Andrés Johnson .... ¡¡¡Presenteee...!!!

Buenos Aires, 20 de abril de 2010

El 4 de marzo de 2009 Andrés inició su último viaje a las inmensidades del infinito. Quienes nos quedamos aquí no sabemos qué rumbo tomó –aunque lo imaginamos–, pero sí sabemos que está en algún lugar de la Patagonia. Las inmensidades que él tanto amó, lo cobijan ahora en su nueva "vida". Las cumbres nevadas de la cordillera austral pareciera que gritan su nombre cuando soplan los vientos fríos del invierno. El cóndor aprovecha las corrientes de aire y nosotros, los simples mortales, imaginamos que Andrés utiliza sus alas para espiarnos desde las alturas.

Hace unos días, en pleno otoño patagónico, un grupo de amigos concretó una idea surgida en los sentimientos de la partida de Andrés, bautizar un cerro patagónico con su nombre: CERRO ANDRES JOHNSON.

Ubicado en las inmediaciones de la Estancia El Cóndor, a orillas del Lago San Martín, este cerro inmortalizará su nombre y seguramente será el punto de encuentro de sus amigos: los de antes, los de ahora y los de siempre. Todos aquellos que conocimos a Andrés llegaremos en algún momento al pie del Cerro Johnson a rendirle homenaje. Desde las altura seguramente nos observará con su enigmática sonrisa y silenciosamente agradecerá nuestra presencia. El raudo vuelo de un sorpresivo cóndor, el canto de una calandria o la brisa helada bajando de las cumbres nevadas será una inequívoca señal de que Andrés está presente.

El gupo de amigos encabezados por Rafa Smart, secundado por Alejandro Caparros, Alvaro Gavina, Federico Reese, Dolores Aftalion, Sergio Viñas, Emiliano Cafferata, Celine Fres, Peta Friedrich y Alejandro Serret emprendieron el ascenso al Johnson. En una mañana fría y burmosa –cuentan ellos– iniciaron el camino al encuentro de Andrés. El objetivo era colocar una placa en la cima a fin de certificar que ese cerro ya tenía nombre: el ANDRES JOHNSON.

Luego de una mañana pesada, mucho esfuerzo, largas caminatas en la nieve profunda y algunas trepadas, alcanzaron la cumbre a las 2 de la tarde. Allí el cielo se despejó, el viento corrió las nubes y el paisaje se abrío en todo su esplendor. Andrés les regaló parte de sus vivencias actuales, de esa Patagonia infinita que sólo él conoce en profundidad. Luego, en el descenso, los acopañó cabalgando sobre las alas majestuosas de los cóndores, compañeros inseparables de aventuras inimaginables. La luna terminó iluminando el camino de regreso de este grupo de amigos que, en representación de todos los que no fuimos, conversaron con Andrés en un lenguaje "natural", como a él le gustaba. Su presencia de denota en las recortadas siluetas de las laderas nevadas.

¡¡¡Gracias Andrés!!!

Michel H. Thibaud

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Adiós a Andrés

Hace un año que estoy dando vuelta con esto. Supongo que se trata de una larga etapa de negación de que un tipo como Andrés pueda haberse muerto. Y eso que la última vez que lo vi fue hace 27 años! Lo cual demuestra la profundidad de la huella dejada por el personaje.

Pero la incitativa de nombrar un cerro el “Andrés Johnson” -excelente y apropiada iniciativa por cierto, así como el de la orquídea- me empujó a escribir estas líneas bosquejadas un sinnúmero de veces antes y nunca terminadas.

Dejé la Argentina en 1990, lo cual explica que no haya tenido ni siquiera la suerte de cruzármelo en el subte, como Michel o en la selva misionera.

Aparte de todos los conocimientos que era capaz de transmitir en cuanto a naturaleza y que muchos han descrito muy bien en esta página web, lo que más me gustaba era su sentido del humor que en inglés se describe como “dry” y que puede traducirse como mordaz o cáustico pero no es sólo eso. Es también el mantener un “straight face” –una cara “seria”- que lo obligaba a uno a reflexionar sobre lo que acababa de escuchar para decidir si Andrés lo había dicho en serio o no.

También recuerdo las invariables angustias previas a los comienzos anuales de las campañas de investigación y protección del macá tobiano. Como fundraiser, tenía que asegurarme que el Unimog, con el cual Andrés y su acompañante o acompañantes del año debían transportarse estuviera disponible. Empezaba a hacer las solicitudes formales a Mercedes Benz con una antelación razonable, pero sistemáticamente nos confirmaban que podíamos disponer de él el día en el cual Andrés había programado salir. Y para colmo nos decían que le estaban dando una “revisadita” para estar seguros que todo estuviera funcionando correctamente. Yo me trepaba por las paredes y Andrés se limitaba a sacudir apesumbradamente la cabeza mientras farfullaba “No puede ser, no puede ser”. Cuando la gente de MB llamaba para finalmente confirmar que ya estaba todo listo –generalmente a eso de las 16:00h.- yo le avisaba a Andrés y le sugería “Andá a buscarlo mañana temprano y salís tranquilo” me miraba con esa cara tan particular que ponía cuando alguien salía con alguna estupidez suprema y me respondía “’Tas loco, vos? Ahora mismo lo voy a buscar, lo llevo a casa, armo mi mochila (que conociendo su ajuar le tomaría más o menos 32 segundos, si estaba distraído) y salgo ya!” como si tuviera miedo de que si no lo iba a buscar en ese momento, se corriera el riesgo de que, durante la noche, alguien de MB cambiara de idea.

Había también un bar restaurante de mala muerte sobre 25 de mayo donde la barra de la FVSA íbamos a veces a almorzar. Las charlas con Andrés contribuían a darle un poco de sabor al menú un tanto desabrido del lugar…

Y me paro aquí. No quiero repetir lo que dijeron aquellos que también lo conocieron y mucho mejor que yo. En todo caso, queda demostrado nuevamente para muchos de nosotros la falsedad del dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”. A pesar de los 27 años transcurridos sin vernos, el saber que ya no está deja un hueco grande. Y una alta dosis de frustración por no haber podido conocerlo mejor.

Melvyn Gattinoni
Desde Francia

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El Gringo, un forjador de voluntades

Con Andrés somos, (va a ser muy difícil que hable del Gringo en pasado), amigos desde las viejas épocas de la FVSA, allá por el año '82, justo cuando se mudó de la sede de la calle Florida a la de L.N. Alem. Ésa era una época de idealismo puro para muchos de nosotros. Todos éramos muy jóvenes y nos iniciábamos en el camino de la conservación de la naturaleza. Al colaborar con la FVSA y la AOP, teníamos la oportunidad de conocer y hasta tratar a quienes en muchos casos eran nuestros ídolos, como por ejemplo Francis en la Fundación o Tito Narosky en la AOP. Esas personas eran como íconos; Francis porque lo veímos en la tele y conocíamos sus fotos de animales y lugares que pensábamos que jamás llegaríamos a ver y Tito porque era el que dedicaba muchas de sus tardes a enseñarnos todo lo que podía sobre nuestras aves y encima era el autor de aquella vieja guía de aves de Buenos Aires en blanco y negro con la cual varios de nosotros empezamos a acercarnos a la naturaleza.

Sin embargo y a pesar de todo el tiempo y esfuerzo que nuestros ídolos nos pudieran dedicar, nunca era suficiente para satisfacer a la "banda" de jóvenes naturalistas, siempre ansiosos por hacer más y saber más. Allí es donde entraron en escena personajes raramente recordados y apreciados en el ambiente de la conservación, ya que siempre mantienen un perfil bajo, pero sin lugar a dudas un compromiso con la naturaleza más que alto. Dos de de ellos se destacaron entre las huestes de la FVSA: Steve Bremer y Andrés Johnson. Dos personalidades distintas, pero claramente comprometidos con los que éramos "nuevos en la conservación". Steve siempre fue el más formal, el que "nos hacía trabajar" (si habremos andado por las escuelas dando charlas con el grupo audiovisuales!) y Andrés, siempre fue el más compinche, el que -cuando no andaba perdido en la meseta del Tobiano- nos acompañaba en nuestras aventuras por el campo y en nuestras charlas filosóficas de café.

Andrés siempre tuvo la habilidad de realcionarse con la gente de igual a igual, adaptándose al nivel de quien fuera, sin sentirse superior ni inferior que nadie. Recuerdo que muchas veces lo escuchábamos hablar con "los capos" de la conservación de modo tal que parecía darles cátedra, para luego de eso juntarse con nosotros y ponerse, sin mediar pausa alguna, al nivel de nuestras conversaciones sin desentonar ni por un segundo y sin intentar "enseñarnos" qué hacer, por donde ir o cómo actuar, sino más bien escuchándonos y dejándonos enseñanzas pequeñas, pero escenciales para nuestra formación como naturalistas. Eso es el Gringo para la conservación, un forjador de voluntades, un puntero que te marca el rumbo a seguir, pero no te fuerza a tomarlo a menos que estés convencido.

El otro aspecto del Gringo es el del amigo. Aquellos que tenemos el privilegio de tenerlo a Andrés como amigo sabemos que es alguien muy especial en cuanto al trato y en cuanto al sentido de la oportunidad. A cada uno de sus amigos nos une un aspecto diferente de nuestras vidas a la persona del Gringo, y acá es donde viene lo interesante: todos sentimos que somos especiales para él, ya que tiene la habilidad de llegar a conocer nuestros "pelos y mañas" de una manera única, y sabe relacionarse con cada persona compartiendo con élla aquellos aspectos que lo unen y dejando de lado aquellos que podrían separarlos. No hay muchas personas con esa habilidad en el mundo.

Yo me mudé a Puerto Madryn en el año '87 y poco tiempo después el Gringo se fue a Misiones, donde pasó varios años de su vida. La distancia y las ocupaciones hicieron que no nos viéramos y no supiéramos demasiado el uno del otro por varios años... de hecho muchas veces yo pensaba: ¿qué será de la vida del Gringo? y entonces le preguntaba a alguno de los que seguían en contacto con él y me contaban de sus andanzas por el monte y de su pasión por las orquídeas.

Por una de esas cosas que tiene la vida, y luego de trabajar en turismo por muchos años, en el año 2001 fundé mi propia empresa de turismo a la naturaleza junto a Miguel Castelino, mi socio y amigo que vive en Iguazú. Miguel y su esposa Karina también son miembros del clan de amigos del Gringo, pero la verdad es que a ninguno se nos ocurrió pensar que el otro podría ser amigo de Andrés y a mi nunca se me ocurrió preguntarles por él, porque de hecho no sabía de su relación. Un día, suena el teléfono de mi casa, y del otro lado me habla un gringo en perfecto inglés británico, diciéndome que me llamaba porque había visto nuestra página web y quería comprarnos un tour para ver aves, ya que "su mami le había dejado una herencia multimillonaria y no sabía que hacer con la plata". Luego de escucharlo por unos momentos, me salió del alma decirle: Gringo delincuente!, casi me hacés entrar! Era como si hubiésemos hablado ayer, y ya habían transcurrido alrededor de 14 años desde la vez anterior que nos vimos. Luego de eso fui a Misiones y lo visité en su reserva, donde me recibió con unos mates. Nuestra conversación comenzó como una continuación de lo último de lo que habíamos hablado la vez anterior que nos vimos... un continuo que, lejos de estar olvidado, seguía allí presente con toda su fuerza e intensidad; ese tipo de conversaciones que arrancan con un "como te iba diciendo", sin importar cuándo te lo iba diciendo; algo totalmente atemporal, informal pero a la vez auténtico. A ninguno le salieron de adentro frases trilladas, como "contame qué es de tu vida" ni nada por el estilo. Ambos sabíamos que el otro estaba bien y que las cosas de base no habían cambiado.

Al poco tiempo de eso, el destino quiso que el Gringo viniera a parar a mis pagos, donde se hizo cargo de la reserva San Pablo de Valdés, su última escala antes de emprender su viaje actual. Allí volvió la cotidianeidad. Nos veíamos seguido, se hizo parte de la familia, mi esposa Nancy lo aceptó como tal y también pudo disfrutar de su amistad. Sobraron las mateadas, las charlas filosóficas, las discusiones sobre como podíamos arreglar el mundo, las cenas precedidas por un "shot" de wisky, el compartir los sueños, en fin, todo eso que siempre estuvo ahí desde el primer día de nuestra amistad.

Soy uno de los afortunados que lo tuvimos a Andrés cerca hasta el momento en que decidió ir a explorar nuevos horizontes. La vida me premió con ese regalo. Todavía me queda en casa un poco de la yerba orgánica que nos trajo la última vez que anduvo por Misiones. A veces, cuando tengo ganas de compartir un rato con el Gringo, me voy a la playa a ver las ballenas y me llevo el mate cargado con esa "yerba mágica" que me hace recordar los buenos ratos compartidos. Seguramente nos volveremos a encontrar y, mate mediante, nuestra conversación comenzará con un "como te iba diciendo"...

Luis Segura

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Con las felicitaciones por tan brillante iniciativa, vayan estas palabras mal hilvanadas pero muy sentidas

Al Gringo y su cerro

Un amigo se muere, cuando todos lo olvidan
cuando el tiempo nos borra, su mirada encendida,
cuando no lo iluminan resplandor de fogones
y las cosas que amaba nos resultan perdidas.

Pero cuando se tiene, convicción y entereza,
su presencia imborrable nos seguirá de cerca,
y cuando se dio todo por amor a la vida
eterno es el recuerdo de aquellos que lo admiran.

Por eso que ahora un cerro nos recuerde su nombre
es un justo homenaje y que nadie se asombre,
un cerro de su amada y fría Santa Cruz
cerquita de los hielos y bajo el cielo azul.

Para que el cóndor vele su sueño solitario
y se convierta en faro de aquellos que lo amaron,
porque seguro el "Gringo " asi lo merecía,
que lo digan las lengas en otoño encendidas.

Para que desde arriba vigile aquel paisaje
pues por algo era el hombre, celoso guardaparque,
y nos obligue a todos a continuar su lucha
contra aquel que destruye lo que la tierra oculta.

Esa tierra que amaste y nos dejaste a cargo
no se olvida del hombre de los silencios largos
y te extraña en su luna, te recuerda en su sol
y en la placa amorosa que un amigo talló.

Subieron unos pocos, pero no estaban solos
centenares de amigos iban codo con codo,
pero sabes amigo, como son estas cosas
evitar pisoteos por una senda angosta.

Como ves no olvidamos tu premisa primera
respetar lo salvaje y que quede cual era,
por eso tu montaña tenía que ser esta
por aislada y agreste, solitaria y entera.

Sabés que andamos tristes y que no te olvidamos
y quedate tranquilo que vivirás por años,
pues el hijo de mi hijo y el que venga después
al ver un cerro Johnson , preguntarán por qué.

Y alguno va a contarles que fue un hombre muy bueno,
que anduvo por las selvas hurgando sus secretos
observando sus flores, reconociendo orquídeas
pero que no olvidaba del sur sus maravillas.

Que lo siguió al tobiano, que lo rastreó al huemul
y en la ria del Coyle se explayó en el azul
y que se fue de pronto a hacer un largo viaje,
un viaje inesperado y se volvió paisaje.

por eso sus amigos le eligieron un cerro
le pusieron su nombre y su eterno recuerdo
lo treparon despacio con un cielo nublado
y bajaron al valle con un cóndor volando.

Y hasta hoy nadie sabe si el que volaba arriba
era un cóndor o el alma de Andrés que los seguía,
y al llegar el momento de ir cerrando este canto
todos juntos sentimos que te extrañamos tanto!

Juan Carlos Chebez

 

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Queridos amigos

En estas pocas líneas deseo compartir con ustedes cómo vivimos nuestro asenso al Johnson. Partimos muy temprano, todavia de noche. El dia pintaba muy feo, nevaba y habia viento. Pero ese era nuestro último dia alli, con lo cual teniamos que hacer el intento de subir.

Cuando amaneció, el tiempo no mejoraba...y nosotros seguiamos a paso firme con el objetivo de subir (para eso estabamos alli, con el objetivo de llevar la placa que con tanto cariño habia preparado Alejandro Caparroz, el “Capa”). Parecia como si Andres desde arriba pensara: “No hagan esto por mi”. Pero seguimos, seguramente con Andres mirandonos de cerca.

Llegamos a la cima a las 2 de la tarde, y recien una vez arriba el día empezó a clarear. Fue como si realmente él nos hubiera premiado por haber persistido. Cuando dejamos la placa ya el sol se asomaba, las nubes se empezaban a ir y pudimos disfrutar de una vista majestuosa.

Mientras descendíamos, el día se iba poniendo cada vez mas lindo. Ya prácticamente abajo nos sobrevolaron dos cóndores, muy de cerca. Y finalmente salio la luna (a la cual no veiamos desde que llegaramos al campamento), que nos iluminó hasta nuestro campamento, al cual llegamos de noche.

No dudo de que Andres estuvo presente, de alguna manera, ese dia junto a nosotros.

Un gran cariño.

Loli Aftalión

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Queridos Amigos y Familiares de Andrés.

Con enorme emoción bautizamos, dias atras en la estancia El Condor, en el lago San Martin, un hermoso cerro con el nombre de Andrés. Van algunas fotos de la ascension que lideró Peta Friedrich (2da ascension argentina al Fitz Roy en el 84) y Sergio Vinas (cumbre al Fitz Roy en el 2009). Salimos del campamento base en las nacientes del rio Grande a las 7 am con un dia muy cerrado y frio (habiamos estado esperando un dia lógico entre fuertes nevadas de dias anteriores).

Cuando al mediodíade ese 20 de abril pusimos la placa recordatoria (que hizo Alejandro Caparros) aparecio el sol y dejo verse una blanca cordillera. Parecia milagroso!.

Poco tiempo despues dos condores volaban por sobre nuestras cabezas. Volvimos felices al campamento base a las 8 y 30 pm luego de caminar poco mas de 13 horas.

Digno homenaje a un recordado Amigo que en el 2002 manejó su saveiro gris desde Misiones hasta el lago San Martin para dejar en la estancia El Condor un fantástico relevamiento de orquideas silvestres. El "Loco yuyero" como lo llamaron los gauchos de la estancia tiene hoy su cerro en esa cordillera patagonica. Cordillera de los Andes que Francisco Moreno mencionó en ocasion del bautismo del lago San Martin como "único pedestal digno de soportar la figura heroica del gran guerrero".

Peta Friedrich antes de encarar este viaje homenaje (de 10 dias entre porteos y espera) dijo: "la ascension al Johnson sera una peregrinacion que mejorará la vida de cada uno de Nosotros y de todas aquellas personas que lo hagan en el futuro. Sin duda asi lo fue!"

Que sigamos recordando y homenajeando a hombres buenos como Andres y que sirva su ejemplo de vida para redoblar el esfuerzo por el Pais que nos necesita.

Un afectuoso abrazo.
Rafa
Rafael Smart
Cielos Patagónicos


PD: en el campamento base nos encontramos Alejandro Caparros, Alvaro Gavina, Federico Reese, Dolores Aftalion, Sergio Vinas, Emiliano Cafferata, Celine Fres, Peta Friedrich y Alejandro Serret. Trajimos como recuerdo algunas piedritas del cerro Johnson para entregar a FVSA y a su Familia que esta semana te acercaré Claudio a la oficina de FVSA.

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Marzo 2010

Andrés Johnson y un año después

Hoy se cumple un año de la partida del querido Gringo. En este año transcurrido muchas personas que lo conocieron y otras que no, entendieron que debían homenajearlo de distintas maneras de modo de perpetuar su nombre y su obra. Así, Natalio Caneva le dedico una orquidea hibrida, resultado del cruzamiento entre C. Fascelis x B. perrinii, que oficialmente desde ahora se llama Bc. S. y N. Andrés Johnson. Dicho cruzamiento fue realizado el día 25 de diciembre de 2003, y por esas cosas de la vida su primera floración se produjo el 04 de marzo de 2009, justo cuando Andrés se nos iba.

Se sumó este cerro (el más alto del horizonte), bautizado en su honor por iniciativa de la gente de Cielos Patagónicos, con Rafael Smart y Alejandro Serret a la cabeza. Está ubicado en el límite oeste de la Estancia El Cóndor (Provincia de Santa Cruz). Hasta ahora no tenía nombre. Próximamente amigos de Cielos Patagónicos lo subirán. La foto -maravillosa- es de Celine Frers y la tomó durante el otoño pasado.

También el encargado del Parque Nacional Monte León, Gpque. Pablo Rosso, quien no conoció personalmente a Andrés pero si su obra, decidió asignar su nombre a una de las cuatro habitaciones de la vivienda para alojar brigadistas e investigadores que posee Monte León. Las otras habitaciones llevan los nombres de Alberto de Agostini, Carlos Ameghino y Carlos J. Gradin. Además la sala de reuniones recuerda a una gran amiga de Andrés, con quien compartió su pasión por las orquídeas, Maevia Correa. Que compañeros que tenes GRINGO!!!, seguramente dirías simplemente… UN LUJO!.

Por último, Carlos Passera destacado periodista y fotógrafo de naturaleza, amigo de Andrés y compañero de sueños, le dedico un capitulo y varios pasajes de su libro DINOSAURIOS y lo imagino haciendo docencia, transmitiendo su experiencia y conocimiento a campo para ver con su ojo agudo lo que otros no ven.

Lic. Germán Palé
Areas Protegidas - Programa Marino
Fundacion Vida Silvestre Argentina

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Marzo 2009

Andrés Johnson
Un amigo que se fue de viaje...

En Patrimonionatural.com hemos destinado este espacio para que quienes han conocido a Andrés cuenten lo que él nos dejó, que fue mucho. Se fue de viaje, sin avisar, caminando, con el viento golpeando su cara, por los interminables caminos de su querida Patagonia. Quienes lo conocimos podemos compartir aquí los momentos que él nos brindó.

Andrés, todavía me acuerdo cuando viniste por primera vez a la Fundación Vida Silvestre Argentina, ya egresado de la Escuela de Guardaparques. Acompañado con Daniel Pepe venían recomendados por Mauricio Rumboll. Así te conocí en esa diminuta oficina de la calle Florida. De inmediato te asignamos al estudio del Macá Tobiano, en la Reserva de los Escarchados, una ignota laguna en la meseta patagónica. Con un Unimog prestado por la empresa Mercedez Benz partiste, a parajes desconocidos.

Me tocó compartir contigo varias campañas en aquellas regiones casi desconocidas para la mayoría de los argentinos en los comienzos de los 80. Dormir en el iglú verde que habíamos instalado en la meseta, los largos viajes en el Unimog por caminos insólitos en busca del Macá, aún esquivo. Fueron varias campañas hasta que nuestros caminos se separaron.

Pero el recuerdo de aquellos días son inolvidables. Siempre tus observaciones tan atinadas. Yo, un hombre de los números, me pasaban los detalles por delante sin darme cuenta. Tu mirada sagaz, tu comentario oportuno y tu ojo rápido fueron herramientas que te permitieron desarrollar las mejores capacidades para el dibujo y la fotografía. Una parte de la Naturaleza Argentina quedará inmortalizada con tus ilustraciones.

Si bien me alejé un tiempo, por cierto bastante largo de las actividades conservacionistas, no por ello dejé de estar al tanto de tu derrotero. No cuento con detalles de tu larga estadía en la Selva Misionera, pero sí recuerdo haberte encontrado a mediados de los 90 en la selva urbana, en el subte. ¡Una insólita y placentera sorpresa!!!

En los pocos minutos que duró el viaje pude apreciar cómo extrañabas tu querida Patagonia. Las grandes inmensidades esteparias que habíamos recorrido juntos. La soledad, el viento frío y seco, la vida diminuta de las orquídeas patagónicas que ya te llamaban la atención. Realmente fue para mí un rejuvenecimiento, un recuerdo de aquellos tiempos increíbles en el Glaciar Perito Moreno, en el Río Las Vueltas al pie del Fitz Roy, en Río Bote y tantos otros parajes al sur de Santa Cruz.

En esos años te tomaste tu tiempo para escribir uno de los mejores libros de orquídeas de misiones, múltiples artículos en revistas y publicaciones científicas, pero sobre todo inmortalizar tu nombre como uno de los más empedernidos conservacionistas de la selva Misionera. Comentarios acerca de tu tarea siempre llegaban demostrando tu incansable entusiasmo. Y lo más grande fue cuando redescubriste al Pato Serrucho en nuestro territorio, al que creíamos ya desaparecido.

La vida continuó para ambos y a vos te llegó la gran noticia: te harías cargo de la Reserva de Vida Silvestre San Pablo Valdés. Más de 7000 ha. que la Fundación había comprado en la Península para conservar un sector de tan valiosa tierra natural. Y en octubre de 2007 tuve oportunidad de pasar un día en aquel espectacular lugar. Apreciar el extraordinario trabajo que habías hecho para poner en valor las instalaciones. Ese reencuentro, aunque corto en tiempo, fue intenso en recuerdos. Sos de esas personas que no se olvidan, que marcan a fuego su presencia.

Sé que nos estás observando. Cuando camine nuevamente en la Patagonia me estarás cuidando desde detrás de un calafate, una mata negra oun coirón. Cuando me vaya seguirás tu tarea personificado en un guanaco, en una mara, un águila mora o en una orca recorriendo las infinitas estepas áridas y solitarias que tanto te atraían.

Los que todavía estamos aquí te saludamos con afecto, con amistad y te pedimos que nos abras la puerta a la infinita naturaleza que ahora encontrarás en los nuevos parajes donde te encuentres ... Sabemos que no te fuiste, sino que has emprendido un viaje seguramente mejor... Algún día nos encontraremos para recordar la primera vez que vimos juntos un Macá Tobiano nidificando en Los Escarchados....

Michel H. Thibaud
Director
Patrimonionatural.com
mht@ecopuerto.com

PD: Andrés, partiste de viaje sin avisar. Yo estaba fuera de la ciudad y no pude ir a despedirte. Ya nos encontraremos nuevamente en algún lugar del infinito.... Un gran abrazo.

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Antecedentes de Andrés Johnson:
(1º de febrero de 1956 - 4 de marzo de 2009)
Guardaparque por profesión, naturalista y conservacionista por vocación y convicción, se incorporó en la filas de la FVSA en 1979. Su bautismo fue con el Proyecto Macá Tobiano que lo mantuvo ocupado durante los siguientes 8 años, recorriendo las mesetas basálticas de la precordillera de Santa Cruz (junto con otros colegas/amigos de trabajo) recabando información sobre el comportamiento de la especie, sus requerimientos ambientales y el estado de conservación de la población. Sus pasos siguientes lo llevaron al otro punto del país (Misiones) donde en un comienzo, lideró los primeros trabajos de control, vigilancia y manejo del Parque Provincial Urugua-í, para seguir con la implementación de la Reserva de Vida Silvestre Urugua-í en coordinación con la oficina regional de la FVSA en Puerto Iguazú. En el interín, inició el entonces Progama Orquídeas de la FVSA, relevando diversas áreas naturales protegidas del NEA, NOA y Patagonia, con el resultado de cuantiosos informes, la mayoría aún inéditos, y la Guía de Orquídeas del Parque Nacional Iguazú. Su trabajo con el Macá Tobiano fue distinguido con una Mención de Honor por parte de la Sociedad Protectora de Animales; obtuvo la “Pirámide de Plata” otorgado por la Asociación de Fotógrafos Argentinos por su trayectoria en Fotografía de Naturaleza Argentina; y de manos de la Administración de Parques Nacionales recibió la distinción “Conservar el Futuro 2002” en el rubro Publicaciones, por el trabajo: Las orquídeas del Parque Nacional Iguazú. Hasta que lo sorprendió inesperadamente su corta enfermedad se desempeñó com Guardaparque Responsable de la Reserva de Vida Silvestre San Pablo Valdés, en la Península de Valdés, Provincia de Chubut. Fuente: www.vidasilvestre.org.ar

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De la familia

Queridos amigos:

Hemos recibido con profunda emoción y agradecimiento todas las cartas, mails, comentarios, fotos y anécdotas que sobre Andrew han ido escribiendo en estos días. Demás está decirles que las leímos con un nudo en la garganta y con lágrimas en los ojos. Lo extrañamos mucho a Andrew y el contacto con todo lo que lo rodeó en su vida nos emociona profundamente.

Queremos compartir con ustedes la visión que tenemos sobre nuestro querido hermano desde la propia familia.

Desde chico Andrew fue un personaje ciertamente singular. En Córdoba, donde pasaba sus vacaciones familiares, demostró sus asombrosas habilidades para encontrar todo lo que hubiera para descubrir en el suelo: puntas de flechas, restos de vasijas, huesos y demás restos de la cultura comechingón. Con sus hermanos mayores salía a hurgar entre los matorrales y no era extraño que apareciera con una culebra (o yarará a veces) entre sus manos a la cual había "olfateado" a cierta distancia.

En su adolescencia en San Isidro era un asiduo concurrente a la ribera del río de la Plata, ya fuera para pescar o bien para rescatar alguna especie, fuera víbora, araña o roedor que hubiese traído la creciente sobre algún camalote. Un día su padre se encontró con una bolsa de plástico repleta de ofidios colgada en la soga de la ropa, la que obligó a Andrew a devolver inmediatamente al río. Poco tiempo después se enteró de que el instituto Malbrán pagaba un muy buen precio por esos bichitos. Allí Andrew perdió la posibilidad de ganarse sus primeros pesos como naturalista.

Luego de sus estudios inconclusos de Veterinaria entró a la escuela de guardaparques donde conoció a Maurice Rumboll quien sería su mentor y maestro. Esa es historia conocida: salida del cuerpo de Guardaparques, entrada a la FVSA, Laguna de los Escarchados, conservación y estudio del macá tobiano. En esa época venía a Buenos Aires a visitarnos con millones de diapositivas que mirábamos en sesiones maratónicas. Las fotos eran maravillosas y sentíamos todos ser parte de esa naturaleza en estado puro que ya era el verdadero hogar de Andrew. Él se había convertido en uno de los mejores fotógrafos de naturaleza del país.

Años más tarde cambió meseta por selva misionera en la reserva Urugua-í. Tuvimos la suerte de pasar una semana con los chicos conviviendo con este noble salvaje en la reserva. Nos preparó toda una semana de actividades: recolección de huellas, pesca, talla de pequeñas maderas, excursiones, balanceo en lianas, asados de noche. Fue una semana maravillosa que todos recordaremos por siempre.

Allí Andrew cambió fotografía por dibujo, se quejaba que sus máquinas fotográficas se estropeaban por la humedad de Misiones. Allí comenzó el proyecto de su fantástico libro de orquídeas ilustrado por él mismo a la manera de los naturalistas ingleses del siglo XIX.

Indefectiblemente Andrew venía al menos dos veces por año a visitarnos, creemos que era su cable a tierra, aunque él no aguantaba mucho tiempo en esta jungla urbana. Usualmente llamaba a su madre diciéndole que, quizás, por ahí existía la posibilidad de que viniera a visitarla y cinco minutos después aparecía en la puerta de su casa de Acassuso. Venía a recolectar nuevos chistes de sus hermanos y cuñados y a contar los suyos. A ver cómo sus sobrinos crecían y a contarles las anécdotas de Gerasím, el puestero patagónico que creía que la manteca atraía extraterrestres y que le proponía "asiento y conversación", frase que quedó como código entre todos nosotros.

Estos últimos años lo entusiasmó su vuelta al Sur, a su Patagonia tan querida, y en San Pablo de Valdés hizo un trabajo magnífico de organización, de obra y de carpintería (otra de sus grandes habilidades)

Se nos fue el 4 de marzo, el mismo día que murió su padre. Creemos que fue su homenaje.

Nuestro querido Andrew fue una persona extraordinariamente honesta y apasionada por las cosas de la naturaleza. Vivió la vida que quiso, en soledad o en eventual compañía de numerosos amigos y en contacto con lo más puro del mundo que nos rodea. Queremos honrarlo y decirle que va a ser un ejemplo para todos nosotros en lo que nos quede de vida.

"UN LUJO" según sus propias palabras.

Sally Johnson y Eduardo Ruiz
eduardoruiz@speedy.com.ar
Fotos: su amigo Manolo

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Acassusso, 11 de setiembre de 2009

Me gustaría compartir mis recuerdos de Andrés Johnson, como sobrina mayor

Mi tío Andrew sólo aparecía para Navidad, vestido de camisa caqui y alpargatas. Se sentaba en algún lugar de la larga mesa de la casa de Acassuso, y a la hora de los regalos sacaba cualquier cantidad de bártulos que había comprado en Ciudad del Este para sus sobrinos. Yo todavía atesoro esos objetos, pero más todavía el asombro que me provocaba ese personaje que vivía en la selva y nos daba el lujo de aparecerse muy de vez en cuando, rodeado de un aura de misterio e historias lejanas. Las anécdotas que guardo de esa época son miles, todas giran en torno a este personaje barbudo que nos visitaba y desaparecía de la ciudad antes de que nos diéramos cuenta.

Fuimos visitar a mi tío a la reserva de Urugua-í en el año 2004. Yo tenía 19 años. Él había planeado todo para nosotros, incluso me encontré con una mesa de dibujo preparada para que yo no tuviera que cortar con la actividad que había elegido para desarrollar profesionalmente: el dibujo. Siendo entonces ya adulta, tuve el placer de poder charlar con él y conocerlo más a fondo. Entendí que, además de ser un paradigma en el conservacionismo, era un gran artesano, dibujante, cocinero (autor del mejor puré de papas del mundo), melómano, apasionado, laburador. Cuando el año pasado comencé a recibir asiduamente e-mails de mi tío bajo el asunto “Big Uncle is Watching You”, descubrí que también era brillante con las palabras.

Dejó de ser el personaje “de cuento” de mi infancia, para ser un ejemplo para mí. En sus últimos días acá en Buenos Aires, a pesar de tener un mal pronóstico, se empeñó en organizarnos para que todo fuera más fácil para la familia. No quería que estuviéramos tristes. Hizo chistes y se rió hasta último momento. Y aún después de haberse ido, nos sigue sorprendiendo a todos. Aparecen personas desconocidas para nosotros que en algún momento de la vida compartieron cosas con Andrew. Nos llegan mails, fotos, cartas, de todos los rincones del país. Mi tío dejó su huella en este planeta de una manera verdadera y honesta, trabajando arduamente en el conservacionismo de la naturaleza. Pero hay algo muy importante que no sé si el imaginó: el impacto que su presencia causó en muchos seres humanos.

Por mi parte, propongo homenajearlo viviendo con pasión, hablando menos y haciendo más, y conectándonos con las cosas verdaderas. Creo que si todos pudiéramos vivir con la misma intensidad con la que vivió mi tío Andrew, el mundo sería un mundo mejor.

Mariana Ruiz Johnson
marianitarj@gmail.com
http://www.marianarj.blogspot.com/

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Buenos Aires, 24 de marzo de 2009

Nuestro queridísimo Gringo 

Su vida apasionada, pero a la vez distante, fue siempre  para nosotros motivo de orgullo, admiración e intriga.

Hay cosas que como familia,  se llevan en la sangre. Se saben, se sienten, se entienden y se aceptan.

Los misterios, sin embargo se van develando con los relatos, fotos y anécdotas de los que, con la misma pasión, entrega y devoción, pudieron compartir esa distancia, disfrutando de su sabiduría e integridad.

Agradecemos, desde lo más profundo de nuestro corazón, todas las palabras que con tanto afecto han escrito  para homenajear a nuestro queridísimo Gringo.

Con cariño,

Frances Johnson y Familia

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Puerto Madryn, 5 de marzo de 2009

Estimados amigos:

... Ayer se me partía el alma, no solamente por lo del Gringo, sino por la lección que nos dejó.

Todos los de "la barra" empezamos al mismo tiempo, esos gloriosos años de principios de los '80, donde todo era nuevo en el campo de la conservación de la naturaleza y todos éramos nuevos en la vida.

Nunca me voy a poder olvidar de aquellos primeros campamentos, de las salidas de campo, de las charlas filosóficas a la salida de la FVSA o de la AOP en algún barcito del centro, del Unimog, de los ideales en común, de nuestro entusiasmo por arreglar el mundo... son tantas cosas!

El Gringo era un factor aglutinante en todo eso. Él, con su caracter más bien parco y con su increíble manera de poner las cosas en blanco y negro, siempre fue el cable a tierra de muchos de nosotros. Aprendimos de él a pelear por lo que es justo sin ofender a nadie, a no perder el norte de la conservación por meternos en vericuetos sin salida que no nos llevan a nada, a disfrutar de un mate, de un wisky, de un asado... a vivir la naturaleza todos los días; a ser conservacionistas y no conversacionistas!

Para Nancy y para mi, el Gringo era una presencia cotidiana en estos últimos años. Aparecía cuando menos te lo esperabas, pero cuando más lo necesitabas. Siempre tenía un tema de conversación que nos hacía olvidar de las tonterías cotidianas y a mi en particular me hacía remontar a aquellos gloriosos días de principios de los '80... al momento en que no había quien nos convenciera de que no íbamos a poder salvar el Mundo!

Me pregunto si no será el momento de empezar a replantearse algunas prioridades. ¿No será tal vez que el árbol nos está tapando el bosque? Cada vez que voy a Buenos Aires me entero que uno de mis amigos del alma está peleado con otro de mis amigos del alma, que además era miembro de la misma barra de amigos del alma que nos juntábamos a arreglar el mundo cuando eramos casi adolecentes y que además, siempre veíamos a otros amigos del alma -como el gringo- como el ejemplo a seguir... ¿no seremos un poco idiotas al tratar de poner nuestras ideas por encima de las de los demás?... ¿no seremos demasiado idiotas al pensar que el único que sabe como arreglar el mundo es uno mismo?

Qué nos pasa? No nos hablamos con nuestros hermanos del alma porque o bien pensamos que total siempre van a estar "ahí" y "uno de estos días lo veo" o bien "éste o aquél no saben nada de nada y el que sé soy yo, así que mejor ni le hablo!"

La lección del Gringo nos enseña que tenemos arraigado en nuestro ADN un bagaje emocional y cultural que no podemos -ni debemos- ignorar. Nunca nos damos cuenta de la riqueza de ese pasado hasta que nos pasan cosas terribles, como la del Gringo. Ahí nos damos cuenta de lo pequeños que pueden llegar a ser nuestros resentimientos personales con aquél amigo o mejor aun "hermano del alma" a quien en general poco valoramos y poco recordamos y honramos.

La lección del Gringo nos enseña lo efímeras que son las cosas cotidianas, y lo grande que es aquello que tenemos en nuestros corazones: lo que aprendimos a amar y defender por el resto de nuestras vidas, y los amigos, hermanos, compañeros de ruta, que se pegaron a nuestros corazones de manera tan permanente, que a veces no nos damos cuenta de que siguen ahí.

La lección del Gringo es que a lo mejor él no se nos fué, sino que está en el corazón y en el alma de cada uno de nosotros y en la Meseta del Tobiano y en la Selva Misionera y el la estepa y el mar de la Península Valdés. De nosotros depende que siga viviendo y de nosotros depende que sus ideales nunca se mueran.

Al Gringo poco le importaba la fama y el "bronce." Él amaba lo que hacía y honraba a sus amigos. Nunca habló mal de nadie, nunca se quejó de nada y siempre le dió para adelante.

No estés triste. Hay un cachito de ese Gringo adentro tuyo, y adentro mío, y en cada orquídea de Misiones y en cada Guanaco de la Patagonia. No se fue, está acá y de nosotros depende que no se muera.

Te mando un abrazo hermano, y prometo no dejar pasar por alto una sola oportunidad de juntarnos nunca más en la vida!

Luis Segura
luis@seebirds.com.ar

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Buenos Aires, 5 de marzo de 2009

El adios de un solitario

Callado como era esperable Andrés Johnson , el "gringo"para los íntimos, se fue de excursión.Probablemente sea un viaje largo y áspero como las mesetas basálticas santacruceñas o por un verde y pintoresco "mallín", nunca se sabe. Como no era de llevar grandes equipajes, que después eran sobrepeso para la marcha, se fue con lo puesto como siempre. Decir que su destino era Santa Cruz, península Valdés o el cielo son detalles. Fuimos todos a despedirlo, unos sonreían, otros lloraban contenidos, porque por el apuro cotidiano y por el modo del hombre que se dejaba abordar mansamente en los fogones o las ruedas de mate pero nunca a los apurones, no llegamos a decírselo. Estaba Mauricio Rumboll maestro de naturalistas y profesor de su colegio en La Cumbre donde confirmó su amor intuitivo por la naturaleza, el mismo Rumboll que luego dirigió la escuela de guardaparques y lo convirtió en un hombre comprometido con la conservación . Estaban incluso compañeros de estudios de esa época como Graham Harris y Alec Earnshaw. Después eran patota los de la FVSA, donde el equipo técnico actual e histórico en pleno no faltó a la cita. No podía ser de otro modo.

A mi me tocó conocerlo en los ´70 alli cuando dejando la APN forzado por una triste circunstancia que no vale la pena recordar y después de un fugaz paso por Iguazú, donde la selva lo marcó y eligió como uno de sus traductores, apareció por la flamante entidad conservacionista con el oso hormiguero como símbolo, como agente de conservación , es decir guardaparque de la FVSA, con Daniel Pepe y Mario Beade (que también dejó sus venados en Lavalle para venir a saludarlo ) y mas tarde Esteban Bremer sin olvidarnos de Marc Dunn que alguna vez fue de la partida. Los mirábamos como nuestros héroes. Nosotros pontificábamos sobre la conservación tratando que se depongan actitudes con conferencias, cursos, en la radio y la tv, pero ellos la hacían realidad en el campo.

Luego fue la etapa de casi 10 años en cada temporada estival de buscar el macá tobiano (Podiceps gallardoi) en las inmensas y casi inaccesibles mesetas santacrueñas a pie o con el Unimog que se consiguió después de una visita espontánea a Escarchados de dos célebres: Juan Manuel Fangio y Bordeu. El asunto fue así: en 1974 Rumboll y un ayudante mirando cauquenes en esa ignota laguna obtienen un macá o zambullidor que termina siendo nuevo para la ciencia y que durante muchos años se creyó exclusivo de ese espejo de agua con una población ínfima. Al crearse en 1977 la FVSA y aqui tiene mucho que ver Francisco Erize se elige esa especie como uno de los 3 proyectos iniciales de la Fundación : Venados en Campos del Tuyú , Pudúes en Isla Victoria y Macá Tobiano en Escarchados.

A este último es asignado Andrés. Si bien se había creado una reserva privada en la laguna y se hizo una pequeña instalación conocida como el "plato volador" y Storer, Nuechterlein, Fjeldsa y Krabbe, todos notables ornitólogos  entre los extranjeros llegan a visitarla. También Straneck, Thibaud y Erize hacen excursiones y efectuan su aporte para el conocimiento del extraño macá que pasó desapercibido hasta que se cruzó con el ojo sagaz de Mauricio. Pero un año el nivel del agua se elevó tanto que los macaes se fueron en busca de otros espejos de agua y asi hasta con helicópteros de gendarmería Andrés asumió la epopeya de recorrer cada verano un ambiente difícil y poco conocido: las mesetas basálticas santacruceñas, las mesetas altas salpicadas de infinidad de lagunas que había que visitar una por una para ver si tenían o no vinagrilla, la planta que le permitía nidificar a la especie y de la que se alimentaba el caracol que consumía. Hoy con google tenemos otras herramientas pero por entonces todo era esfuerzo, sudor y sacrificio. ¡Y como esperábamos su regreso para escuchar su conferencia con los resultados y sus mágicas fotos de tal calidad y detalle que nos transportaban al lugar sin haber estado nunca!.

Muchos lo acompañaron en esas campañas ya míticas y con las disculpas por las omisiones recordamos a Alejandro Serret,Claudio Bertonatti, Javier Beltrán, Esteban y Patricia Bremer , Hernán Casañas y Andrea Pigazzi como algunos de sus acompañantes. Como resultado se supo que la especie estaba mas extendida sin abandonar el oeste santacruceño y que garantizar su conservación implicaba regular el manejo de un amplio territorio todavía agreste. De esos viajes trajo fotos de lagartijas que convencieron al Dr.Jose M. Cei a darle estatus de especies plenas a tres supuestas subespecies de Liolaemus que el halló conviviendo donde  ni el intrépido Cei habia subido. Además detectó expansiones de distribución de muchas aves que publicamos juntos en APRONA.

Luego en su obligado exilio en Bs. As. nos hicimos muy compinches . El vivía en San Isidro y yo en Martínez. Muchas veces almorzábamos juntos.Yo estaba necesitando un cambio de aire y el se asfixiaba en la ciudad haciendo tareas administrativas. A pesar de ello compartimos juntos la elaboración de dos fascículos de la enciclopedia Fauna Argentina, que marcó una época en la divulgación de nuestros bichos. Eran el del venado de las pampas y el de las corzuelas que el tipeaba animado en esas ahora viejas máquinas de escribir eléctricas.Yo ya estaba convencido que la selva nos reclamaba y quiso Dios que Luis Rolón me convocara como asesor en el Ministerio de Ecología de Misiones. Me despedí de Johnson diciéndole dejame que llegue, creamos el parque provincial Urugua-í y te convocamos convenio mediante con la FVSA como primer guardaparque del mismo. Un 15 de diciembre llegué a Posadas, un par de dias después se creó el Parque Provincial Urugua-í y el 6 de enero Johnson como regalo de reyes aterrizó en Misiones para ocupar las viviendas vacías que el parque tenía para los guardaparques.

Junto a ella Andrés empezó a juntar orquídeas caidas y a comenzar otra etapa. Antes hubo fugaces encuentros con la vieja selva que lo había visto partir entristecido hacía tiempo, acompañando safaris y para largarse a camalote por el arroyo Urugua-í acompañado por su amiga soledad. Asi redescubrió a un fantasma alado el pato serrucho (Mergus octosetaceus) que ya se dudaba por entonces (mediados de los ´80) si realmente existía o era un invento de los conservacionistas para evitar una represa y reclamar una reserva. De alli surgieron dos notas que hicimos juntos, una mas técnica en Historia Natural que da cuenta del hallazgo y otra divulgándolo, que Roberto Cinti nos animó a hacer intercalando al diario de viaje del "gringo" con reflexiones mias sobre el peligro de la represa que se venía y la reserva que se imponía. Se llamaba si mal no recuerdo "El llamado del Urugua-í".

Después de un tiempo en el parque, cuando la provincia pudo nombrar otros guardaparques, Andrés consideró cumplida su tarea alli y se alejó a vivir en una casita de Puerto Bemberg en medio de un pinar exótico con una hermosa vista del Paraná y un Orquideario impresionante. Alli no primaban las mismas especies coloridas que nos atosigan con sus formas y tamaños sino lo delicado y frágil.Yo había regresado a Misiones como funcionario de la APN pero por mis ocupaciones nos veiamos poco a pesar de estar al lado. Nos veíamos en los cumpleaños de los guardaparques o en encuentros fugaces o bien cuando íbamos a verlo con algún visitante ilustre como Aldo Chiappe o cuando iba al cementerio de Bemberg a visitar a mi admirado Perfecto Rivas, el famoso baqueano.

Luego nos sorprendió con ese libro de "Las orquídeas del Parque Nacional Iguazú" investigado, escrito, dibujado y fotografiado por él, que le granjeó el respeto y la admiración de los botánicos y la amistad de Maevia Correa nuestra gran experta en orquídeas que no dejaba de visitar cuando andaba por su viejo San Isidro. Descubrió en ese grupo muchas especies para la Argentina e hizo, animado por Claudio Bertonatti, una lista de todas las orquídeas argentinas y los parques nacionales que las amparaban. También con Straneck fue quien confirmó para nuestra fauna el urutaú coludo (Nyctibius aethereus) y fue coautor en la primera y segunda edición de mi libro "Los que se van" de las fichas del macá tobiano y el venado de las pampas. Además con los años le tocó volver a Santa Cruz con su gran amigo Alejandro Serret para develar otro misterio: el paradero invernal del macá tobiano, que ubicaron en las rias australes de la costa santacruceña y donde volvió impactado de la Ria del Coig o del Coyle.

Recuerdo mil anécotas en su compañía, pero no eramos amigos, él me trataba de Mr. Chebez y yo no pasaba del Andrés, lo de "gringo" era para quienes habían compartido con el largos período en el campo que es donde se conoce a la gente. Había una actitud de mutuo respeto y en mi caso de genuina admiración . Cuando lo atropellaba o inundaba con mi verborragia, justificada en lo poco que nos veíamos, una mirada a lo lejos o un movimento de ceja era el modo elegante de marcarme su límite .Por eso recuerdo esas ruedas de fogón con el techo del monte y el Uruzú a un costado y el mate y cigarrillo en mano,  cuando lo escuchábamos atentos reflexionando seriamente y viendo azorado como le creiamos algún bolazo que largaba delatándose  al final como remate por una risa profunda, alta y escalonada que me guardo en los oídos.

Estábamos una vez esperando, en el puente de la ruta 19 y la pasarela, hoy casi inaccesible, sobre el Urugua-í , la llegada de Charlie Luthin de Birdlife y Francisco Erize que venían en canoa a camalote tratando de toparse al pato raro. De eso dependía un fondo para concretar la Reserva Privada Urugua-í. Hacía frio y nos parapetamos frente a una barranquita de piedra cuando con un "cueeec" largo el Mergus paso como un suspiro. Lo habíamos visto juntos. Para mi tuvo un significado muy especial.

No puedo hablar de todo lo que hizo en la Reserva Privada Urugua-í, ni en SanPablo Valdés, porque no me tocó verlo alli pero seguro que fue bueno y prolijo porque asi era el hombre para el trabajo. Dueño de todos los silencios y yo de todas las palabras, el sábado pasado fuimos tus amigos a despedirte. Te ibas callado y ligero de equpaje como siempre. Adonde quiera que estés armate un fogoncito y esperanos con un mate ya que seguro vamos a encontrarte.

Ubicarte sera fácil habrá que seguir una senda agreste con pájaros y orquídeas y habremos llegado...

Juan Carlos Chebez
elnombrador@yahoo.com.ar

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Buenos Aires, 11 de marzo de 2009

Estimados Amigos

Cuesta reponerse de una pérdida tan precoz, y de un ser tan especial como era Andrés, con quién compartí algunos momentos de su rústica existencia, ya en la selva, o en la estepa… No me lo imagino en lugares diferentes. Su figura no me encaja en un living, o en un salón. Pantalón de jean gastado, gastadísimo (solía preguntarle, en broma, si ya le caminaban solos cuando se los sacaba…), camisa de grafa arremangada. El Gringo no reconocía fatiga, ni pereza, para moverse en el terreno. Curtido, como él solo…

Y aunque solitario, los que lo tratamos sabemos que varias facetas asistían su personalidad, y una era la de ser sociable en soledad, y en pequeñas cuotas, de las que muchos llegamos a disfrutar. Otra de sus características podría presentarse como un contrapunto en su personalidad: a la hora de “aplicarse” en su tarea, era puntilloso y perfeccionista, incansable en su solitaria búsqueda de la excelencia. Se concentraba con una orquídea que asomaba en la punta de su lápiz, o delante de su lente, por ejemplo.

De la foto que comparto en este recuerdo, fueron testigos los paredones del río Alerzal, en el recóndito Valle del Esperanza, más cerca de Chile que de cualquier sitio habitado de la Argentina, en el patio de atrás del Parque Nacional Puelo.

Habíamos caminado durante días, habíamos acampado entre los bosques, mateado hasta el cansancio, y comido tortafritas que se nos antojó fritar en una cacerola tan mugrienta como traicionera, que le escupió al Gringo aceite hirviendo en la cara. Yo grité por él claro. Porque, aun con el cuero de sus mejillas en rojo, ni soltó el pucho, ni se le escapó un quejido.

Horas más tarde la mañana nos tenía a orillas del Alerzal, entre las piedras, con toda la ropa de abrigo en las manos, porque el calor apretaba, y los tábanos empezaban a hervir también.

Una dormilona (uno de esos pajaritos que en su vida conocieron a un hombre, tan adentro de la cordillera como estábamos), voló hasta el Gringo. Se le posó en la cabeza, como si fuera un palo. Primero no lo ví, ya que estaba de espaldas.

El Gringo hizo fuerza para que no se le vaya. Revoleó los ojos como llamándome, apretó los dientes, como para no tentarse de usar su voz y espantar a su circunstancial amiga, la dormilona…, y ahí fue cuando lo ví. Intercambiamos una mueca, y solté unos disparos.

Te recuerdo siempre Gringo, quien sabe si no te reencontraste con la dormilona del Alerzal.

Hasta allá vuela mi abrazo emocionado.

Aníbal Parera
afparera@gmail.com

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Sábado, 7 de marzo de 2009

Andrés Johnson
(1º de febrero de 1956 - 4 de marzo de 2009)

De chico tuvo clara vocación. De grande, la canalizó en la Escuela de Guardaparques “Bernabé Méndez” de Parques Nacionales donde egresó. Lo hizo en tiempos donde su director, Mauricio Rumboll, lograba formar guardaparques naturalistas, dignos herederos del Perito Moreno.

Su vida fue la conservación y su familia, la Fundación Vida Silvestre , a la que se integró casi desde sus inicios. Vivió “solo”, pero muy bien acompañado de naturaleza. Durante casi una década, en la selva misionera, donde ayudó a formar a otros guardaparques, estudió orquídeas, rastreó los últimos patos serruchos y dio forma a nuestra reserva “Urugua-í”. Más tarde, en la Patagonia , replicó ese esfuerzo en la reserva “San Pablo de Valdés”, reencontrándose con esta región a la que estuvo unido durante una década de campañas de estudio y conservación del amenazado macá tobiano. Así, encarnó un ejemplo difícil de repetir. No cualquiera sobresale en un campo de la botánica y en otro de la zoología. Van quedando pocos naturalistas íntegros en el más amplio sentido de la palabra. Porque a sus conocimientos, capacidad descriptiva y de observación, talento como ilustrador y genio fotográfico debemos sumar sus valores humanos y la forma con que los manifestaba. Trabajó toda su vida por la conservación, con honestidad, perseverancia, sin quejas (aunque le sobraran motivos), una austeridad franciscana, con pocas palabras y muchas acciones. Tenía la practicidad de un hombre de campo, la sagacidad de un científico de laboratorio, la mesura de un religioso y el silencio de un artista. Por eso, esta es una gran pérdida. No solo para la Fundación, sino para la conservación. No hubo –ni hay- muchos Andrés Johnson.

No sé si el Paraíso existe, pero me gustaría creer que tiene orquídeas y, si así fuera, seguro ya las está describiendo o dibujando, con un mate bien grande y humeante a un costado. Y no descarto que siga madrugando para encontrarse con aves u otros bichos y para aprovechar la luz dorada con que capturaba esas fotos que nos alegran la vida.

Claudio Bertonatti
Director, Revista "Vida Silvestre"
Fundación Vida Silvestre Argentina
bertonatti@vidasilvestre.org.ar

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Buenos Aires, 16 de marzo de 2009

EL MEJOR CUSTODIO DE LA NATURALEZA

Hace un par de semanas, la noticia de que Andrés Johnson sufría una enfermedad terminal me produjo una profunda conmoción. Nunca hubiera contemplado esa posibilidad en la aún joven vida del “hombre de hierro de la naturaleza” –  para mí, en excelente estado físico, fuerte, frugal y con una forma de vida muy sana.

Hoy me encuentro en la incómoda disyuntiva entre  mi fuerte deseo de compartir con su familia y amigos mis sentimientos respecto de Andrés y mi pobre capacidad para abundar sobre sus cualidades, su personalidad y sobre el valor de su contribución a la preservación del patrimonio de los argentinos y del resto del mundo, cuando tantos amigos lo han hecho tan bien, amigos que me superan ampliamente  en expresividad.

Pero quizás sí haya algo que yo pueda aportar a esta recopilación de testimonios personales referidos a Andrés.

El azar hizo que, en 1979, a pesar de mi juventud y limitada experiencia, yo fuera director de la Fundación Vida Silvestre Argentina y a la vez asesor honorario del directorio de la Administración de Parques Nacionales. Me entusiasmaba y me llenaba de optimismo, entonces, ver que su Centro de Instrucción de Guardaparques estaba produciendo excelentes guardaparques, poseedores de sólida base técnica y gran compromiso conservacionista – imbuidos de la mística que les transmitiera Mauricio Rumboll.

Con mi interés particular en el Parque Nacional Iguazú, estaba al tanto de los esfuerzos por su conservación que realizaban dos excepcionales guardaparques – Andrés Johnson y Daniel Pepe – quienes empleaban sus horas de descanso para hacer patrullas nocturnas a fin de combatir el endémico furtivismo que se practicaba a lo largo de la ruta que atraviesa dicho parque, problema que no recibía la debida atención de la conducción de esta área protegida.
Por ello, me horripiló enterarme de que, para liberarse de una situación incómoda que rozaba a estos guardaparques pero era ajena a los mismos, la administración (APN.) había decidido desprenderse de ellos. Concibiendo que la conservación de la naturaleza argentina no podía darse el lujo de desperdiciar dos de sus más prometedores soldados – y, además, para reparar una injusticia – decidí incorporarlos al staff de la joven FVSA.

Siempre pensé que, con las características de la Argentina (en cuanto al escaso cumplimiento de las leyes), la prioridad para la conservación de su biodiversidad debía ser el desarrollo y mantenimiento de un amplio y representativo sistema de áreas naturales protegidas. Y que la condición de “protegidas” dependía fundamentalmente de la calidad, honestidad y dedicación de sus custodios en el terreno, es decir, los guardaparques y sus equivalentes.

Mis vinculaciones con el medio conservacionista internacional, con líderes con profunda dedicación, y  las imágenes de ejemplares defensores de la naturaleza que exhibían las publicaciones especializadas europeas y norteamericanas, me hicieron idealizar un prototipo de guardaparques tan enamorado de la naturaleza – que disfrutara tanto su contacto – tan imbuido de su misión, tan preparado para afrontar la adversidad, que no tuviera inconveniente en soportar penurias y aceptar las privaciones inherentes a la vida en sitios remotos y solitarios.

A pesar de que tal prototipo haya podido adolecer de falta de realismo, pronto habría de descubrir, en la FVSA, que Andrés Johnson era tal tipo de superhombre y más. Cierto es que no tuve la fortuna de compartir con él largos períodos en el “campo”, como lo han hecho muchos de sus amigos que aquí escriben. Apenas algunas travesías en Unimog, un prolongado y memorable vuelo en helicóptero investigando lagunas, la alegría de compartir la visión de un pato serrucho (muy oportuna para decidir al representante de la ONG donante a solventar nuestra futura reserva natural misionera), algunos pernoctes en campamentos en la Laguna Los Escarchados  y en Urugua-í.

Pero fácilmente representaba en mi mente las dificultades y vicisitudes que Andrés superaba en su búsqueda de los macáes tobianos en lagunas casi inaccesibles de las inhóspitas mesetas basálticas del oeste santacruceño – donde hasta caminar es sacrificado. Con prolongados ascensos y travesías a pie de varios días, subsistiendo con lo mínimo, expuesto a vendavales y nevizcas – todo soportado con fuerza de voluntad, estoicismo y resistencia física. Juan Carlos Chebez declara que para él y los otros jóvenes conservacionistas del equipo de la FVSA, en los 80, los agentes de conservación (guardaparques de la FVSA) eran los héroes. Andrés sigue siendo el mío.

Asignado al Urugua-í, Andrés – “single-handed” – convirtió  en realidad la reserva de vida silvestre que Juan Carlos y yo habíamos proyectado y gestionado. Con su abnegada presencia (en condiciones de soledad y rusticidad) y sus patrullajes la instaló en las mentes locales, y con sus propias manos, y tenacidad, edificó las cabañas que constituyen su centro de control – proveyendo alojamiento para guardaparques e investigadores. Infraestructura que pude admirar hace año y medio, pero por desgracia no en su compañía, por cuanto ya había partido a hacerse cargo de su nueva misión en San Pablo de Valdés.

Sus extraordinarias fotografías, sus hallazgos científicos y su formidable libro sobre las orquídeas de Iguazú ejemplifican de la mejor manera posible su pasión por la naturaleza, que es el fuego sagrado que le ha compensado el prescindir de tantas comodidades que interesan al común de los mortales.

Aquel perfil que ingenuamente imaginaba para los custodios de la naturaleza se dio, en grado sumo, en Andrés Johnson, quien quedará establecido como un modelo inspirador, pero difícilmente equiparable, para quienes decidan abrazar la comprensión y la protección de la vida silvestre en el terreno.

Querido Andrés, agradezco a Dios que te haya permitido  dedicarme una última e imborrable mirada poco antes de partir.

Francisco Erize
franciscoerize@hotmail.com

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Buenos Aires, 13 de marzo de 2009

Queridos amigos

Como a tantos otros, la pérdida del “Gringo” significó para mi uno de esos sacudones emocionales perdurables, tanto por su inmensa calidad humana cuanto por sus contribuciones a la preservación del patrimonio natural. Como Presidente de Aves Argentinas/Asociación Ornitológica del Plata escribí de inmediato el obituario oficial que adjunto y será difundido en nuestros boletines y revistas. (Se transcribe a continuación)

De tan querido personaje podría compilarse, sin mayor dificultad, un libro de anécdotas y enseñanzas. Al correr de “la pluma…electrónica”, recuerdo su paciencia en los cangrejales de la Bahía de Samborombón para explicar a mi hijo Ignacio a sus 4 años cómo se podían tomar los emblemáticos crustáceos sin daño para ninguna de las partes involucradas; cómo, en una de las campañas del Macá Tobiano, me llevó a la Meseta del Viento –sobre el Lago Viedma- y mientras yo subía a caballo, él nos sacaba ventaja a pie y cargando una mochila contra el cortante viento patagónico.

Sus breves respuestas socarronas encerraron siempre la duda sobre si fue autor a secas o hubo coautoría en la proliferación de ranas cantoras venidas de la Mesopotamia en las piletas del barrio, vecinas a su casa paterna en San Isidro, pero el brillo de sus ojos acentuaba la sospecha forjada. Fue capaz de desprenderse de gran parte de su equipo fotográfico, que por cierto le hubiese redituado buenos ingresos al añadirle a su enorme calidad para las tomas un espíritu crematístico del que carecía; entonces, con su habitual sencillez me dijo “me quedé sólo con todo lo útil para la macro, porque si no me distraería en el trabajo con las orquídeas”… y concretó ese libro fantástico que también es una muestra de su tolerancia (bien señaló Mauricio Rumboll en el oficio fúnebre que “considerando como lo trató Parques, hacer una magna opus dedicada al Parque Iguazú lo define como era”, agrego yo que además fue el Parque donde trabajó cuando lo echaron).

Mauricio también recordó como compartió durante meses con cuatro arañas bananeras (Phoneutria) el asiento de su retrete en Puerto Bemberg, sus guisos incomparables, su peculiar modo de afrontar sin violencias los encuentros con cazadores furtivos u otros depredadores, las peripecias con el Unimog que muchos sufrimos y un sinfín de episodios que delinean a un ser especialísimo.

No puedo soslayar un dato que lo pinta de cuerpo entero y además articula las “dos vidas” de Andrés, punto que no olvidó Mauricio el sábado; porque casi todos sus amigos de la Naturaleza sabíamos de su numerosa familia y conocíamos el afecto que les prodigaba, pero ambos “bandos” los mantenía separados, creo que no adrede sino por mera gravitación de las circunstancias. Y el sábado, en el Cementerio Británico, muchos nombres pasaron a tener caras, reflejar emociones y aparecer datos que se iban conciliando. Fue así que al serme presentada su hermana Sally con su esposo, les pregunté si eran ellos los que en abril de 1982 (el 17, me precisaron) se habían casado el mismo día que Mauricio y Diane –quien al rato encabezó los cantos que nos conmovieron a todos-; me dijeron que sí y recordamos dos caras de una historia peculiar, porque ese día por la mañana partí hacia Gral. Galarza (Entre Ríos) llevando en mi auto a Andrés y otros pasajeros para asistir a uno de los casamientos más emotivos que he vivido (por los novios, la maraña de asistentes que se dio en un lugar tan afín a la personalidad de ellos e incluso por el momento histórico); luego del almuerzo, las danzas escocesas y la propalación de anécdotas de los casoriados, éstos partieron en sulky hacia el río cercano para seguir la fiesta acompañados por numerosos amigos y discípulos, sobre todo de Mauricio. Eran casi las 17.00 y cargué a mi tripulación para recorrer de urgencia los casi 300 kms. hasta Buenos Aires…. porque esa noche también se casaba mi hermano Marcelo. La ruta estuvo benévola y cuando nos acercábamos a San Isidro le pregunté al “Gringo” adonde debía dejarlo, mientras calculaba los minutos que me quedaban para llegar a Belgrano, cambiarme y regresar también a esa zona; con su natural parco me señaló que lo dejase sobre la Panamericana, que se iba caminando y a tiempo, pese a nuestras miradas algo sorprendidas. Sabía por sus propios comentarios el final del cuento, pero el otro día Sally me lo relató como testigo directa: llegó con sus jeans y camisa “Grafa” así como con sus alpargatas bien baqueteadas; la cara de su padre se puede imaginar, aunque no sabemos bien qué le dijo, máxime porque además ¡era el fotógrafo oficial de la ceremonia y la fiesta!. Era… Andrés Johnson.

Un abrazo, compartiendo el recuerdo de ese amigo inigualable.

Gustavo Costa

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Se nos fue Andrés Johnson

Un parco y extraordinario paladín de la Conservación nos dejó el miércoles 4 de marzo. Andrés “El Gringo” Johnson fue uno de esos personajes que la Naturaleza necesita cada día más: egresó de la Escuela de Guardaparques de la APN y, frustrada absurdamente su carrera en años autoritarios, dedicó los siguientes 30 años a la función de Agente de Conservación de la Fundación Vida Silvestre Argentina, inicialmente en las campañas para estudiar y proteger el recién descubierto Macá Tobiano (Podiceps gallardoi), tanto en la Reserva de “Laguna de Los Escarchados” cuanto en los más recónditos lugares de la estepa sancruceña.

Andrés también hizo contribuciones esenciales en la selva misionera, fuere luchando a favor de la R.Provincial “Urugua-í”, redescubriendo para nuestra fauna el legendario Pato Serrucho (Mergus octosetaceus), relevando las orquídeas de ese ecosistema que plasmó en un libro magnífico (limitado formalmente a las del P.N. Iguazú, pero con un alcance mucho mayor), entre una larga lista de empeños silenciosos.

En sus últimos tiempos había vuelto a la  Patagonia, desempeñándose en la Reserva Privada de Vida Silvestre “San Pablo” en Península Valdés, donde lo sorprendió la insidiosa enfermedad que nos privó de una persona de excepcionales virtudes.

Fue un descollante observador del medio natural, capaz no sólo de registrar especies o datos, sino de interpretarlos agudamente; fotógrafo de calidad superior e ilustrador prolijo de sus objetos de interés, austero en sus comportamientos y dotado de una resistencia que le permitía superar los obstáculos más duros que le opusiera el medio; en suma el paradigma del naturalista de campo, comprometido con su tarea y claro en los objetivos de aquella; nunca se distrajo en vanidades ni persiguió honores que, por cierto, merecía mucho más que algunos figurones.

Su moderación no iba en mengua de un agudo sentido del humor, que se manifestaba en el uso oportuno de la ironía, era un “gringo” que hacía un buen uso del idioma y, además, no toleraba la doblez, al tiempo que su honestidad esencial le permitía soportar estoicamente los avatares de burocracias o dirigencias miopes.

Amigo leal, que cosechó respetos y admiración en generaciones enteras de conservacionistas, puede descansar en paz seguro que habrá muchos dispuestos a levantar las banderas que él honró durante toda su vida. Aves Argentinas/Asociación Ornitológica del Plata le rinde su sentido homenaje y hace llegar a sus seres queridos el sentimiento de su mayor pesar.

Mario Gustavo Costa
Presidente
Aves Argentinas/Asociación Ornitológica del Plata

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Buenos Aires, 21 de marzo 2009

¡Cuántas expresiones de amor y admiración por una persona supuestamente reservada y solitaria! ¡Y qué extraordinario fue – para los que lo conocimos en el mundo “profesional”- descubrir que además tenía (escondida) una familia tan numerosa, alegre,  inteligente, talentosa y amorosa!

Resulta difícil agregar a todo lo que ya se ha escrito sobre él en este sitio. Sin embargo, me gustaría apuntar un rasgo suyo que resultó inmediatamente notable, sobre todo cuando toca supervisar un grupo de trabajo: Andrés era reliable. Forzando una traducción, significa una mezcla de responsable y confiable, aunque ninguna de esas dos palabras llega a transmitir satisfactoriamente el significado del término en inglés. Un término que se corporiza en esos individuos excepcionales que no cuestan trabajo y que por el contrario resultan pilares fundamentales en cualquier emprendimiento, principalmente en un campo como el de la conservación, terreno resbaladizo y aventurado si los hay.  

En ese marco, y mientras se precipitan los acontecimientos, hay momentos en los cuales las decisiones a tomar surgen claras e indiscutibles, como ocurrió cuando Andrés y Alejandro Serret propusieron un viaje a la estepa ¡en invierno! para buscar el paradero invernal del macá tobiano. Más allá de dar algunas vueltas verificando que habían tomado todos los recaudos, y haciéndoles prometer que tendrían la necesaria prudencia y que llevarían suficiente abrigo (ojos hacia el cielo, por parte de Andrés), no cabían dudas al respecto.

Y así fue que encontraron al macá boyando en las aguas de la Ría Coyle. Llamada telefónica de por medio (como decía el Gringo), nos brindaron desde allá uno de esos momentos históricos inolvidables, que aunque en retrospectiva parecen tan fugaces, son los que finalmente dan sentido a tanta dedicación.

Creo que esos momentos se dan por el devenir de muchas cosas, pero en particular por los individuos que las generan. No sólo por su capacidad para vislumbrar por dónde sigue el camino, sino porque su forma de ser (responsable y confiable) es un componente clave que provoca y produce resultados casi garantizados. Verdaderas perlas, entre las cuales sin duda se encuentra Andrés.

Además, era “buena onda” y alegre. Lo voy a extrañar un montón.

Cristina Abaca
mcabaca@attglobal.net

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La Conservación es un asunto de los hombres que dan la vida por ella.

Andrés fue siempre un tipo reservado, discreto, medido; hasta que uno aprendía a interpretarlo, “leerlo”, y entender que bajo esa coraza de protección que él había fabricado a través de muchos años, había un hombre muy sensible, había un compañero de mano abierta, había un amigo que aún no nos deja. Al lado del Gringo yo me sentía segura.

Es una de las pocas, más vale diría que fue el único, que me hacía sentir que con él todo se podía hablar, todo se podía discutir y, por más difícil que fuera la conversación, todo quedaba entre él y yo, nunca lo vi enojado (al menos conmigo). Al Gringo bastaba con mandarle un mensaje pidiendo que cuando “bajara” al pueblo pasara porque necesitaba hablar con él o consultarle algo, y al día siguiente golpeaba mi puerta.  

Andrés hizo muchas cosas en sus vidas, en las dos o tres que vivió, como el lo repetía. Trabajo en la naturaleza, escribió un libro excepcional, nos dejo dos reservas funcionando a la perfección y mucho, mucho más.  Andrés hizo muchas cosas, pero antes que nada, Andres era mi amigo. El Gringo sigue siendo mi amigo … todavía espero que golpee la puerta de mi casa.
En la memoria de Andres Johnson (1956-2009).

Lic. Evelina Cejuela
Coordinadora Programa de Turismo Responsable - Patagonia
Fundación Vida Silvestre Argentina - Puerto Madryn - Chubut

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Standford, California, March 10th, 2009

Estimado Peter:

I just finished reading the homage to your brother in www.patrimonionatural.com. It is beautifully written.

I have taught for extended periods in Southern Patagonia, in the Provinces of Chubut, Santa Cruz and Tierra del Fuego. I have resided in Comodoro Rivadavia (Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco), Caleta Olivia (Universidad Nacional de la Patagonia Austral), Puerto Deseado, Puerto San Juli‡n, R’o Gallegos, R’o Grande and Ushuaia. In Ushuaia I have also taught for extended periods in the Colegio Nacional de Ushuaia, associated with the Colegio Nacional de Buenos Aires, and also to the judges members of the local Supreme Court (Corte Suprema de la Provincia de Tierra del Fuego).

One of the Unidades Académicas of the Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) is in R’o Turbio (Province of Santa Cruz), where there is a school called after my grandfather, Wolf Schcolnik, with his bronze bust in the middle of the main court. I have taught both in the public school and the university unit. Puerto Natales, the Chilean port on the Pacific Ocean, next to Torres del Paine, is 24 kms. from R’o Turbio.

So I really have caught the spirit of the many years of research involved in the life of your brother. I shall always yearn for Southern Patagonia, hoping that it will remain being the paradise that I first knew as an adolescent. I started going to Bariloche in the late 1950s, when there were basically no buildings on the 32 kms. of road between Bariloche and Llao-Llao. I used to go to the dances at the Llao Llao by motorboat from the Rautenstrauch-Hirsch estate on the Lago Moreno. Christi Rautenstrauch and I were fifteen years old. The later transformation of the Llao Llao does not honor its outstanding history, a big mistake made by Christi and his architects.

I must say I comprehend the love your brother had for the region, and I am so sorry for his early demise.

Kindly and Sincerely,

Daniel Schcolnik
daniel@schcolnik.com
MBA Harvard University
BA in International Studies, Johns Hopkins University

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Jueves, 5 de marzo de 2009

Una triste noticia. Realmente fue un grande de la conservacion, una lástima. Recuerdo en 1991 estabamos en el dorado buscando la harpia con Eduardo De Lucca, E. Krauzuk y en el medio de la nada, plena selva, arroyo Piray Mini nos encontramos con Alejandor Serret y Andres, creo que estaban buscando orquídeas y observando fauna en general. Te envio la foto de ese encuentro adjunta al email. Finalmente la pudimos ver, quedamos todos muy contentos. ..

Lo recuerdo como una persona muy macanuda y afable, desde cuando hablé la primera vez con él, allá por la FVSA en LN Alem.
Mis condolencias
Abrazo, Miguel

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Miguel D. Saggese DVM MS PhD
Assistant Professor
msaggese@westernu.edu

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Buenos Aires, jueves 5 de marzo de 2009

Amigos, no puedo decir que haya sido amigo del Gringo Johnson pero lo apreciaba hondamente, lo admiraba como a pocos admiro. Guardo los mejores recuerdos de cada ocasión en que comparti momentos con el, en la vieja FVSA, en Iguazú, en su casita de Puerto Libertad en aquellos d’as de pocos años y muchos sueños...
Lo veía cada tanto y no ten’a conciencia de cuanto lo apreciaba hasta ahora que comprendo que ya no lo veré más.

Creo que en el fondo contaba con que me encontraría con él en algún momento, en el lugar menos pensado, para disfrutar un poquito de su parca amistad.

Gracias Miguel por esa bella foto. Así es como lo recuerdo, callado y haciendo. Se lo va a extrañar, si.

Aldo Chiappe
chiappealdo@yahoo.com.ar

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Buenos Aires, jueves 5 de marzo de 2009

Lamentablemente al gringo no lo conocí mucho, pero lo traté lo suficiente como para darme cuenta que era uno de esos "auténticos" de la conservación y de la vida y ese es su mayor legado, por lo menos para mí. Un abrazo a todos, a los que veo cada tanto, y a los qeu no tanto.

Tomás Waller
twaller@fibertel.com.ar

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Buenos Aires, domingo 8 de marzo de 2008

A Andrés lo conocí muy poco en persona. Solamente nos vimos unas pocas veces en Iguazú, hace ya varios años atrás, en el CIES y otra en Guirá-oga y en ésta última me acuerdo que caminamos por el monte.

Toda pérdida siempre impacta, asi sea por poco que uno conozca a la persona, pero en este caso para mi es especial porque fue justo el mismo día del aniversario número 10 de la partida de mi padre.

Entonces, sin extenderme demasiado quiero decir que, se fue una fuente de inspiración, una persona con quien comparto no solo la pasión por la naturaleza pero sino también la pasión por el campo, me refiero a esa pasión que hace que uno disfrute hasta el infinito el hecho de estar metido en el "fango" la mayor parte del tiempo. Esa pasión que hace que uno obtenga fuerzas no sé de donde pero que ayudan a bancar mosquitos, frio, calor, hambre, sed, entre otras cosas, pero como recompensa siempre aparece algo a la vuelta de un árbol o después de la curva en un arroyo y alegran el día, la semana, el mes o el año.

En pocas palabras te quiero saludar y decirte gracias por haber trasmitido esa pasión que pude compartir leyendo tus trabajos o disfrutando de tus fotos, y que por esas casualidades de la vida a partir de ahora te voy a recordar siempre los 4 de marzo. Te mando un fuerte abrazo. Gracias Andrés!!

Emilio White
emiliowhite@yahoo.com

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Misiones, domingo 8 de marzo de 2009

ACUDO AL PROFETA (Al Coran)

"Viviré más allá de la muerte y cantaré a vuestros oídos, incluso cuando la vasta marejada me devuelva a la inmensa profundidad del mar". "Me sentaré a vuestra mesa, aunque ya no tenga un cuerpo e iré con vosotros al campo, como espíritu invisible. La muerte no cambia nada, sino las máscaras que cubren nuestros rostros". "Me marcho, pero si me marcho con una verdad no pronunciada, esa misma verdad me buscará y me reunirá y otra vez volveré."

Estimados Amigos, Conocidos, Compañeros y Colegas de Andrés.

Su partida es una gran pérdida para todos. Para quienes lo hemos conocido porque sabiamos de su valor como persona, su dedicación y compromiso y para quienes no han tenido el privilegio de conocerlo han perdido sin saberlo, a un profesional entregado de cuerpo y alma a la conservación de la naturaleza. Tenemos que agradecer a la vida, a Dios o quien sea el haberlo conocido, tratado, trabajado y disfrutado de su compañía.

Andrés siempre estará presente; en las bellas orquídeas misioneras, en el frío viento patagónico, en los muchos caminos que el caminó y volverá siempre que lo recordemos...

Un abrazo para todos.
Guardaparque Blacia Silvero (Escuela de Guardaparques de Misiones)
nortezonda@hotmail.com

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Buenos Aires, lunes 9 de marzo de 2009

Conocí a Andrés Johnson en los albores de la Fundación Vida Silvestre Argentina, allá por 1980, cuando de la mano de Roberto Cinti, un querido amigo y maestro, me acerqué a la institución desde mi profesión de periodista de naturaleza. Su parquedad de ninguna manera reflejaba un carácter hosco, sino todo lo contrario: bondad, comprensión, sabiduría y cierta timidez propia de quien sólo habla cuando tiene algo para decir. Lo seguí viendo, aunque esporádicamente, a lo largo de los años, sólo para comprobar que su figura como naturalista y custodio del patrimonio natural había crecido hasta alcanzar el tamaño de un gigante.

No lloro tu muerte, Andrés. Eso sería desconocer el papel que Dios te asignó en este mundo. Por ello, desde el lugar de la FE, rezo para que la Misericordia Divina te destine un sitio a la derecha del Padre, adonde van también los que luchan denodadamente por perpetuar los bienes de la Creación; bienes que El puso a nuestra disposición pero que no nos pertenecen, ya que tienen como dueños a las generaciones futuras.

José Luis Ríos
jlmrios@essentialtravel.tur.ar

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Gringo Johnson

Uno piensa... y no hay palabras que sean suficientes para expresar lo que sentimos con esta partida sin previo aviso. Eso es evidente en este homenaje; les agradezco por ofrecer el espacio.

Soy una mas de las amigas que el Gringo fue haciendo por los recodos de la vida. En mi caso, en su paso por Misiones. Se fue, pero está aqui, en nosotros, en el monte, incluso en las manos! cada vez que veo mis manos en estado lamentable recuerdo que él agarraba las manos de las mujeres y decía: "a ver tu índice de damicez", las miraba y daba un valor, el cual todas
reprobábamos, por supuesto.

Como humilde homenaje va un gran abrazo de despedida, muchas anécdotas guardadas en el corazón y una foto de Placci y el Gringo, tomada en Cruce Caballero.

Geno

Dra. Ma. Genoveva Gatti
Laboratorio de Ecología Funcional
FCEyN - Universidad de Buenos Aires Argentina
genogatti@ege.fcen.uba.ar // genogatti@yahoo.com.ar

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