticia en la región.
Hay abundantes micromamíferos como los cuises  (Galea musteloides) y ratones como Graomys griseoflavus, Akodon molinae y Microcavia australis, entre otros. Es relativamente común entre los roedores el coipo (Myocastor coypus), usado con supervisión por las comunidades locales, la vizcacha (Lagostomus maximus), la mara (Dolichotis patagonum), representando a la fauna patagónica. En áreas halófitas aparece un endemismo, la rata del salar (Tympanoctomys barrerae) (Sosa & Vallvé, 1999).
Las aves son bastante numerosas, a lo que contribuye la presencia significativa de las que frecuentan ambientes acuáticos. Se observa al ñandú (Rhea americana), la martineta común (Eudromia elegans), el jote de cabeza negra (Coragyps atratus), el de cabeza colorada (Cathartes aura), el halconcito gris (Spiziapteryx circuncincus), el gavilán planeador (Circus cinereus), muy conspicuo de ambientes acuáticos. De la zona pampeana están presentes el ñacundá (Podager nacunda), el renombrado hornero (Furnarius rufus), el cachalote castaño (Pseudoseisura lophotes) y el carpintero real común (Colapses melanolaimus). De la región del Monte cabe mencionar al gallito copetón (Rhinocrypta lanceolata) y el endémico gallito de arena (Teledromas fuscus). En los ambientes palustres hay un endemismo que es el  burrito cuyano o salinero (Laterallus jamaicensis), muy raro.
Las aves acuáticas están presentes con muchas especies que habitan los bañados, lagunas y cursos de agua de este gran humedal. Algunas de ellas son el pitotoy (Tringa melanoleuca), el pitotoy (Tringa flavipes), el flamenco austral (Phoenicopterus chilensis), la vistosa espátula rosada (Ajaia ajaja), el chajá (Chauna torquata),la cigüeña americana (Euxenura maguari), la gallineta común (Rallus sanguinolentus), el cuervillo de cañada (Plegadis chihi), el pato maicero (Anas georgica ), el pato barcino (Anas flavirostris), la garza mora (Ardea cocoi), la graza bruja (Nycticorax nicticorax), la garcita blanca (Egretta thula), el tero real (Himantopus melanurus) y un gran número de especies más. Se observan aves migratorias como el playerito de rabadilla blanca (Calidris fuscicollis) y el playerito unicolor (Calidris bairdii).
Respecto a la fauna reptiliana y a la batracofauna no se obtuvo información. Sólo respecto al último grupo es de considerar la existencia de un endemismo, la ranita de monte (Pleurodema nebulosa).
En relación a la ictiofauna  menciona Menni (2004), que el área que va desde los 28º   y  los 37º de Lat. S (provincias de San Juan y Mendoza)  tiene como elementos característicos al  bagre aterciopelado (Diplomystes cuyanus),a  Silvinichthys mendozensis, los bagres anguila (Trichomycterus riojanum  y T. heterodontun), una especie innominada de éste género y otra de mojarra (Cheridon sp). Son especies endémicas de la zona el pique cuyano (Hatcheria macraei) y la anguila (Synbranchus marmoratus).

Recursos culturales

La zona de las Lagunas de Guanacache estuvo poblada desde tiempos muy remotos. Éstas eran muy extensas y dieron vida a una floreciente comunidad de pescadores que “se fueron con ellas”. Se estima que a principios del Holoceno abarcaron una superficie de 7.200 km2 (Gambier, 1979,1981; citado por Sosa y Vallvé 2002).

Los primeros indicios de la presencia humana en esta área del centro–oeste de la Argentina, según dataciones radiocarbónicas de los utensilios hallados, sería de aproximadamente 8900 a 8300  años a.C. Entre los 800 y 300 años a.C. ya había agricultores en la zona de Calingasta (Caro, 1999).

La influencia incaica sobre los habitantes originarios fue más o menos débil. Muchas poblaciones autóctonas no tuvieron casi contacto con los conquistadores. Los incas aseguraron el control de su extenso imperio mediante un sistema de asentamientos político-militares, articulado por una red de comunicaciones de gran eficacia. Tenían un amplio conjunto de caminos jalonado por tambos y puestos o refugios de pirca que eran   construcciones  de piedra, mientras que la de los pobladores  de Cuyo seguían construyéndose en tapia y quincha.
No obstante, la influencia cultural incaica no tuvo tiempo de ser intensa. Aparece sí una cerámica con derivados locales que adoptaban la forma de aribaloides, platospatos y jarras.
A la llegada de los españoles, los huarpes eran los habitantes de Cuyo, que no tenían nada que ver con los angualastos, que eran de una cultura de tipo andina. Hablaban una antigua lengua común con los dialectos principales que eran el Allentiac, en de San Juan, y Millcayac, más hacia el norte de Mendoza (Caro, 1999). Así los huarpes tuvieron canales de riego y acequias, y según las zonas en que estaban radicados adoptaron diferentes costumbres. Por ejemplo los huarpes de la zona de Guanacache se hicieron pescadores y construyeron canoas, cuya construcción con totoras aún se ve. Los del este vivían en toldos y no en cavidades como el grupo anterior y practicaban más la caza que sus congéneres cercanos. Los del sector oeste eran los más desarrollados dado que construían viviendas de piedra de buena calidad, eran agricultores casi exclusivamente y consumían la algarroba.
La mayor evidencia de la capacidad organizativa que tuvieron los incas que, como ya se anticipara, llegaron hasta estas latitudes que estamos tratando- hasta el centro de Mendoza -, son los santuarios de altura erigidos en las cumbres de numerosas montañas, a veces a más de 6.700 metros de altura (Ceruti, 1999). El fenómeno andino de adoración a las montañas en santuarios construidos en sus cimas es único en el mundo (Ceruti, 1999).

Hay tres  cuevas de mayor tamaño donde se pueden observar numerosos indicios de estas culturas, como pinturas rupestres, morteros agrupados o en piedras individuales, puntas de proyectil, raspadores y otros objetos. En la cueva mayor, arqueólogos de la Universidad de San Juan, extrajeron seis cuerpos momificados y dos esqueletos de la cultura Morrillos. También en las cercanías del arroyo Fiero, existen varias cuevas naturales que fueron utilizadas como graneros por las culturas agricultoras, presentando una de ellas pinturas rupestres.
En la actualidad viven en la región unas 4.000 pobladores, cuyas costumbres y tradiciones se basan en las lagunas, por ello se autodenominan “laguneros” (Sosa y Vallvé, op. cit.).

 Alternativas turísticas

El humedal tratado en estas líneas posee un gran atractivo para los simpatizantes del turismo aventura. La zona es bastante agreste, lo que facilita enormemente practicas como el safari fotográfico y la observación de aves. Es importante el elenco de avifauna como para hacer muy atractivos cualquiera de las dos actividades propuestas. También las caminatas brindan la oportunidad de sentir un contacto muy estrecho con la naturaleza por el paisaje pintoresco con “sabor silvestre” que se percibe a través de los sentidos.  El tacto es incentivado al rozar el viento, el olfato con el aroma de plantas, animales y de la propia tierra, el oído con la infinidad de sonidos provenientes  del canto de aves, insectos, las ráfagas de viento sobre la vegetación y, obviamente, la vista es la más favorecida por la multiplicidad de colores y formas que presenta el paisaje.
Hay un sector que posee quinchos, parillas, despensa y zona de acampe con baños, un salón comunitario, un museo y un albergue municipal.

De todas formas el área del Humedal de Importancia Internacional se extiende a lo largo de más de medio millón de hectáreas, por lo que están incluidas en su ámbito pequeñas localidades que también pueden ofrecer algún tipo de servicio.
No obstante, fuera del espacio de Guanacache, las provincias de Mendoza y San Juan ofrecen posibilidades turísticas como pocas.

Las posibilidades turísticas que ofrece la provincia de Mendoza son excelentes. Comenzando con la visita a su Capital, que fue sede del gobierno de Cuyo y es la ciudad más importante de todo el oeste argentino. Fundada en 1561, esta importante ciudad argentina posee un amplio desarrollo comercial, industrial y cultural.  Es a su vez el centro del turismo al cerro Aconcagua, el más alto del continente americano, que atrae cientos de andinistas de todo el mundo que se inscriben en la larga lista de los que aspiran  llegar a su cima. Con amplias calles arboladas, sus acequias tradicionales, importantes espacios verdes muy bien cuidados como el inmenso Parque General San Martín, conocido más allá de las fronteras de la ciudad, y museos y monumentos históricos debidamente señalados de acuerdo a lo establecido en un convenio nacional para destacar tales lugares mediante la señalización adecuada, detallando tanto sus características arquitectónicas como culturales en tres idiomas: español, inglés y portugués. Posee además  un gran desarrollo edilicio, excelentes restaurantes, shoppings,  galerías comerciales, una importante infraestructura hotelera, cines, teatros,  galerías de arte, discotecas y comercios de artículos regionales.

En el Gran Mendoza, que abarca los departamentos de Godoy Cruz, Guaymallén, Las Heras y las ciudades de Maipú y Luján de Cuyo, se ha establecido una zona industrial separada de las áreas residenciales como lo indican las modernas concepciones urbanísticas. Es una  región vitivinícola por excelencia, cuenta con numerosas bodegas para la producción de vinos  de la más alta calidad que son exportados a todo el mundo y que  pueden ser visitadas por el turista.
De esta manera, Mendoza, posee un abanico de posibilidades para el turista, tanto para la vida urbana como para el turismo ecológico y natural. En tal sentido se puede practicar del esquí en invierno, y el termalismo en cualquier época del año, el andinismo, la pesca deportiva y el turismo aventura en numerosos lugares de la cordillera entre los que se encuentra una vasta red de Áreas Naturales Protegidas como lo son el Parque Provincial Volcán Tupungato, el Parque Provincial Aconcagua, la Reserva Natural Laguna de Llancanelo, Reserva Provincial La Payunia, Reserva Natural Divisadero Largo y Reserva Laguna del Diamante, entre otras.
Las excursiones más demandadas que parten de la ciudad de Mendoza se enumeran a continuación, sin que esta lista pretenda excluir otras posibilidades.

Cómo llegar

Se toma como punto de partida para acceder al área protegida la ciudad de Mendoza. Por tal motivo se indican en primer término  los itinerarios para llegar a la misma desde distintos puntos del país, para luego indicar cómo llegar desde esta ciudad  a la unidad de conservación.

Desde Córdoba se arriba a la ciudad de Mendosa por la Ruta Nacional Nº 20 que luego de la localidad de Luján – San Luis- empalma con la R.N. 146. Por esta última se continúa hasta su intersección con la R.N. 7 en los alrededores de San Luis  capital, y por la mencionada ruta nacional se llega a la ciudad de Mendoza.

Desde Buenos Aires hay dos alternativas: la Ruta Nacional 7 directamente o la 188 – también nacional- hasta San Rafael y desde aquí se toma R.N. 143 que se fusiona con la 40 hasta llegar a la capital provincial.
Desde la capital pampeana, San Rosa, lugar de referencia para los que provienen de las provincias patagónicas, se toma la RN 35 hacia el norte hasta su empalme con la RN 7, muy próximo a la localidad de Vicuña Mackenna. En este sitio habrá que girar a la izquierda (oeste) hasta que la nombrada ruta ingresa a la ciudad de Mendoza.
Desde la ciudad de San Juan nos lleva la RN 40.
Partiendo de San Miguel de Tucumán, de San Fernando del Valle de Catamarca  o desde La Rioja nos conduce la RN 38.
La Mesopotamia está conectada con la ciudad de Córdoba a través de la  RN 19 que se inicia en la ciudad de Santa Fe. Esta última se comunica con la entrerriana Paraná por medio del Túnel Subfluvial Hernandarias. Desde Córdoba ya se señaló el recorrido precedentemente.

Partiendo  de  la  ciudad  de  Mendoza  se  deberá  transitar   hacia  el
noreste por la RN 142 hasta que justo en el límite con San Juan es cruzada por la ruta provincial (de tierra) Nº 51. Esta con rumbo hacia el sur va recorriendo parte de los humedales que son motivo de este trabajo.
Desde la ciudad de San Juan, la RN 20, que parte con rumbo sudeste nos aproxima al Sitio Ramsar. Al llegar aproximadamente a la localidad Punta del Médano estamos en plena zona de Sitio Ramsar, pero  hay muy pocos caminos para recorrer la zona.
De todas formas debe tenerse en cuenta que nos estamos refiriendo a un superficie muy extensa- casi 600.000 hectáreas- por lo que es difícil precisar que caminos recorren mejor la multiplicidad de lagunas y bañados que componen el área.

Problemas de conservación

Transcribimos los conceptos del Licenciado Gustavo Blanc (1), vertidos en la Web www.ecopuerto.com, sobre los problemas serios de conservación que afectan al área que nos ocupa.
 
El sector más amenazado, según el mencionado autor, es el que  delimitan las localidades de San Miguel, Lagunitas y el Retamo en el departamento de Lavalle, Mendoza y La Tranca en el departamento de Ayacucho, San Luis.

Este sector presenta el problema de una erosión retrocedente del Río Desaguadero en sus nacientes, es decir, en el sector aludido, que compromete seriamente el futuro del humedal, ya que éste río “socava” hacia el norte sus propias cabeceras, produciendo lo que técnicamente se conoce como “erosión retrocedente” , con la “captura” o vaciamiento de las lagunas y ciénagas e inclusive, en un futuro cercano, del propio río San Juan, que en el presente muere, en forma de delta, en dicho humedal.

Cabe destacar que este sector está comprendido dentro del Sitio Ramsar Lagunas de Guanacache, excepto los espacios orientales del humedal, que están dentro de la Provincia de San Luis y que en su momento no entraron en el Sitio Ramsar.
 
La causa principal de este fenómeno es el cambio de perfil que sufre el río Desaguadero, probablemente desde su formación. Ocurre que este río tenía numerosos diques naturales de tosca, que interrumpían  el cauce en forma transversal, originando “escalones” de, en promedio 1 o 1,5 m de altura, que le daban al río un lecho mucho más elevado que el que tiene ahora.
Como ejemplo, sirve acotar que la laguna en la cual se decía que nacía el Desaguadero en la primera mitad del siglo XX, la laguna Silverio en las inmediaciones de El Forzudo, hace años que no existe como tal y el lecho del río hoy corre siete metros por debajo del lecho de aquélla laguna, la cual tenía, según Rusconi (1949) “unos cinco metros de profundidad”, por lo tanto, el pelo de agua bajó unos doce metros (mediciones del autor en el año 2000).

Este fenómeno de ruptura de diques de tosca es aparentemente natural. Ya fue descripto por Galileo Vitali en “Hidrología Mendocina” en 1940 ; citado por Rusconi en 1949 y el fenómeno de cambio de perfil y captura, alertado por el hidrogeólogo Eduardo J. Rodríguez en varios trabajos durante las décadas del 1960 y del 1970.

Las consecuencias son preocupantes desde el punto de vista ecológico y humano.
Desde el punto de vista ecológico, porque se está reduciendo en forma alarmante la superficie del humedal, provocando la emigración o extinción local de especias animales, más la reducción drástica de plantas acuáticas e hidrófilas, lo cual ha conducido en esa zona a la formación de extensos eriales o salitrales casi sin vegetación, por el suelo arcilloso o demasiado salino. También por la desaparición de los atributos propios de los humedales, que se exponen más adelante.

Es importante destacar la diversidad de especies que contiene un humedal de agua dulce y salobre como éste, además de ser significativo en diversidad geográfica con respecto al bioma circundante: el monte xerófilo que lo rodea.
En este espacio se pueden observar flamencos, cinco especies de garzas, anátidos (patos), macáes, chorlos migrantes, biguás, gaviotas, teros, etc.
Sería muy extenso enumerar otras especies costeras, así como especies vegetales autóctonas y exóticas, que germinan en este ambiente de incalculable valor ecológico.

Desde el punto de vista humano, habría un notable perjuicio, ya manifestado por los lugareños[3] porque los extensos campos de gramíneas y juncos de este humedal sirven para alimento del ganado. Según datos aportados por los puesteros de la zona, en el Taller de Lagunas de Guanacache de Ramsar en 1999 ; pastan allí más de 5000 ovejas, unas 6000/7000 cabras y  alrededor de 1200 vacas.  La vegetación de la zona contrasta notablemente con el ambiente semidesértico circundante, especialmente en años con prolongadas sequías como éste (2003), sirviendo de sustento a ganado de San Miguel, Lagunitas, El Retamo, La Tranca y por trashumancia a otros de El Forzudo y Encón.
También se realiza agricultura de secano, con el método “lagunero” de aprovechar la humedad de la retirada del agua de una crecida, para cultivar zapallo, melón ,sandía y maíz.
La pesca de carpas y dientudo ha cobrado alguna intensidad, ya que con un tratamiento culinario especial, son platos que de a poco son aceptados por los lugareños.
Nótese aquí la importancia de los humedales para la actividad humana y la necesidad de preservarlos, por los servicios naturales que prestan.

(1) Autor: Gustavo Blanc,  Profesor y Licenciado en Geografía, Maestría en Gestión Ambiental, Univ. Nac. de Cuyo.

Contacto

Se puede obtener información en la página web de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación: www.medioambiente.gov.ar. En esta Dependencia funciona como organismo de aplicación de la  de la Convención Ramsar (tel. 011-4348-8520).

También es un buen lugar para informarse en Buenos Aires, la representación de Wetlands Internacional, institución que se ocupa de los humedales del mundo.  El  teléfono es  011-4312-0932 y el sitio web www.wetlands.org/LatinAmerica/Sp/index.aspx.

Bibliografía

Cabrera, A.L., 1976. Enciclopedia Argentina de Agricultura y Jardinería. Fascículo 1. Regiones Fitogeográficas Argentinas, Acme, Buenos Aires.

Caro, R. P.  1999. (A. Ravina, directora). Argentina Indígena. Noroeste. En: Historia Argentina. Tomo 1. Ed. Página 12 y Departamento de Historia del Colegio Nacional de Buenos Aires

   
Ceruti, M. C.  1999. Cumbres Sagradas del Noroeste Argentino. Avances en arqueología de alta montaña y etnoarqueología de santuarios de altura andinos. EUDEBA, Buenos Aires.

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Investigación y Textos: Gabriel Omar Rodríguez


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