Río Pilcomayo

Parque Nacional - Formosa
 
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Fotografías: Roberto R. Cinti

 


Nombre

Parque Nacional Río Pilcomayo

 

Ubicación

Se encuentra en el nordeste de la provincia de Formosa, entre los 25º 03´de latittud sur y los 58º 08´ de longitud oeste. El límite norte lo constituye el río Pilcomayo y una parte del noroeste el denominado río Pilcomayo Inferior o Sur. La parte que se encuentra recostada sobre el Pilcomayo limita con la República del Paraguay.

Los límites sur y este están constituidos por estancias y chacras de producción agropecuaria. La ciudad más próxima de mayor importancia es Clorinda, que se encuentra aproximadamente a unos 40 km y, a unos 150 km del Parque, se ubica Formosa, la capital provincial. Además, a menos de 20 km se encuentran las localidades de Laguna Blanca, Nai-neck y Palma Sola.

 

Superficie

La superficie total del Parque es de 47.454 hectáreas.

 

Fecha e instrumento legal de creación

El 29 de septiembre de 1951 se sanciona la Ley 14.073, mediante la cual se crea el Parque Nacional Río Pilcomayo (otorgándole 285.000ha.) con la finalidad de proteger pastizales, esteros, cañadas, lagunas y selvas en galería, típicos del Chaco Húmedo u Oriental.

En 1968, por ley 17.917, se excluyeron las zonas que, según expresan los fundamentos de dicha norma, se consideró que no reunían las características necesarias para ser Parque o Reserva, aduciendo que estaban profundamente transformadas por los pobladores que dedicaban la tierra a cultivos, explotación ganadera y hasta formación de núcleos urbanos. Se desafectaron, entonces, aproximadamente 200.000 ha de la parte este y quedaron, en la zona oeste, aproximadamente 50.000 ha. De este modo se perdió la mayor parte de esta gran unidad de conservación, ubicada en una de las  áreas de más alta diversidad biótica del país.

El 24 de abril de 1991 se publica en el Boletín Oficial la Ley Nº 23.919, mediante la cual se ratifica la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas, firmada en la ciudad de Ramsar (Irán) el 2 de febrero de 1971 y luego modificada por el Protocolo de París, firmado el 3 de diciembre de 1982. En virtud de este acuerdo internacional el Parque Nacional Río Pilcomayo fue incluído en la Lista de Humedales de Importancia Internacional.

 

Relieve

La mesopotamia chaqueña delimitada por los ríos Pilcomayo y Bermejo es territorio de la provincia de Formosa, cuyo límite este lo constituye el río Paraguay, del cual aquéllos son tributarios. La llanura formoseña es parte de una gran cuenca de acumulación  -área de forma cóncava donde se depositan materiales orgánicos, inorgánicos o de otros orígenes– en la cual, sobre un basamento cristalino que se encuentra a distintas profundidades, se depositaron sedimentos de diverso origen y edad, sobre todo materiales recientes de origen fluvial y eólico. En este proceso los materiales edáficos se distribuyeron de la siguiente manera: en el este  predominan los limos y arcillas, que son relativamente finos y generadores de suelos de menor permeabilidad, mientras que en el oeste, son más gruesos y permeables. Los movimientos tectónicos que formaron los Andes generaron aquí líneas de falla más o menos paralelas a la del río Paraguay y también se observan escalonamientos (la geología los denomina “umbrales”)  de muy poca altura producidos por otros fenómenos geológicos. En este marco geomorfológico general se sitúa el Parque Nacional Río Pilcomayo, con las particularidades propias del espacio que nos ocupa y que se analizarán seguidamente.

La  leve pendiente general del área va del oeste hacia el este,  declive que lógicamente influye en la orientación de los ríos, cuyos cursos adoptan ese sentido de circulación. En la zona central, aun más plana, los desbordes del río Pilcomayo y las abundantes precipitaciones forman  grandes esteros y bañados que, cuando las lluvias son muy abundantes, se comunican entre sí a través de cursos de agua apenas encauzados. Contribuyen a la formación de estos humedales los albardones que bordean los cursos de agua. Esto hace de la región una enorme planicie salpicada por gran cantidad de esteros y zonas anegadizas.

El área del Parque, según la definen Morello y Adámoli (l968, 1973, 1974), es un enorme relieve fluvial, muy joven, elaborado por un sistema de ríos alóctonos que se ha impuesto sobre un ambiente de llanura muy chata.

El brazo sur del río Pilcomayo inferior, como tantos otros del este de la región chaqueña, construye su cauce por erosión retrocedente y se formó tempranamente. Así, Lange (1906) comprueba  en el terreno el retroceso del  Salto del Palmar y Tapia(1935), casi al mismo tiempo que Groeber (1941) plantea este origen para los ríos y arroyos que vuelcan sus aguas en los ríos Paraguay y Paraná.

La morfología del Parque se debe básicamente al tipo de actividad fluvial, actual o pasada. Hortt (1978) propone tres modelos para sectorizar la llanura chaqueña –comprendida entre el Teuco-Bermejo hacia el norte y el riacho Nogueira hacia el sur- de acuerdo al fenómeno señalado en el párrafo anterior. Las unidades geomorfológicas que considera este autor son tres. En primer lugar, las paleoplanicies fluviales, constituidas por superficies que contienen un curso de agua como principal vía de escurrimiento o por ambientes lénticos como los esteros. De esta división, lo más destacable es que los ríos constituyen por sí mismos el principal agente transformador de la morfología, puesto que la erosión o la deposición que producen genera la formación de meandros, madrejones y albardones, entre otros accidentes geofísicos. En cuanto a las zonas ocupadas por esteros, se señala que, si se divide la superficie del Parque en cuartos, el correspondiente al sector noreste carece de ellos y está cubierto por agua en forma permanente o semipermanente, con vegetación constituida por pajonales y herbáceas hidrófilas enmarcadas por zonas boscosas singularmente desarrolladas en forma más o menos lineal.

La segunda unidad geomorfológica que menciona el citado autor es la de los paleoderrames marginales, que son zonas más elevadas que actúan como divisorias de aguas. En estos paleoderrames se formaron suelos arcillosos con un horizonte superficial blando que es el afectado por los procesos erosivos.

La tercera unidad es la que denomina depresiones interderrames,  que ocupan amplios sectores, aunque las áreas afectadas por la actividad fluvial más o menos reciente son proporcionalmente mayores. De acuerdo al criterio de Hortt (op. cit.), estas depresiones pueden subdividirse en otras unidades menores que no se detallan por exceder el  tenor de este trabajo.

 

Hidrografía

El principal curso de agua del Parque es el río Pilcomayo, que conforma el extremo norte del área protegida. Este río nace a unos 4000 msnm, en el altiplano boliviano, donde las precipitaciones oscilan entre los 500 y los 700 mm anuales. Se alimenta principalmente del derretimiento de nieves y su curso, al llegar al fortín Nuevo Pilcomayo, se abre en varios subcauces y se vuelca, caudaloso, en el estero Patiño.

En el período de bajante, que dura alrededor de nueve meses al año, el río se corta en la región de los esteros, formando un paisaje con extensos bañados y lagunas, generalmente temporarios, porque sus aguas se desplazan  por una pendiente única a través de albardones bajos, evaporándose o infiltrándose al pasar. Así, el río pierde su cauce definido y se mezcla con las aguas del estero Patiño y las del bañado La Estrella.

Luego de este gran estero, cuando las crecientes desbordan el cauce, busca una salida a través del Pilcomayo inferior, del Brazo Norte o del Brazo Sur, del río Confuso Seco, del río Verde y otros, según pueda abrirse camino para su escurrimiento y luego retomar un cauce definido, como el que tiene al pasar por el Parque, hasta su desembocadura en el río Paraguay, al sur de Asunción.                                                                                

En el extremo sur del área protegida se encuentra la laguna Blanca, un cuerpo de agua de gran tamaño que se suma a la gran cantidad de humedales que cubren la superficie de este Parque (esteros Bellavista, Bacalda, Abadié y Poí) Esta circunstancia hace del lugar una zona muy propicia para la vida de gran de cantidad de aves acuáticas y para el asentamiento de aves migratorias que provienen del hemisferio norte, lo cual motivó  que se lo incluyera en la Lista de los Humedales de Importancia Internacional (Convención Ramsar). Existe un pequeño arroyo dentro del Parque denominado Zanjita.

 

Clima

El Parque se sitúa en una zona de clima subtropical templado. Las precipitaciones promedian los 1.200 mm. anuales y la temperatura media anual es de 23 C º. En época estival las temperaturas máximas pueden alcanzan los 40 Cº y los inviernos no están exentos de días con temperaturas bajo cero, con heladas.

La zona está afectada por el anticiclón del Atlántico Sur y por la baja térmica del continente sudamericano, que propician la formación de masas de aire tropical. La combinación de estas masas con las atlánticas polares determina el régimen de lluvias.

En cuanto a las precipitaciones, presentan una merma marcada en la estación invernal y dos picos de aumento, uno en el mes de marzo, más acentuado, y otro suave en el mes de noviembre.

Es importante destacar que el Parque se encuentra dentro del área de producción frecuente de tornados, pero no existe un buen registro de los mismos debido a la escasa población de la zona.

En cuanto al clima provincial en general, se observa que, por su extensión latitudinal,  el extremo noroeste está dentro de la zona tropical, en tanto la mayor parte del territorio se encuentra al sur del Trópico de Capricornio. Esta distancia con el Ecuador explica la inexistencia de marcadas diferencias estacionales en la duración de los días y las noches, que sí se producen en la intensidad de la insolación.

Es importante señalar que, al estar el oeste de la provincia afectado por un clima cálido tropical con estación seca, las lluvias de escaso monto se producen en el período estival, cuando la intensidad de evaporación es mayor a causa de las elevadas temperaturas. Esto produce un balance hídrico marcadamente deficitario, que tiene mucha influencia en el caudal de los ríos, muchos de los cuales llegan a la región oriental.

 

Flora

Desde el punto de vista florístico, el Parque Nacional Río Pilcomayo se ubica en la Eco-Región denominada Chaco Húmedo (PRODIA,1999). Cabrera (1976) denomina a esa misma zona Provincia Chaqueña, integrándola a una división mayor llamada Dominio Chaqueño. Ambas clasificaciones hacen referencia a una enorme llanura de aproximadamente 1.090.000 kilómetros cuadrados denominada Gran Chaco, que abarca parte de los territorios de la Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil. La región se caracteriza, a grandes rasgos, por ser una planicie formada por sedimentos geológicamente jóvenes (del cuaternario) que cubren una capa rocosa que, por el contrario, es muy antigua (era paleozoica). No obstante, se la puede dividir en otras subregiones por variaciones pluviométricas o de relieve. El caso que nos ocupa, como ya se mencionó, es el de la zona húmeda u oriental, cuya principal característica es recibir lluvias que oscilan entre los 900 y 1.200 mm. anuales y estar cubierta por gran cantidad de esteros, lagunas y bañados. La zona del Parque recibe agua de dos sistemas fluviales: el del río Paraguay por el este y el del sistema andino, a través del río Pilcomayo,  por la parte occidental.

Para describir la flora de este Parque debemos, previamente, caracterizar los ambientes más representativos del área. En primer lugar, sobre las márgenes del río Pilcomayo y de sus cauces o madrejones abandonados, muchos de los cuales pueden circunstancialmente volver a tener agua en las crecidas, aparece la selva en galería.

En estas formaciones hay árboles como el laurel (Ocotea syarcolens), el espina de corona (Gleditsia amorphoides), también conocido en lengua guaraní con los nombres de cambá-nambí o ivopé, el higuerón, agarra palo o ibapohí (Ficus luschnathiana) que es un árbol pariente del exótico gomero y muy útil porque muchas aves y murciélagos consumen sus frutos. Otros árboles comunes en estas selvas marginales son el guayaibí o guayaibí blanco (Patagonula americana), el chal-chal (Allophylus edulis), conocido en lengua guaraní como cocú, cuyo fruto es también muy consumido por las aves y especialmente por el zorzal, que por su afición a ellos recibe el nombre de “chalchalero”, el anchico colorado, angico o curupay-rá (que significa “parecido al curupay”), denominado científicamente Piptadenia rigida (algunos autores lo incluyen en el género Parapiptadenia), el ingá o ingá colorado (Inga uruguensis), el timbó colorado (Enterolobium contortisiliquum), el timbó blanco o palo flojo (Cathormion polyanthum) –para algunos autores Arthrosamanea polyantha-, el tarumá o espina de bañado (Citharexylum montevidense) ,muy utilizado como árbol ornamental en plazas, el sauce criollo o colorado ( Salix humboldtiana) y el  ñangapirí (Eugenia uniflora), entre muchos otros.

Como en toda selva, las lianas, enredaderas y epífitas ocupan gran parte de la masa boscosa y cada grupo mencionado está formado por una cantidad muy variada de especies. Las bromeliáceas, una familia cuyo miembro más conocido es el ananá, son abundantes en esta zona, donde aparecen cantidad de especies terrestres conocidas como chaguares, en tanto muchas otras, al ser epífitas, se encuentran en las alturas. Entre los chaguares se destaca, por su colorida flor y relativa abundancia, el ananá del monte (Pseudananas sagenarius), el llamado popularmente chaguar gancho (Bromelia serra) y el caraguatá o chaguar del aire (Aechmea distichantha). Los lugareños dan a estas plantas una gran utilidad, ya que extraen de sus hojas machacadas las fibras con las que fabrican bolsos y canastas. Entre las lianas, una de las más comunes es la barba de viejo (Clematis hilarii) y entre las orquídeas se destaca Brassavola pierrinii.

La segunda unidad ambiental son las isletas de monte, formadas por manchones irregulares de vegetación en los que predominan el quebracho blanco (Aspidosperma quebracho-blanco), el quebracho colorado chaqueño (Schinopsis balansae), el urunday (Astronium balansae), el guayacán (Caesalpinia paraguariensis), que se destaca por su vistoso follaje nuevo de tonalidad rojiza y un nombre guaraní (ivirá-verá –árbol que brilla–) que hace referencia a las manchas blancuzcas y de otras tonalidades que presenta su tronco. En las isletas de monte es común encontrar también ejemplares de algarrobo blanco (Prosopis alba) y algarrobo negro (Prosopis nigra), lapacho amarillo (Tabebuia pulcherrima) y rosado  (Tabebuia heptaphylla), palo  piedra (Diplokeleba floribunda), carandilla (Trithrinax biflabellata), molle (Schinus longifolius), chañar (Geoffroea decorticans), curupí o lecherón (Sapium haematospermun), cardón (Cereus uruguayanus), ibirá-pitá (Peltophorurm dubium) y otras especies de menor porte.

El suelo de este sector está poblado de caraguatáes, como en la selva en galería. Entre las espífitas no faltan los conspicuos claveles del aire (Tillandsia aeranthos, T. bandensis y T. stricta), y plantas trepadoras como la vistosa mburucuyá o pasionaria (Passiflora coerulea)

La tercera unidad florística que se destaca por cubrir la mayor parte del Parque son las sabanas con palmar, donde aparecen dos estratos, uno arbóreo discontinuo, formado por la palmera caranday (Copernicia alba) y otro herbáceo, con espartillares y pajonales densos, generalmente sujetos a inundaciones, con ejemplares aislados de algarrobo negro (Prosopis nigra), tatané (Pithecellobium scalare), aromito, espinillo de bañado o aromo (Acacia caven) que a veces forma pequeños bosquecillos, y lapacho amarillo (Tabebuia caraiba).

En la zona de pajonales encontramos varias especies del género Scirpus, como Schomnoplectus californicus y Scirpus spicatum,  entre muchas otras.

Como se comentó precedentemente, los palmares de caranday ocupan un vasto sector del Parque. Por esta razón, Copernicia alba es, de alguna forma, el emblema de este área protegida. Los lugareños aprovechan bien este legado de la naturaleza: los frutos maduros fermentados se emplean para fabricar una bebida, y el cogollo (fruto), comestible, se consume crudo o asado. Las hojas se usan para confeccionar sombreros y pantallas, en tanto los troncos se han utilizado para postes telefónicos y construcciones rurales. La raíz de la palma blanca o caranday también es empleada en medicina popular como diurético. La Copernicia alba, denominada “queic” en lengua toba, recibe  nombres comunes -e incluso el científico, “alba”- aparentemente contradictorios, dado que también se la denomina palma negra y palma colorada. Esto se debe a que el leño joven de la especie es blanquecino, pero luego, con la edad, se torna rojizo y, más tarde, negruzco. Esta palmera puede superar los 20 metros de altura, aunque su estándar es algo menor.

Los esteros, bañados y lagunas constituyen la cuarta unidad de la clasificación que seguimos para el análisis de la flora de este parque nacional. Los suelos de este sector están permanentemente inundados, por lo cual carecen de estrato arbóreo y su vegetación es hidrófila. Como representantes de la misma cabe mencionar a Thalia geniculata y Thalia multiflora, ambas llamadas popularmente peguajó, Typha latifolia –una de las muchas especies a las que se las llama totoras -, Rhynchospora corymbosa, Ludwigia sp., Begonia cucullata, Gymnocoronis spilanthoides – llamada jazmín de bañado -,  Juncus sp. – varias especies conocidas con los nombres de junco, junquillo o hunco, Senecio sp. –género comúnmente conocido como primavera, margarita de bañado y otros nombres- y, por último, Sagittaria montevidensi, llamada popularmente saeta o flecha de agua.

Entre las plantas flotantes encontramos la amapola de agua (Hydrocleys nymphoides),  el camalote (Eichhornia azurea), el jacinto de agua, aguapé-y o camalote (Eichhornia crassipes), el aguapé (Pontederia lanceolata), la estrella de agua o sanguinaria (Nymphoides indicum), la yerba del bicho, catay o hierba picante (Polygonum punctatum), Limnobium laevigatum; la  falsa verdolaga (Ludwigia peploides) y el helechito de agua (Azolla filiculoides) que, como cubre totalmente las superficies de agua, no permite detectarlas.

 

Fauna

La biodiversidad de la eco-región del Chaco húmedo es realmente cuantiosa. En esto desempeña un papel preponderante la gran variedad de ambientes que la zona ofrece como hábitat para la fauna. Al ser una zona de niveles pluviométricos altos, abundan espejos de agua de distinto tipo. Los esteros son formaciones con agua permanente, cuya altura depende de las lluvias, ocupados parcialmente por vegetación; las cañadas son terrenos bajos y funcionan como vías de escurrimiento; las zonas deprimidas con respecto a las áreas vecinas, que permanecen levemente cubiertas por agua gran parte de año y poseen abundante vegetación hidrófila, se denominan bañados, en tanto las lagunas son cuerpos de agua permanentes y poco profundos, lo que impide la formación de ambientes diferenciados.

Además de estos ambientes, los abundantes ríos y arroyos que en alguna época del año desbordan, crean lo que se denomina interfluvios, o sea, espacios entre dos corrientes de agua que se inundan en las crecidas . También hay terrenos elevados donde se desarrollan distintos tipos de formaciones boscosas o arbustivas. Como se advierte, los nichos ecológicos que ofrece la región son tan diversos que explican la diversidad faunística del área.

Comenzaremos por los vertebrados que tienen una estrecha vinculación con el medio acuático. Aquellos que la tengan circunstancialmente serán incluidos en la segunda parte.

Debemos hacer la salvedad de que las cifras mencionadas en cuanto a la cantidad de especies de cada grupo de vertebrados nunca son totalmente