Delta del Paraná

Reserva de Biosfera- Buenos Aires

 

 

Delta del Paraná
Reserva de Biósfera
Provincia de Buenos Aires

Se trata de una vasta superficie en el extremo sudeste del Delta del Paraná, en el Municipio de San Fernando, que por sus características naturales y sociales mereció la categoría internacional de reserva de la Biosfera que otorga la UNESCO, a través del Programa el Hombre y el Medio Ambiente (MAB). El área está constituida por un gran mosaico de ambientes naturales, diseminados por muchas islas que forman este delta. Hay zonas modificadas por el hombre y paisajes autóctonos, el objetivo de esta área protegida, es hacer compatible la conservación y el uso de los recursos.


Categoría
Reserva de la Biosfera.
En el marco del Programa de la UNESCO sobre el Hombre y la Biosfera (MAB), las reservas de biosfera han sido establecidas para promover y demostrar una relación equilibrada entre los seres humanos y la biosfera. Las reservas de esta categoría son designadas por el Consejo Internacional de Coordinación del Programa MAB a petición del Estado interesado. Las reservas de biosfera, cada una de las cuales está sujeta a la soberanía exclusiva del Estado en la que está situada y por lo tanto sometida únicamente a la legislación nacional, forman una Red Mundial en la cual los Estados participan de manera voluntaria. El artículo 1° de los estatutos del MAB define a estas áreas como: “Las reservas de biosfera son zonas de ecosistemas terrestres o costeros/marinos, o una combinación de los mismos, reconocidas en el plano internacional como tales en el marco del Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MAB) de la UNESCO, de acuerdo con el presente Marco Estatutario”.

En 1968 la UNESCO celebró la primera Conferencia intergubernamental sobre la Conservación y el Uso Racional de los Recursos de la Biosfera, donde surgió el concepto de reservas de la biosfera como elemento clave para lograr aquél propósito. Desde 1971, el Programa sobre el Hombre y la Biosfera fue planteado como una estrecha relación de investigación interdisciplinaria entre las ciencias sociales y naturales, incluyendo a las poblaciones humanas en la participación activa en sus proyectos de preservación de áreas naturales. Más adelante esta orientación se hizo más precisa al incluir el concepto de la conservación como sistema abierto. Por último, en la reunión que se desarrolló en Sevilla, España, en marzo de 1995, se cristalizó el concepto que las reservas de la biosfera aparte de ser un medio para lograr la relación armónica entre del hombre y su entorno, serían instrumento para la investigarán del modo de satisfacer las necesidades básicas de la sociedad en su conjunto.

Para ampliar el concepto de este tipo de áreas protegidas a nivel mundial, se transcribe una parte del texto del documento elaborado por el programa MAB de la UNESCO que se titula “Resolviendo el Rompecabezas: Las Reservas de la Biosfera y el enfoque por ecosistemas”:
“El enfoque de reservas de biosfera vincula la ecología con la economía, la sociología y la política y asegura que las buenas intenciones políticas no conduzcan a resultados poco apropiados. El rendimiento y los logros son evaluados en forma regular y los puntos de vista y deseos de las comunidades locales son considerados como primordiales. De hecho, las reservas de biosfera constituyen un lugar especial para las poblaciones y la naturaleza y son de particular ayuda en la gestión de nuestra biosfera. Las reservas de biosfera son áreas de ecosistemas terrestres y costeros que promueven soluciones para conciliar la conservación de la biodiversidad con su uso sustentable. Sirven de alguna forma como ‘laboratorios vivientes’ para comprobar y demostrar la gestión integrada de tierra, agua y biodiversidad - la personificación del ‘enfoque por ecosistemas’ que desarrolla el Convenio sobre Diversidad Biológica. Como resultado de una importante reunión internacional realizada en Sevilla, España en marzo de 1995, fue elaborada una estrategia para el desarrollo de políticas conducentes a la puesta en marcha, la gestión y la supervisión a largo plazo de la Red Mundial de Reservas de Biosfera, conocida simplemente como la Estrategia de Sevilla.

Ubicación
El área prospectada está en el noreste de la provincia de Buenos Aires, República Argentina, en el extremo sudeste del gran Delta que forma el río Paraná en su desembocadura sobre el Río de la Plata, lo que se conoce como Bajo Delta del Paraná. Está en jurisdicción del Municipio de San Fernando, dentro del sector que se conoce como Gran Buenos Aires, a unos 50 kilómetros del centro de la ciudad de Buenos Aires. El centro geográfico se sitúa en las siguientes coordendas: 34° 15’ S y 58° 58’ W .

Superficie
Posee una superficie de 88.624 ha. En la zona núcleo de 10.594 ha., se resguarda un territorio apto para la conservación de la población silvestre de varias especies de fauna. En este sector se encuentran sitios de particular interés ecológico, tal como los últimos restos del monte blanco y bosques de seibo. En la zona de amortiguación - de 15.473 ha. - se desarrollan actualmente actividades agrícolas ecológicamente sustentables, actividades artesanales y nuevos emprendimientos de ecoturismo. En la zona de transición de 62.557 ha se realiza la actividad agropecuaria típica de la región y forestación. La superficie está en expansión dado que se acumulan sedimentos en forma casi permanente.

Fecha e instrumento legal de creación
El Decreto Municipal Nº 1303/2000, reglamentario de la ordenanaza Nº589/83, establece las Normas sobre Uso del Suelo y Actividades en el Delta de San Fernando, que garantizan el marco legal para sustentar el desarrollo y crecimiento armónico de toda la región de acuerdo a los principios establecidos en el documento surgido de la “Estrategia de Sevilla” de la UNESCO (1995). Asimismo, el Decreto Municipal Nº 1280/2000 estableció la Unidad Formuladora del Proyecto Reserva de Biosfera Delta del Paraná, a cargo de la elaboración de la propuesta de Reserva, la formulación y seguimiento del Plan de Manejo y la consulta a los distintos sectores involucrados. Depende de la Municipalidad de San Fernando, Provincia de Buenos Aires, y fue integrada a la Red Mundial el 10 noviembre de 2000 en la Reunión Anual del Consejo de Coordinación del Programa MAB, realizada en la sede de la UNESCO en París.

Relieve
Desde una mirada geomorfológica, el Delta del Paraná forma parte de la región pampeana, cuya característica principal es presentar una gran llanura constituida por acumulación, predominantemente de sedimentos de origen continental. De origen marino, sólo se presenta una franja costera litoral, con una variedad de ambientes que le otorgan gran riqueza en su biodiversidad.

Tales fisonomías son grandes extensiones de playas que se extienden por cientos de kilómetros, una zona de cangrejales que ocupa un gran sector de la Bahía del Samborombón y la albufera de Mar Chiquita que está rodeada por cordones medanosos y de conchillas. El manto sedimentario, generalmente recubierto por una capa de loess es de espesor variable y se apoya sobre un basamento rígido que yace a diferentes profundidades, ya que se fracturó en bloques de comportamiento diferencial (Chiozza & Figueira, 1982). Esto dio lugar a la formación de la depresión tectónica que originó el Río Salado, conocida como Pampa Deprimida, que cubre un amplio sector del noreste provincial que en la parte oriental, en la desembocadura del mencionado río en la Bahía del Samborombón, donde la ya mencionada línea de dunas y elevaciones de conchillas obran como contenedoras del agua que circula hacia la costa rioplatense y favorecen la formación de lagunas.

Otra región se denomina Pampa Ondulada y se trata de un bloque levantado que se extiende al noreste del Salado cayendo con suave pendiente hasta el borde de la escarpada barranca que enmarca el valle del Paraná. El nombre deriva de una serie de ondulaciones resultantes del modelo impreso por la gran cantidad de ríos y arroyos que excavaron en el pasado amplios valles aterrazados por lo que escurren zigzagueantes y, a causa del movimiento de ascenso de la zona, entallando sus cauces en la terraza baja, sobre la que desbordan en ocasión de lluvias excepcionales (Chiozza & Figueira, 1982).

La zona noroeste de la provincia es una llanura medanosa con gran cantidad de lagunas y bañados que se sitúan en zonas circundadas por médanos y en la parte sur de la Provincia hay dos sistemas serranos, Tandilla y Ventania, y el extremo meridional presenta caracteres patagónicos.

El Delta del Paraná es uno de los mayores del mundo y como tal es producto del acarreo de sedimentos- principalmente limo, arena, arcilla y materia orgánica - del cauce principal, alimentado por importantes afluentes, y por el río Uruguay. Uno de los grandes afluentes aportantes de sedimentos es el río Bermejo - que lleva ese nombre debido al abundante limo que acarrea- y en segundo lugar estaría, por el material de arrastre, el Pilcomayo.

Quiere decir, que la materia sólida que constituye estas islas deltaicas viene, en su mayor parte, de las sierras de Bolivia y de las del noroeste argentino, y de la llanura chaco-pampeana en buena cantidad (Burkart, 1957). Habría tres etapas geológicas que se sucedieron y originaron el actual delta. La primera de ellas –llamada de los bancos marinos- consistió en cinco sucesivas incursiones del Atlántico con avances de estos bancos de arena; luego sobrevino otra etapa – de los bancos fluviales- que fue el arrastre de limo y arcilla, entre otros elementos, por parte del río. La tercera fase tuvo lugar cuando se produjo la vegetación de las aguas dulces y la formación de los albardones (Burkart, 1957), donde la mayoría de las islas adoptan una forma de “plato”, es decir, bordes más elevados- los albardones- que la parte central.

Hidrografía
El Río Paraná integra la gran cuenca del Plata - ocupa el segundo lugar en América del Sur, después de la Amazónica, y el sexto lugar en el mundo- y su subcuenca es la mayor del sistema, con una superficie aproximada de 1.510.000 km2. Asimismo es el curso de mayor longitud con un total de 3740 km, incluyendo el tramo que en Brasil recibe el nombre de Paranaiba.

Se lo divide en distintos tramos para su análisis, de los que sólo nos abocamos al tramo llamado Paraná Inferior o Deltaico, que es que transcurre entre la ciudad de Rosario y su confluencia con el Río Uruguay – unos 298 km-(Iglesias de Cuello, 1982). Lo que se considera delta comienza al sur de la ciudad entrerriana de Diamante. En esta parte el Paraná discurre dividido en varios brazos anastomosados entre sí hasta que se une al río Uruguay. El ancho es variable, presentando 18 kilómetros frente a Baradero y más de 60 entre los ríos Luján y Gutiérrez (Iglesias de Cuello, 1982). Cerca de la última mencionada ciudad el curso se bifurca, llamándose Paraná de las Palmas al oeste y Paraná Guazú hacia el este, entre los que se encuentra el núcleo mayor de islas que forman este gran delta. En ámbito de la provincia de Buenos Aires recibe como afluentes a los ríos Ramallo, El Tala, Arrecifes y el Luján.

Las barrancas del lado derecho – oeste- son mucho más bajas que las del este, las que representan el labio ascendido de la falla (Castellanos, 1975). Algunos autores consideran Delta la parte inferior del curso del Paraná, luego de bifurcarse en los dos grandes brazos precitados, unos kilómetros al oeste de Ibicuy, dado que efectivamente, desde allí se abre el río en forma de abanico o letra delta (Burkart, 1957).

El Paraná de la Palmas continua su recorrido- más o menos en sentido noroeste-sudeste- sin interrupciones hasta desembocar en el río de la Plata, en cambio, el Paraná Guazú, que en un comienzo circula igual que el brazo anterior, desde el momento que toma rumbo hacia el este, salen dos brazos de considerable ancho: el río Barca Grande y el Paraná Miní. El límite sudoeste del delta está formado por el río Luján; hacia el noreste del mismo comienza la intrincada red de río, arroyos, riachos y canales de todo tipo y en el sentido contrario, si bien son zonas bajas, inundables y algunas constituyen islas, esto se manifiesta en mucho menor medida que en el otro sector.

Clima
El territorio de la provincia de Buenos Aires está íntegramente ubicado en la zona de clima Templado. El gran litoral marítimo y rioplatense hace que las aguas ejerzan un efecto moderador sobre las temperaturas en la zona próxima a la costa. También esta proximidad con la basta superficie marina la hace receptora de vientos húmedos locales. No obstante, la principal influencia de las corrientes de aire es la que recibe por parte del anticiclón del Atlántico Sur y su carácter de gran llanura permite también la injerencia de otros vientos como el proveniente del oeste- conocido como pampero- que es fresco y seco y del polar del sector sur. Las temperaturas medias de mes de enero oscilan entre 25º C y 22º C y las de julio entre 10º C y 7º C, con amplitudes térmicas mayores en el sector oeste por su continentalidad (Chiozza & Figueira, 1982). Las lluvias se incrementan gradualmente desde el suroeste, con sólo unos 400 mm anuales, al noreste con más de 900 mm. Este conjunto de factores comentados precedentemente, permiten configurar cuatro tipos de climas Templados: húmedo al noreste, subhúmedo en la parte central, semiárido al suroeste y una cuarta caracterización que influye sobre las inmediaciones del Cabo Corrientes, que es el clima templado con influencia oceánica.

En la región del Delta el clima no difiere mucho de lo antedicho, sólo que la corriente de agua que trae el río Paraná desde el norte produce el efecto de atemperar los registros mínimos, por lo que se crea un microclima algo más cálido y húmedo que en el norte de la provincia. La temperatura media anual es de aproximadamente 17o C. Las precipitaciones se aproximan a los 1.000 mm anuales y se distribuyen regularmente a lo largo de todo el año.

Flora
La gran superficie ocupada por las islas con la multiplicidad de cursos de agua que las circundan, crean un ambiente húmedo y producen un clima algo más templado – a lo que hay que se agrega la riqueza de los suelos - muy favorable para el desarrollo de una lujuriosa vegetación. Un análisis pormenorizado de la misma ocuparía muchas páginas, por lo que se intentará dar un bosquejo de la vegetación deltaica que sea básico, como para que el que quiera profundizar el tema tenga un punto de partida más allá del inicial. La flora del Delta Inferior es incluso más variada que la del Superior porque en este último las crecientes permanecen generalmente períodos largos y esto afecta a la mayoría de las especies. En la parte meridional, donde se ubica la Reserva de la Biosfera prospectada, por el contrario, las crecidas duran menos tiempo y no se produce la saturación de agua.

Nuestro Delta ofrece varias particularidades dignas de mención. Es tal vez el único en el mundo que no desemboca en el mar, sino en otro gran río lo que hace que carezca de aguas salobres y vegetación costera halófila (Burkart, 1957). Pero uno de los factores que más incidencia tiene sobre la variada vegetación es que el río Paraná y muchos de sus afluentes están dentro de zona tropical y arrastra aguas cálidas de estas regiones, además de semillas y partes de plantas, las que han determinado el desarrollo de vegetación exuberante de tipo subtropical hidrófila. Carece de endemismos por ser formaciones, en términos geológicos nuevas, del Cuaternario, período en el que se produjeron las intrusiones marinas que no permitieron ninguna vegetación semejante a la existente en la actualidad (Windhausen, 1931), pero si tiene características propias que motivaron que una de las últimas clasificaciones biogeográficas que se realizaron de la Argentina (Burkart, et al, 1999) le otorgara a la región del Delta junto con las márgenes de los ríos Uruguay y Paraná, una categoría aparte: la Eco-región Delta e Islas del Paraná.

Los albardones, y las partes altas en general, presentan lo que localmente se denomina “monte blanco” – debido al predominante de especies con color claro en su madera- compuestos por especies como el sauce criollo (Salix humboldtiana) y algunos híbridos, laurel de río (Nectandra microcarpa), el canelón (Myrsine parvula), el chal-chal (Allophylus edulis), el horco molle o anachuita (Blepharocalyx salicifolius), el timbó ( Enterolobium contortisiliquum), el mataojo (Pouteria salicifolia), , cuyo nombre alude a la irritabilidad que produce el humo de su madera, y alguna palmera pindó (Syagrus romanzoffiana) que le otorgaron el nombre al gran brazo Paraná de las Palmas (Haene, 2001). Lamentablemente el monte blanco hoy día ha sido bastante reemplazado por vegetación exótica quedando sólo pequeños parches de este bosque nativo.

Otra comunidad leñosa singular es la constituida por asociaciones puras de ceibo (Eritrina crita-galli) en la zona de media loma en las islas recientes. Pese a ser el ceibo un componente común de los bosques fluviales del Río Paraná, la presencia de extensos ceibales sobre una matriz de pajonal es característica de esta zona del Delta y merece un status de protección especial, particularmente si se tiene en cuenta que, según algunos estudios sobre la sucesiones en islas deltaicas (Kandus, 1997), estos ceibales constituirían etapas sucesionales de transición hacia los pajonales puros de cortadera y, por lo tanto, su presencia estaría asociada a la alta heterogeneidad temporal y espacial de estas zonas (Kalesnik & Kandel, 2004). Entre las especies exóticas más invasoras cabe destacar el ligustro (Ligustrum lucidum), la mora (Morus sp.), la acacia negra (Gledtsia tricanthos) y otras especies más; todas provenientes del hemisferio norte y su poder invasor es muy grande dado que cuando se abandona una plantación determinada, las primeras en establecerse suelen ser algunas de las especies mencionadas con lo que queda claro que su proliferación sin control conducirá inexorablemente a la desaparición del paisaje nativo y el consiguiente desequilibrio ecológico que ello ocasiona, incluyendo por sobre todo a la fauna.
El estrato arbustivo del monte blanco presenta varias especies, la mayoría nativas, destacándose por su abundancia el duraznillo negro (Cestrum parqui), la begonia (Begonia cucullata), el granadillo (Solanum bonariense), la Diodia brasiliensis, la cola de caballo (Equisetum giganteum), falso caraguatá o carda (Eryngium pandalifolium), y muchas especies más (Burkart. 1957).

Puede señalarse una formación más o menos extendida y diferenciada: la llamada “pradera de herbáceas altas”, que se establecen en zonas más bajas, por consiguiente húmedas, con gran predominancia de cortadera o paja brava (Scirpus giganteus) y el junco o unco (Schoenoplectus californicus). Acompañan a estas dos especies algunas otras como el cucharero (Echinodorus grandiflorus) de grandes hojas elípticas, la saeta (Sagitaria montevidensis), con hojas sagitadas y vistosas flores blancas, y totoras (Typha latifolia) entre otras menos conspicuas. Los juncales, muy extendidos en las márgenes del Pararná y sus afluentes, contribuyen notablemente a la formación de camalotes y a la deposición de limo que forma nuevas islas. Hay arbustos que pueden crecer en el borde del agua como el sarandí blanco (Ohyllanthus sellowianus), la cruz de malta y otros nombre vernáculos que recibe (Ludwigia elegans), de grandes flores amarillas, y el carrizo (Panicum rivulare).

Luego hay un importante elenco de plantas flotantes como el camalote (Eichhornia azurea), también conocido como aguapé o aguapié, de vistosas flores violáceas y muy conspicuo en charcos, lagunas y arroyos de aguas quietas y en los camalotes del delta y la ribera platense (Lhaitte y Hurrell, 1997); la amapola de aguas (Hydroclerys nymphoides) con flor blanca; otra especie común que también se la llama camalote o aguapé (Eichornia crassipes); el canutillo (Panicum elephantipes); la cucharita de agua (Limnobium spongia); la falsa verdolaga (Ludwigia peploides) y el helechito de agua (Salvinia biloba), entre muchas otras plantas flotantes. En la región del delta y en la Mesopotamia en general se denomina camalote a la planta acuática de la familia de las pontederiáceas, mencionada precedentemente, que prospera en los cursos de agua de América del Sur hasta el Río de la Plata y al conjunto de esa especie que, enredadas con otras plantas de diferentes especies, forman como islas flotantes (Coluccio, 2000).Las plantas tienen un importante rol en la formación de las islas deltaicas. Los juncos constituyen las primeras plantas palustres que colonizan los bancos que forma el río y su aparición disminuye la corriente de agua y ayuda a retener más sedimentos, elevándose el nivel del sustrato (Lahitte & Hurrell, 1997). Cuando hay poca profundidad las especies de agua dan lugar a la formación de pajonales y así se va transformando el ambiente en distintas etapas serales, lo que pone en evidencia que los ecosistemas del delta son bastante dinámicos.

En el “monte blanco”, que bien podríamos también llamar selva paranaense empobrecida, hay también epífitas, enredaderas y lianas. Entre las primeras se nombra las más comunes como el clavel de aire (Tillandsia aëranthos) y la híbrida entre Microgramma squamulosa y Microgramma vaccinifolia, que llaman suelda consuela y es muy abundante en toda el área de influencia del Plata e incluso se la ve en árboles de plazas (Lahitte y Hurrell, 1997). Y del segundo grupo son conspicuas algunas especies del género Ipomoea, conocidas como campanillas, la dama de noche (Clytostoma callistegioides), la isipó (Canavalia bonariensis) con vistosas flores de color rosado-violáceo y la madreselva (Lonicera japonica), oriunda de Japón y china y muy difundida en la Argentina.

Fauna
El Delta del Paraná es considerado desde el punto de vista de su biota, una ingresión subtropical en la zona templada pampeana circundante, a través de los grandes ríos Paraná y Uruguay (Kalesnik y Kandel, 2000).

La existencia de un amplio mosaico de condiciones ambientales diversas y, por lo tanto, de distintos tipos de hábitats, permite una gran riqueza de elementos de fauna, muchos de los cuales se ven favorecidos en forma especial por la gran variedad de combinaciones entre los ambientes acuáticos y los menos inundables, debido al uso diferencial de los mismos en distintas situaciones (Kalesnik & Kandel, 2000). Considerando toda la superficie que realmente es delta, que parte desde algo más al sur de la ciudad entrerriana de Diamante hasta la desembocadura del Paraná en el Río de la Plata, representa aproximadamente sólo un 0, 65 % de la superficie del territorio argentino.

Para dar una idea cabal de la riqueza biológica del área se mencionan algunas cifras (Cinti, 1999), aunque debe tenerse en cuenta que la Reserva de la Biosfera analizada, a su vez, es un pequeño porcentaje del total de la superficie deltaica. En este gran bioma se pueden se pueden observar algo más del 30% de la avifauna citada para la Argentina, casi 60% de sus peces de agua dulce y el 18,6 % de los anfibios. La ictiofauna es muy numerosa por lo que se mencionan sólo a título de ejemplo algunas especies muy renombradas por ser presas preferidas de los pescadores deportivos como el folclórico dorado (Salminus brasiliensis), varias especies conocidas como bogas que pertenecen al género Leporinus, la tararaira ( Hoplias malabaricus), el patí ( Luciopimelodus pati), el pejerrey (Odontesthes bonariensis), el surubí (Pseudoplatystoma coruscans y P. fasciatum) y el armado (Megadaloras laevigatulus) entre los que se encuentran algunos de las especies de mayor tamaño.

Pasando a los anfibios, si bien el número de especies es bastante menor también son muy numerosos como para volcar un listado de todas las que habitan este ambiente. Por este motivo, como en las otras menciones sobre la fauna vertebrada, nos limitaremos a nombrar las especies más conspicuas, emblemáticas o con cierto grado de amenaza. Hay una ranita trepadora Ololygon berthae, que es típica del noreste bonaerense- además del sur de Brasil – y es común verla en los tallos de Scirpus y en invierno se oculta en troncos (Gallardo, 1987). Otra es Hyla sanborni, una ranita muy pequeña que se refugia en las matas de Eryngium y Cyperus; la ranita argentina (Argenteohyla siemersi), cuyo estatus la considera amenazada – En Peligro-, a semejanza del sapito colorado (Melanoprynus stelzneri) que se lo considera Vulnerable. Del numeroso género Leptodactylus al menos cinco especies son residentes en el noreste bonaerense y entre los sapos cabe mencionar al muy común Bufo arenarum, al escuercito Odontophrynus americanus y al sapo Bufo granulosus, con dos subespecies, siendo B. granulosus fernandezae la que habita la zona prospectada.

De la fauna reptiliana se puede hacer referencia a las tortugas acuáticas Hidromedusa tectifera y a Phrynus hilarii, al lagarto overo (Tupinambis teguixin), y, entre los ofidios hay una numerosa cantidad de culebras como la culebra acuática (Helicops leopardinus), muy frecuente cuando hay inundaciones, la llamada también culebra de agua (Liophis miliaris), la culebras ciegas (Leptotyplos albifrons y Typhlops brongersmianus), la falsa yarará u ojo de gato (Thamnodynastes hypoconia)-(Kalesnik & Kandel, 2004)-. También son muy frecuentes en gran parte de la provincia de Buenos Aires y por ende en la Reserva de la Biosfera que prospectamos, la culebra verde y negra (Liophis poecilogyrus), la falsa yarará ñata (Lystrophis dorbignyi), la muchas veces peridoméstica culebra marrón (Clelia rustica)- y ponzoñosa de peligro está la yarará grande o víbora de la cruz (Bothrops alternatus)- (Giambelluca, 2001)-.

La ornitofauna, como se comentara en párrafos precedentes es muy abundante y están representadas un alto porcentaje de las familias. Habría al menos dos especies con estatus comprometido: una es la pajonalera de pico recto (Limnoctites rectirostris)- En Peligro- y el burrito negruzco (Laterralus spilopterus), considerado nacionalmente Vulnerable. La cantidad de aves vinculadas al medio acuático es llamativa y a modo de ejemplo se menciona la presencia de unas 12 especies de patos, 3 macáes, 3 de gallaretas, igual número de las llamadas pollas y 9 de la familia de las garzas, entre muchas otras. La pava de monte común (Penelope obscura) encuentra en la zona casi su distribución más austral.
La mastofauna es igualmente rica, aunque sobre el total general de especies citadas para la Argentina, las presentes en el Delta Inferior representen un porcentaje relativamente bajo, con predominio de especies de origen subtropical, con algunos elementos del espinal y la región pampeana (Chébez y Chiesa, 1983). Pero si recurrimos a las fuentes históricas de distinto tipo, veremos con sorpresa tal vez, que esto no era así hace menos de un centenar de años. Por ejemplo el yaguareté (Pantera onca) era habitante conspicuo de todo el Delta, lo mismo que otros félidos hoy situados mucho más al norte.

No obstante es muy importante para la biodiversidad la existencia de muchas especies que están con cierto grado de amenaza y encuentran en el área un refugio seguro. Es todavía común el coipo (Myocastor coypus), algunas ejemplares relictuales del ciervo de los pantanos (Blastocerus dichotomus), categorizado como En Peligro (SAREM, 2000), la comadreja colorada (Lutreolina crassicaudata), la comadreja común u overa (Didelphys albiventris), el lobito de río (Lontra longicaudis), considerado En Peligro (SAREM, 2000), aunque en el mismo Libro Rojo se expresa que su población se encuentra en expansión numérica y geográfica. Está presente el conspicuo gato montés común (Oncifelis geoffroyi) con rango de Potencialmente Vulnerable, el carpincho (Hydrochaeris hydrochaeris), también Potencialmente Vulnerable - siempre refiriéndonos a nivel nacional -, el hurón menor (Galictis cuja). Entre los micromamíferos se puede nombrar al murciélago leonado (Lasiurus ega), el murciélago pardo chico (Eptesicus diminutus), el pardo grande (Eptesicus brasiliensis), la comadrejita (Marmosa agilis). También se ubican al cuis común (Cavia aperea), al ratón de Azara (Akodon azarae), la rata pampa (Scapteromys tumidus), la rata nutria menor (Holochilus brasiliensis), el hocicudo común (Oxymycterus rufus) y el ratón hocicudo rosado (Bibimys torresi) - (Chébez & Chiesa, 1983)- entre otras especies.

Recursos culturales
Según parece por testimonios arqueológicos, la zona de las islas del Delta Paranaense, estuvieron, comparativamente, más pobladas que muchas zonas circundantes. Muy probablemente la riqueza que les proveía la naturaleza del lugar fue el motivo de esta circunstancia. Al igual que los actuales pobladores, los indígenas se asentaron sobre los albardones y “cerritos”- viejos médanos mas o menos consolidados- donde hallaban refugio contra las crecientes (Orquera, 1976). Hay cierta confusión respecto al nombre de estos indígenas; en realidad cuando hablamos de mbeguáes, de chaná-timbús, de chanás, de chanás-mbeguás, de timbús o corondás no sabemos con certeza si hacemos referencia a tribus numerosas o de parcialidades (Orquera, 1976). Tampoco hay precisión cuando hablamos de su ubicación, dado que sus costumbres nómades hacían que esta situación cambiara a menudo.

Los mejor definidos son los timbúes que se conoce que habitaron desde la actual ciudad de Santa Fe hasta, aproximadamente, la desembocadura del Carcarañá. En la región meridional del Delta, Martín García y un pequeño sector de costa bonaerense hubo un asentamiento guaranítico, y fue el más austral de esta cultura (Serrano, 2000). Las viviendas de los guaraníes eran rectangulares o redondas, hechas de paja y barro y de tamaño grande, de forma que cada una albergaba a un grupo de familias. El hombre andaba enteramente desnudo y la mujer cubría sus órganos con una pampilla de algodón (Serrano, 2000). El idioma guaraní ha sido el legado cultural más enraizado a través de miles de nombres entre la toponimia, los nombres de plantas y animales. Fue la lengua indígena más generalizada en América del Sur y usada por los misioneros para evangelizar, siendo, en la actualidad, una de las lenguas oficiales de la República del Paraguay.

Es importante destacar que los guaraníes practicaron la agricultura, siendo unas 10 especies las cultivadas según un estudio de agricultura prehispánica realizado por el Ingeniero Parodi. Domesticaron algunas especies de patos, gallináceas y criaban en cantidad loros y guacamayos (Serrano, 2000). La cerámica se caracterizaba por poseer finas líneas rojas o negras sobre un fondo blanco y también practicaron la cestería.Alternativas turísticas
Las bellezas naturales del Delta del Paraná atrajeron desde siempre a los que recorrían el lugar. Ya el propio Domingo F. Sarmiento - en 1855- fue uno de los precursores en hacer públicas las bellezas que embriagaban al viajero de ese sinfín de riachos y ríos con frondosa vegetación, al escribir en el diario El Nacional más de un artículo sobre estas “soledades”.

El célebre Marcos Sastre, dedica un libro completo, “El Tempe Argentino”, a realzar y describir pormenorizadamente la naturaleza exuberante del Delta y, más recientemente, el escritor Haroldo Conti describió en su novela “Sudeste” la idiosincrasia del isleño. El cine también se ocupó de dar a conocer la vida y costumbres de los pobladores de estas comarcas en la renombrada película Los Isleños. Y habría varias menciones más por parte de la literatura y el canto que hacen referencia a este paisaje. Ubicado a pocos kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, no pasó mucho tiempo en que una gran cantidad de gente empezara a construir casas de fin de semana, hosterías, llamados localmente “recreos”, y lugares para comer, pescar y tomar sol a la vera de alguno de los cientos de cursos de agua. Catamaranes se encargan de hacer recorridos y funciona un servicio de lanchas colectivas con horarios y recorridos fijos para poder viajar a muchos destinos. Actualmente es excesiva la carga de paseantes que recibe los fines de semana, donde a poca distancia del embarcadero de El Tigre ya no quedan lugares de absoluta tranquilidad.

Desde el punto de vista turístico es un lugar excelente para efectuar un paseo de un día o permanecer más tiempo en algún hospedaje. El que ve por primera vez esta “telaraña” de cursos de agua con semejante vegetación a la vera de los mismos queda muy impresionado y, seguramente, trasmitirá sus impresiones a los demás. Los ríos sobre los que hay más hosterías y restaurantes son el Luján – sobre el que se ubica el embarcadero-, Capitán, Sarmiento, San Antonio y Paraná de las Palmas.

Cómo llegar
Tomando como punto de referencia la ciudad de La Plata, capital provincial se arriba desde las principales ciudades del país por las rutas que se indican a continuación:
1) Desde el sur del país, las capitales de las provincias de Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut y Río Negro la ruta de acceso directo es la RN Nº 3, hasta Cañuelas, donde girando a nuestra derecha- este- tomamos la RP 6 hasta La Plata.
2) Desde Neuquén una de las opciones es circular por la RN 22 hasta bahía Blanca y desde ésta continuar por la RN 3.
3) Desde Mendoza debemos tomar la RN 7 y luego de ingresar a la Capital Federal se circula por la Autopista 6, que se continúa al final de su recorrido con la que va a la ciudad de La Plata.
4) Partiendo de cualquiera de las siguientes ciudades : San Salvador de Jujuy, Salta, San Miguel del Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba, la RN Nº 9 nos conduce en forma directa a la Avenida general Paz, límite de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, la que a su vez tomándola hacia el sur en poco recorrido los carteles no marcan el acceso a la Autopista Urbana 6, que se continúa en la que une Buenos Aires con La Plata, como ya se indicó precedentemente.
5) Desde las provincias litoraleñas- ciudades de Posadas, Resistencia-Corrientes y Paraná la RN 12 arriba en la proximidad de la ciudad de Zárate a la RN Nº 9 y desde ahí se sigue como se indica en el apartado anterior.Partiendo de La Plata, se debe tomar la autopista Buenos Aires- La Plata y, al llegar a la primera de las ciudades, hay que continuar por el ramal Perito Moreno hasta su intersección con la Avda. Gral. Paz. En esta tomamos rumbo “Río de la Plata” hasta la Ruta Panamericana. Por esta debemos seguir camino y desviarnos hacia nuestra derecha en el ramal “Tigre” hasta su cruce con la RP 23. Acá debemos descender y este camino (a la derecha) nos lleva a San Fernando, ciudad cabecera del Partido homónimo sobre cuya jurisdicción se sitúa la Reserva de la Biosfera.

Problemas de conservación
En Delta del Paraná, desde hace varias décadas, es un lugar muy antropizado, mayormente en su extremo próximo a su desembocadura que es justamente el lugar donde el Municipio de San Fernando propuso la creación de esta Reserva de la Biosfera.

La propuesta surgida desde este municipio es tratar de efectuar un uso sustentable de los recursos naturales, pero esto hacerlo totalmente compatible con el usufructo del espacio para distintas actividades humanas. Estas incluyen nuevos asentamientos humanos con pautas de compatibilizar la salvaguarda y el usufructo de los recursos, explotación turística controlada, proyectos educativos de distinta índole y mantener los llamados “neoecosistemas “. Se designa así al ambiente que se estableció y en alguna medida llegó a un punto de equilibrio, luego de las transformaciones efectuadas por el hombre, muy especialmente en lo que respecta a la introducción de especies de flora foránea, para su explotación comercial y consumo. Sobre esto algunos sectores puede tener algún tipo de objeción por cuanto hay especies netamente invasoras que se conoce perfectamente su poder de avanzar sobre la vegetación nativa – monte blanco- ya muy raleado. Otras, en cambio, no ejercen el efecto “invasor”, es decir, su propagación es muy lenta y puede ser controlada.

Por otra parte hay especialistas que hasta mantienen posturas favorables a estos ambientes en el sentido que hay fauna que encuentra refugio en estos espacios transformados y uno de los casos que se cita es el de la pava de monte (Penelope obscura), que se alimenta de dos especies introducidas como el ligustro y la ligustrina. Sobre estos temas se realizan estudios en los que participa el Grupo de Investigación en Ecología de Humedales de la Universidad de Buenos Aires y otras instituciones.

Otro elemento de gran importancia para poner bajo estricto control es el recurso hídrico, dado que en la actualidad de habla de las pocas reservas que del mismo que hay en el mundo.

Investigación y Textos: Gabriel Omar Rodríguez
Fotos: Archivo Patrimonionatural.com

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